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Idealistas, evasivos o ansiosos: los errores que queman una relación.

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Nueva colaboración para @smoda de El País.
¿Fracasan nuestras relaciones porque elegimos mal o por qué (inconscientemente) repetimos los mismo errores?
Os dejo en enlace AQUÍ

Evasivos, idealistas o ansiosos: los errores (reincidentes) que más queman a una pareja

El fracasado sentimental no es solo un amante que no sabe cuidar los pequeños detalles. Hay seis conductas que llevan, claramente, a acabar con una relación antes de tiempo.

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Foto: Getty Images

En un porcentaje elevado de casos, cuando alguien conoce a alguien y le gusta –por mucho que su lema sea ‘Vive el presente’–, puede albergar cierta expectativa de que la cosa vaya a más. Y aunque el flechazo pueda surgir con inmediatez gracias a una app de citas, no es tan raro que los saltos de pareja en pareja sin final feliz se sucedan en línea tan matemáticamente como la acción de deslizar el dedo de candidato en candidato. ¿Por qué? ¿Hemos adquirido el don de elegir siempre mal a la otra persona o somos un bucle de errores alérgicos a Cupido?

“El primer paso para encomendar errores es entender por qué suceden y, el segundo, disponer de herramientas e información profesional veraz para solucionarlos”, afirma la psicóloga Judith Viudes

“Todos caemos en fallos comunes –asegura la también psicóloga Yolanda Cuevas. Pongamos ejemplos concretos: intentar cambiar los gustos o aficiones del otro, criticar a su familia, compararlo con un ex, asumir sus responsabilidades…”. Convertimos la vida en común en una especie de manual de la película Cómo perder a un chico –o a una chica- en 10 días. Y olvidamos gestionar lo más importante: el qué define nuestro “apego” hacia la otra persona. Esto es, “traducir lo que esconden las conductas, ver por qué chocan y cómo estas dejan claro lo que necesitan y demandan el uno del otro”. 

Teniendo esta idea en cuenta estas son, según los expertos, las conductas más comunes que pueden llevar a arruinar una relación:

1. El/la evasivo/a
Según Yolanda Cuevas, uno de los perfiles de apego que crea más problemas es el que se muestra demasiado evasivo, tendiendo a “no crear lazos íntimos y cambiar de pareja con frecuencia”. De esta forma, habrá quien realmente tenga claro que no quiere comprometerse y quien no sepa cómo hacerlo, aunque le gustaría. Las necesidades de intimidad y vínculo varían de unos a otros. Una persona evasiva es aquella que “valora mucho su independencia, emplea técnicas de distancia emocional y suele desconfiar de que sus parejas se aprovechen de ella”. Yolanda Cuevas afirma que en estas personas se repiten patrones comunes: “En las discusiones se alejan o explotan, no muestran claramente sus intenciones y les cuesta hablar de lo que hay entre la pareja, tanto a su pareja,como a los demás”.

2. El/la idealista
El problema de un fracasado sentimental no es que evite comprometerse, tanto como que tiende a hacerse expectativas poco realistas, afirma Judith Viudes. Simplificando, no son capaces de ser felices si la vida real no se parece a un cuento. “Por ejemplo, muchas parejas llegan con la idea preconcebida de la ‘media naranja’, vienen con unas carencias propias que han ido desarrollando por la educación recibida a lo largo de su vida y esperan que la otra persona las cubra”, cosa que nunca genera una relación sana. Además, cuando se espera que todo suceda por arte de magia, no se suele aplicar la idea que de las relaciones hay que currárselas. Según Viudes: “Estas distorsiones cognitivas crean infinidad de dilemas repetitivos: problemas de convivencia, reproches, celos, altas expectativas, dependencia emocional, idealización, problemas sexuales, etc. Y además, todo ello suele ir ligado a problemas con la propia autoestima”.

3. El/la ansioso/a
Si el perfil del ‘evitador’ es el que no se compromete demasiado, el otro extremo, es el perfil ‘ansioso’ que, de hecho, choca especialmente con el primero. Como expone Cuevas: “Los ansiosos buscan mucha intimidad, temen al rechazo y expresan inseguridad”. Esto lleva a que “se sientan infelices y desgraciados cuando no tienen pareja”. La psicóloga añade que las personas con este tipo de apego caen en errores como “realizar conductas desproporcionadas para llamar la atención, tomarse las reacciones como algo personal, preocuparse en exceso del futuro en pareja o temer constantemente que se produzca una infidelidad”.

4. El/la poco comunicativo/a
Es uno de los principales errores en pareja. Pero es que hay personas a las que,de hecho, les cuesta más comunicarse que a otras. Para Judith Viudes “no sólo se trata de hablar, sino de hablar para transmitir de forma correcta, empática y asertiva, un mensaje. Si la comunicación falla, surgirán problemas en todos los ámbitos en los que existan disonancias”. Sin ir más lejos, en el sexo, donde según Viudes suele haber dificultades “para expresar qué gusta y cómo. Esta problemática suele desencadenar en problemas de inapetencia sexual”, que también acaba por minar la relación. La falta de empatía y comunicación, además, suele generar conflictos cuando no se saben transmitir los mensajes correctamente, lo que generan mucha frustración.

5. El/la protestón/a
O caer en lo que Yolanda Cuevas denomina “conductas protesta”, con la esperanza de afianzar un vínculo que, de forma contraria, se acaba rompiendo. “Llamar varias veces, bombardear el WhatsApp, provocar celos, merodear por el trabajo para forzar un encuentro, castigar con el silencio, ignorarle, hablar con otras personas en su presencia…”. Un rasgo en común de todos estos errores: “Son conductas de protesta que se realizan con la intención de restablecer el contacto y llamar la atención. Y todos son perjudiciales para uno mismo y para la relación”.

6. El/la crítico/a o defensivo/a
Se trata del perfil más difícil de combatir, según Viudes, ya que se basa en “creer que el ‘error’ siempre recae sobre la otra persona. De modo que nos cuesta autocuestionarnos e indagar qué cosas podríamos no estar haciendo bien nosotros”. Este tipo de personas no solo son excesivamente críticas con el otro, sino que no soportan las críticas a la inversa,  ya que “en vez de reflexionar y escuchar la posición del otro, están pensando en defenderse a toda costa, porque creen firmemente que les están atacando”. Por suerte, hay un modo de frenar este comportamiento: “En lugar de pensar que nos dicen las cosas para herirnos o atacarnos, reflexionar sobre el problema que nos están transmitiendo y no sobre la persona que nos lo transmite”.

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Educando en valores con la carta de los Reyes Magos

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“Queridos Reyes Magos…como he sido bueno me gustaría que me trajerais…”

Quién no recuerda esos inicios de cartas, ese Diciembre con los nervios por ver qué escribir, y tus padres diciéndote que todo no lo podías pedir. Había muchos niños y porque en una misma noche los Reyes tenían que repartir todos los regalos y no daría tiempo.

Hoy en día hay mucha presión con la carta de los Reyes: que los hijos no se sientan menos que otros, el bombardeo televisivo tras la campaña de septiembre con la vuelta al cole, catálogos de juguetes más gruesos que los propios libros escolares… Que no se desilusionen o frustren si no reciben el regalo que han pedido, conduce a que padres, abuelos, tíos y amigos vivan con estrés la compra y reparto de regalos. Los regalos se abren con euforia. Ilusión que dura segundos hasta que abandonan el juguete abriendo el siguiente, y muchos niños llegan a verbalizar después de abrir tropecientos regalos “¿y lo que pedí del juego de la play?” No valoran lo que reciben, pero sí prestan atención a lo que les falta. Los niños crecen con “empacho de regalos”, en muchos casos sin haberlo ganado. Tratamos de inculcar valores como que “hay que ganarse lo que se tiene” pero muchos padres no actúan de forma coherente cuando sobrecargan al niño con tanto regalo.

Es patente la realidad y la necesidad de educar en valores. Cimientos de la futura vida adulta que se reflejarán en las relaciones personales, laborales y sociales.

Pero con decirlo no es suficiente. Hay que trabajarlo desde casa, cada día y los padres son el primer referente en los primeros años de vida.

Los niños tienen que aprender a reflexionar sobre “su año” como hacen muchos adultos. Para ello podría facilitarles la tarea, llevar un diario en el que anoten los logros que van consiguiendo a lo largo del año, no solo las notas, sino su esfuerzo, su calidad como amigos, cuando sienten que han sido responsables, comprometidos…

La Carta de Navidad puede ser un ejercicio que nos ayude a repasar el año, los objetivos conseguidos, las áreas en las que se han superado, y escribirle a Papá Noel y Reyes Magos todo aquello digno de orgullo por parte del niño. En resumen, un repaso de esos valores que trabajáis cada día con el firme propósito de favorecer su desarrollo como persona. Esas “asignaturas pendientes” que no están en los libros de textos.

Ejemplos de valores en los que el niño podría reflejarse mientras escribe la carta en vuestra compañía, podría ser:

-Soy responsable porque vengo del cole y me cambio de ropa sin que me lo recuerden, porque me organizo la bolsa de deporte y cuando vuelvo meto la ropa en la lavadora, porque ya me hago la cama, porque meto los platos al lavavajillas, porque hago los deberes sin que me lo repitan diez veces. Vuelvo a casa a la hora que he pactado y si no, aviso a mis padres para que no se preocupen…

Es importante que como padres estéis dispuestos a aceptar que es preferible que lo hagan ellos, a que lo hagan como vosotros queráis. Dadles libertad para que ellos decidan y escriban lo que de verdad creen que es importante en el cambio. Lo que tú valoras como padre puede no tener nada que ver con lo que ellos valoran desde su punto de vista.

-Soy perseverante, porque cuando no me salen los dibujos sigo intentándolo y no me enfado ni los rompo, porque insisto hasta que las letras me salen como me dice la profe, porque cuando suspendo un exámen lo doy todo para que en la recuperación supere la asignatura, porque cuando no me sale a la primera lo que mi entrenador me pide, entreno y entreno hasta que me sale… todo ello sin enfadarme porque he aprendido que se necesita esfuerzo, constancia y sacrificio para conseguir las cosas.

Como padres no exijáis resultados a corto plazo, que no uséis el castigo como comodín si las cosas no salen bien cuando tú crees, no lo compares con los demás (“¿que ha sacado tu amigo?”), que no lo etiquetes (“eres un vago, siempre igual”), o lances frases en las que adelantes su futuro (“sigue así y verás cómo acabas”).

 

– Soy tolerante cada vez que mis amigos me dicen sus ideas, opiniones y actitudes y cuando no coinciden con las mías, las respeto. No insulto, no me enfado ni dejo de hablar a aquel que no piensa como yo.

Para este valor es importante que los hijos escuchen que sus padres respetan a sus iguales, compañeros de trabajo, familiares, amigos, vecinos…

Tomar conciencia de sus logros y a qué son debidos hará que los tengan presentes manteniendo una buena autoestima y automotivación para otras ocasiones y hará que repitan la actitud correcta para conseguir nuevos retos y relacionarse con los demás.

Otros valores que puedes trabajar con ellos en las cartas son esfuerzo, sacrificio, cooperación, bondad, compañerismo, generosidad, optimismo, discreción, amistad, honradez, sinceridad, solidaridad, compromiso, saber perdonar…

Durante el año tened presentes las acciones que son coherentes con estos valores, y reconocerlas y anotarlas hará que se fomenten los comportamientos que esperáis de ellos sin olvidar que ser modelo de conducta es clave para que afiancen el cambio.

Otro punto a tener en cuenta al escribir la carta es de los regalos. Hay que dejar volar su imaginación en el momento que la hacen, dejarles su tiempo y espacio para ello sin organizarles directamente. Pero en las semanas anteriores se pueden tener conversaciones que hagan reflexionar a los hijos qué puntos pueden tener en cuenta según las diferentes necesidades. Y así que no se convierta en marcar con una x o un simple recorta y pega de los juguetes de los supercatálogos de diferentes almacenes de juguetes. Y tienen que saber que escribir todo lo que les gustaría tener no significa que lo vayan a traer para saber lidiar con la frustración.

Queridos Reyes Magos tener en cuenta la edad, su desarrollo, necesidades y gustos no las modas. Tiene que haber algo de lo que piden los niños, algo que necesiten, un juego educativo que impliquen el desarrollo de la creatividad, atención, concentración. Un juego de mesa para jugar en familia y fomentar en estos días y el resto del año momentos de diversión compartidos. Juegos tecnológicos teniendo en cuenta sus ventajas.

Ser creativos y adjuntarlos con una tarjeta que implique un compromiso como: Este regalo va unido a de tender la ropa de la lavadora, pasear con la abuela o hacer sopa de letras con ella…o el tiempo pactado de juego sobre todo en los tecnológico a la hora de escribir la carta para aumentar su compromiso.

Los Reyes y Papá Noel también saben la importancia de regalar “momentos” como excursiones, visitas al zoo, a los museos y espectáculos para el bienestar fuera de lo material

Tiene que haber libros de lectura pero no el que obliga el cole si no uno que le guste. La idea es que no sea impuesto si no que le interese al niño leer. Así fomentamos la lectura libre.

Otro regalo que no puede faltar es el material relacionado con el deporte que ya practica o con el que se sabe que quiere practicar, y así apoyar la práctica deportiva como fundamental en su desarrollo físico y psicológico.

No dupliquéis regalos para evitar discusiones entre hermanos, así entrenan la paciencia, las habiliddaes sociales y aprender a negociar y compartir!

Y no alimentes la idea de que hay juegos de niños y juegos de niñas…

También puedes fomentar el pensar en otros niños que no son tan afortunados como ellos. Que elijan entre los juguetes que no usan aquellos que dejarán en el árbol para que los Reyes Magos o Papá Noel se los lleven a otros niños que no tienen las mismas oportunidades, a cambio le dejarán una nota de agradecimiento valorando este gesto. Así estamos educando en la solidaridad desde la magia de la Navidad.

Importantísimo saber tomar la decisión correcta cuando un niño pide una mascota. Hay que educar a los niños en que un perro o un gato no son un juguete. Los animales son seres vivos que necesitan de nosotros, educarles, pasearlos, darles de comer, jugar con ellos, darles cariño, vacunarlos y para esto se necesita tiempo y mucha responsabilidad. No olvidemos que existen también lugares donde hay animales abandonados esperando un hogar.

Por último, educar a los abuelos paternos-maternos, tíos, padrinos es otra de las tareas que tenéis como padres. Cuanto antes se trate el tema y se decida cómo hacerlo, mejor. Pero cada año hay que retomar y organizar qué traer a cada casa. Ser comprensibles con los padres y la futura educación del niño es fundamental por encima de quien hace el mejor regalo y más caro, pensando así que les van a querer más. La familia no puede ir por libre comprando regalos sin saber, o sin conocer las necesidades de su nieto o sobrino. Existen verdaderas guerras entre los abuelos maternos y paternos por ver quien regala más y mejor. Y normalmente el “más y mejor” se asocia a lo caro o a la cantidad. El amor no se compra, el amor se construye día a día, con los lazos familiares y el tiempo que pasamos en familia. Puede que necesiten unos zapatos, un abrigo o la cuota de una extraescolar antes que un juguete. Hay que comunicarse y organizarse.

Guardar estas cartas que escriben los pequeños puede ser uno de los mejores regalos que como padres podéis hacer unas Navidades a vuestros hijos adultos, ¡haced la prueba!

Recordad no aprovechar estas fechas para conseguir que hagan lo que queráis usando y abusando de la frase “pórtate bien, sé bueno, hazme caso… que mira que si no, no te traerán regalos porque pasarán de largo” fomentando el miedo y actuando por la amenaza y no por la educación en valores.

Y no olvidemos que hay regalos que no los pueden traer ni los Reyes Magos ni Papá Noel y esos son los que más se desean durante todo el año: más tiempo y de calidad, atención, paciencia, abrazos, sonrisas, halagos, reconocimientos. De esto los hijos no se aburren.

Feliz Navidad y nuestros mejores deseos a todos en este nuevo año.

 

Patricia Ramírez Loeffler

Yolanda Cuevas Ayneto

 

 

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Campeones con precocidad

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En este enlace os dejo mi nueva colaboración con ABC deportes.

Aquí en pdf

Campeones en precocidad

La risa de Can Oncu cuando ganó el domingo, en Cheste, con quince años, su primera y única carrera en el Mundial de Moto3, era incontenible. La felicidad en el rostro de Alexander Zverev, maestro del tenis con 21 años, desbordaba por sus ojos. El orgullo de Usman Garuba en el Palacio de los Deportes de Madrid defendiendo la camiseta blanca con 16 años superaba incluso sus 202 centímetros de altura. Son campeones y ejemplo de muchos otros que, a su edad, aspiran a esos podios. Aunque no todos llegarán. Ni todos han llegado. Oncu, Zverev, Garuba son, por el momento, los elegidos para triunfar en el deporte. ¿Demasiado pronto?

A una edad en la que el físico y la cabeza están en constante cambio y todavía no se sabe muy bien dónde terminará el desarrollo, la competición puede ser una exigencia demasiado elevada o por el contrario, una vía para encarrilar un talento desatado. «No es incompatible ser adolescente con la competición. Te hace madurar antes y tienes una visión algo más clara de lo que quieres. Cambian tus prioridades, pero el deporte ayuda a que enfoques mejor tus metas que cualquier otro adolescente», observa Sara Bayón, entrenadora de la selección nacional de gimnasia rítmica. Con doce años sabía perfectamente que quería entrar en la selección nacional, con una claridad mayor que la de sus padres, uno de los pilares fundamentales en generar campeones bien orientados. «No pueden querer más que los propios hijos. No tienen que forzar en ningún momento, ni marcar las metas ni decidir por ellos llegar más lejos. Solo quererlos, apoyarlos, para que tengan la mente amueblada», afirma.

Martina Hingis
Martina Hingis – Reuters

«Que tengamos talento para algo no significa que nos tengamos que dedicar a ello. Es difícil rendir al máximo en algo que no nos gusta. Para los progenitores el papel es clave: organizar el tiempo para no tener que decidir o incluso renunciar. Permitir que ese hijo con talento y que quiere continuar en ese camino tenga una vida completa, con diferentes prioridades, pero sin que les hagan sentir que tienen que abandonar cosas que les gustan», habla Lorena Cos, psicóloga del deporte. En la misma línea se expresa Yolanda Cuevas, también psicóloga de alto rendimiento, que subraya la importancia de dejar libertad de elección al adolescente: «A veces los padres ven potencial y los niños son arrastrados sin tener en cuenta sus gustos. Se proyecta aquello que les hubiera gustado a ellos. Forzar nunca es positivo. La mayoría de los niños forzados al deporte no llegarán a la élite, hay que tener los pies en el suelo con las expectativas. Muchos chavales dejan de disfrutar cuando se les exige por encima de sus posibilidades». «Forzar fuerzas un día, pero tiene que ser el deportista el que quiera seguir. Hay muchos casos de personas con mucho talento, que lo han tenido más fácil por eso, pero no les gusta trabajar. Y otros que sin tanto talento lo han logrado también con más trabajo. Lo valoran más. No hay que tirar demasiado de la cuerda ni dejar que se vayan. Una de cal y otra de arena», afina Bayón.

Un proceso largo

Por eso, no se puede utilizar el deporte como arma. «Te da unos valores colectivos, cooperación, responsabilidad. Castigar con no ir a entrenar es un mensaje incoherente porque pierdes todo ese aprendizaje que te sirve para muchas otras cosas», dice Cos. «No se estudia más por dejar el deporte y “tener” más tiempo. Muchas veces pasa al contrario porque la actividad física te ha enseñado a controlar y aprovechar mejor tus momentos de estudio», señala Bayón. «Hay que educar a los niños en la competitividad con ellos mismos, poner el foco en ellos y en su mejora y no en comparar con otros niños. Así que no crecen con una sana autoestima, no se sentirán capaces y abandonan más que se comprometen entrando en un círculo vicioso», acompaña Cuevas.

Si los padres se encargan de acompañar y apoyar, a los entrenadores les recae la responsabilidad de dirigir ese talento. «Hay que tener paciencia para encarrilarlo y administrarlo bien. Deben frenar la euforia si hay resultados a edades tempranas. Hacer entender que no solo es ganar o no una medalla, sino la trayectoria de aprendizaje, destacar qué se ha hecho bien del trabajo del día a día. Y gestionar los objetivos a largo plazo para que esos primeros grandes resultados no se estanquen», sigue Bayón. «Cuando somos pequeños disfrutamos del deporte porque es un juego. Luego pasa a ser una responsabilidad. Se debe enseñar a que hay momentos que no serán divertidos. Pero aun con doce o trece años si tienes esos objetivos claros sabes que solo los conseguirás si te levantas a las cinco de la mañana o te entrenas tantas horas. La interpretación de los momentos no divertidos cambia. Se aprende a disfrutar de otra manera», apostilla Cos.

Por supuesto, subrayan ambas, el entrenador debe ser capaz de transformar una posible «decepción» en un «seguir intentándolo». «Por eso se les debe inculcar pasión. Lo ideal: que te guste la competición para dar tu mayor nivel en ese instante, pero no todos lo logran. En gimnasia rítmica te juegas todo en un minuto y medio, y al ser un deporte de equipo, hay quien lo pasa muy mal por la responsabilidad que tiene sobre las compañeras. No obstante, el adolescente que hace deporte siempre sabe que caer es parte del proceso. No puedes estar siempre bien, pero sí te puedes levantar para llegar al máximo nivel en tu máximo de madurez, tengas la edad que tengas», corrobora Bayón, con mucha experiencia en acoger a niñas de 12 años y convertirlas en adultas de 22. «Es entender el error y la derrota como una lección, una oportunidad. No una amenaza ni mucho menos un fracaso», completa Cos.

Peligro: redes sociales

Tampoco, indica Cuevas, se puede sobreproteger de la decepción: «Cuando no se cumplen las expectativas uno se frustra y los niños de hoy no están acostumbrados a ello porque no se les permite entrenar esa emoción. Se intentan evitar pequeñas decepciones para que no sufran -como los marcadores abultados en ligas inferiores-, pero pierdes una oportunidad de adquirir una fortaleza mental, de entrenar la gestión de la derrota».

Las expertas asumen que, a veces, lo más difícil es crear un entorno sano para el adolescente. «Si todos los días la conversación gira en torno al resultado generas un foco de estrés que puede desembocar en un abandono. La competición forma parte del deporte, pero hay mucho componente de educación. Transmitir esa exigencia por los resultados no es necesario ni primordial ni positivo. Los resultados ya están implantados en la vida: llegar el primero para el bus, la nota para un examen… todo», comenta Cos. «Hay que saber preguntar tras la competición, no solo cuánto habéis quedado o cuántos goles has marcado, sino cuánto has aprendido. No promover la crítica ni las comparaciones ni en casa ni en los grupos de whatsapp», expone Cuevas. «Es un problema de ahora. Hay mucha información de cada deportista en redes sociales. Es muy fácil crear ídolos y también criticar. Una opinión en Instagram sobre tu actuación o tu cuerpo, a estas edades, marca mucho», advierte Bayón.

¿Qué hace a un adolescente campeón? Talento, constancia, pasión, libertad, buen entorno, aprendizaje… no hay fórmula mágica.

 

¿Dónde sientes tus emociones?

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Nuestro día discurre entre pensamientos, emociones y comportamientos, todos ellos relacionados entre sí, se condicionan unos a otros para bien o para mal.
Tan importante es conocer las emociones y ponerle nombre, como saber y sentir la parte del cuerpo donde deciden alojarse.
El cuerpo nos manda señales con información que tenemos que saber detectar, traducir, comprender, convivir y gestionar.

En un estudio finlandés, (Nummenmaa, Glerean, Hari y Hietanen, 2013) pidieron a 701 particapantes de diversas nacionalidades que señalaran en un dibujo que representaba una figura humana las zonas del cuerpo que se activaban al sentir un determinado estado emocional y en otra figura, las zonas en que sentían menos activación.

¿Cómo? mediante un código de colores (colores cálidos que representaban la activación, y fríos que representaban la desactivación). Presentaron palabras, películas, historias y expresiones faciales que representaban 6 emociones básicas o primarias (enojo-ira, miedo, asco, felicidad-alegría, tristeza y sorpresa) y 7 secundarias o complejas ( ansiedad, amor, depresión, desprecio, orgullo, vergüenza, envidia) recogidas en la imagen inferior.

Los resultados confirmaron que somos capaces de ubicar las variaciones del estado emocional en diferentes áreas de nuestro cuerpo. Las emociones se sienten en el cuerpo. Vivir conectado al cuerpo implica poder sentir esas emociones de forma localizada y no solo como estado mental. Aquí esta la dificultad, se dice “me siento triste” ¿como lo sabes? y puede ser que se conteste “porque no tengo ganas de nada o por que lloro” todo relacionado con los comprotamiento o conductas. Así que queda conectar con donde lo siento en mi cuerpo. Mente y cuerpo estan interrelacionados. Ambos se comunican. Solo queda escuchar.

Se puede observar las diferentes áreas en el “Mapa corporal de emociones” publicado en la revista Proceedings of the National Ac ademy of Sciences.

Hay que tener en cuenta que mayoría de las emociones básicas (miedo, alegría, sorpresa, tristeza, ira, asco…) se asocian con sensaciones de alta actividad en la zona alta del pecho, sujetas a cambios en nuestra propia respiración y ritmo cardiaco.

Efectos de Mindfulness según la práctica.

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Sabías que después de 3 minutos de práctica mindfulness:

Se activa una Respuesta de Relajación, es decir el modo opuesto del estrés. Tu cuerpo entra en un estado hipometabólico y las células consumen hasta un 20% menos de oxígeno, que tu corazón y tu cerebro adquieren un estado de coherencia y tus mecanismos psicobiológicos de crecimiento comienzan a restablecerse.

Sabías que después de 6 horas de práctica acumulada:

Los escáneres cerebrales muestran cambios estructurales en áreas relacionadas con tu regulación emocional. Además, tu capacidad de afrontar el estrés mejora, así como tu salud física y mental promoviendo el bienestar.

Sabías que después de 4 semanas de práctica:

Aumenta la telomerasa, y con ello la longitud telomérica. Los telómeros son unos complejos de nucleoproteínas, como unas “fundas” protectoras que se encuentran en los extremos de los cromosomas y que protegen el ADN en el proceso de replicación. A medida que vamos cumpliendo años y nuestras células van replicándose, los telómeros se acortan. Se trata de un biomarcador clave en el proceso de envejecimiento. Tal como muestran los estudios de Elizabeth Blackburn Premio Nobel.

Sabías que después de 8 semanas de práctica:

Permiten que los genes vinculados con enfermedades derivadas del estrés (incluyendo la deficiencia de respuestas inmunes, varios tipos de inflamación, envejecimiento prematuro, adelgazamiento de la corteza cerebral, problemas cardiovasculares y cáncer) modifiquen su expresión.

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