Yolanda Cuevas Ayneto

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Psicología del Deporte

Cuando tu mente no confía ¿cómo puedes rendir?

La confianza es una consecuencia de cómo interpreta el cerebro la experiencia, de cómo responde el sistema nervioso al error y de las creencias que la persona ha construido sobre sí misma. Desde una perspectiva de psicología deportiva y EMDR, el trabajo puede ser muy profundo y, en muchos casos, más eficaz que limitarse a enseñar técnicas de motivación o pensamiento positivo.

Y aunque este artículo está centrado en el deporte seguro que aunque no seas deportista te puedes sentir identificada/o

Algunas de las áreas más importantes serían:

1. ¿Qué ha roto la confianza?

La confianza casi nunca desaparece de la nada. Conviene explorar cuándo comenzó.

  • Una lesión.
  • Un error importante.
  • Una mala temporada.
  • Un cambio de entrenador.
  • Haber pasado de ser el mejor a competir con deportistas de mayor nivel.
  • Críticas constantes.
  • Fracasar en una competición importante.
  • Compararse continuamente.

Con EMDR muchas veces encontramos que el cerebro sigue reaccionando como si aquel error siguiera ocurriendo hoy.

2. Experiencias anteriores que siguen activas

A veces el problema no nace en el deporte.

Puede haber recuerdos de infancia como:

  • “Nunca haces nada bien.”
  • Comparaciones con hermanos.
  • Padres muy exigentes.
  • Entrenadores humillantes.
  • Bullying.
  • Fracasos escolares.

Cada nueva competición reactiva esas antiguas experiencias.

El deportista cree que tiene miedo a competir, cuando en realidad su sistema nervioso está reviviendo sensaciones mucho más antiguas.

3. Creencias negativas sobre uno mismo

Es frecuente encontrar pensamientos como:

  • No soy suficiente.
  • Voy a fallar.
  • Todos son mejores.
  • No puedo con la presión.
  • Tengo que demostrar constantemente mi valor.
  • Si fallo decepcionaré a todos.
  • Solo valgo cuando gano.

EMDR permite trabajar el origen de estas creencias y sustituirlas por otras que el cerebro pueda integrar de forma auténtica, no como simples afirmaciones positivas.

4. El miedo al error

Muchos deportistas no juegan para ganar.

Juegan para no equivocarse.

Y eso cambia completamente la manera de competir.

Cuando el objetivo pasa a ser evitar el fallo:

  • aumenta la tensión,
  • disminuye la creatividad,
  • aparecen bloqueos,
  • se juega con miedo.

5. Regulación del sistema nervioso

La confianza también es fisiología.

Si el sistema nervioso entra en hiperactivación:

  • aumenta la tensión muscular,
  • empeora la coordinación,
  • disminuye la atención,
  • aparecen pensamientos catastróficos.

Por eso se trabaja con:

  • respiración,
  • mindfulness,
  • grounding,
  • regulación vagal,
  • conciencia corporal,
  • recuperación tras errores.

No solo para relajarse, sino para mantener un nivel óptimo de activación.

6. El diálogo interno

Muchos deportistas hablan consigo mismos de una forma que jamás utilizarían con un compañero.

Se dicen:

  • Eres un desastre.
  • Ya la has vuelto a liar.
  • No sirves para esto.

Aprender a cambiar ese diálogo no significa engañarse, sino desarrollar una voz interna que ayude a rendir incluso cuando las cosas no salen como esperan.

7. Perfeccionismo

Detrás de muchas faltas de confianza encontramos un perfeccionismo muy elevado.

No disfrutan.

Solo evalúan.

Cada entrenamiento es un examen.

Cada competición es un juicio.

Cada error confirma que “no son suficientes”.

8. Identidad

Algunos deportistas dejan de ser personas para convertirse únicamente en deportistas.

Su valor depende del resultado.

Cuando pierden sienten que fracasan ellos, no que han perdido una competición.

Uno de los trabajos más importantes consiste en separar:

Soy una persona que practica un deporte.

No:

Mi valor depende de cómo compita.

9. Presión externa

Familia.

Entrenadores.

Redes sociales.

Expectativas.

Patrocinadores.

A veces el problema no es competir.

Es sentir que cualquier fallo decepcionará a alguien.

10. Atención y concentración

Cuando la confianza baja, la atención suele dirigirse a:

  • lo que puede salir mal,
  • el rival,
  • el marcador,
  • el error anterior,
  • el juicio de los demás.

El entrenamiento psicológico busca devolver la atención al presente y a aquello que el deportista puede controlar en cada momento.

11. Lesiones y miedo a recaer

Tras una lesión es frecuente que el cuerpo esté recuperado, pero el cerebro no.

El deportista puede:

  • evitar ciertos movimientos,
  • competir con miedo,
  • perder agresividad,
  • sentir que “ya no es el mismo”.

EMDR cuenta con evidencia para ayudar a reprocesar experiencias traumáticas relacionadas con lesiones y facilitar una vuelta más segura desde el punto de vista psicológico.

12. Recuperarse después del error

Los grandes deportistas no son los que nunca fallan.

Son los que consiguen volver al presente rápidamente.

Se entrena:

  • aceptar el error,
  • regular la activación,
  • recuperar el foco,
  • evitar que un fallo provoque una cadena de errores.

Porque muchas competiciones no se pierden por el primer error, sino por todo lo que ocurre mentalmente después.

El objetivo final

El objetivo no es que el deportista deje de sentir nervios. Los nervios forman parte de competir.

El verdadero objetivo es que pueda confiar en sí mismo incluso cuando aparecen dudas, cometer errores sin que estos definan quién es y rendir desde la presencia, no desde el miedo. Cuando el sistema nervioso deja de vivir la competición como una amenaza constante y las experiencias que alimentaban la inseguridad se procesan adecuadamente, la confianza deja de depender del último resultado y empieza a convertirse en una forma más estable de relacionarse consigo mismo.

Si quieres saber más de EMDR además del enlace que te dejé arriba tienes un podcast aquí

Categorías
Artículos bienestar Psicología del Deporte

¿Por qué sentimos que “Hemos ganado” un Mundial si no hemos jugado ni un solo minuto? La psicología de la euforia colectiva.

España gana su segundo Mundial.

Suena el pitido final y, casi de inmediato, miles de personas salen a las calles. Se abrazan desconocidos, las plazas se llenan de banderas, los teléfonos no dejan de sonar y durante unas horas parece que el país entero respira al mismo ritmo. Hay niños que saltan sobre el sofá como si ellos hubieran marcado el gol decisivo, personas mayores que vuelven a emocionarse como hacía años que no lo hacían y amigos que hacía meses que no hablaban y se envían un mensaje con una sola frase: “¡Lo hemos conseguido!”

No decimos: “La selección ha ganado el Mundial.”

Decimos: “Hemos ganado.”

Y esa pequeña palabra, “hemos”, dice mucho más sobre el cerebro humano que sobre el fútbol.

Porque, objetivamente, ninguno de nosotros ha entrenado durante años, ha soportado la presión de una final o ha levantado la copa. Sin embargo, sentimos una alegría auténtica, un orgullo difícil de explicar y una sensación de victoria que parece también nuestra.

¿Por qué ocurre?

La respuesta tiene mucho menos que ver con el deporte de lo que imaginamos y mucho más con algo profundamente humano: la necesidad de pertenecer.

Desde que nacemos buscamos formar parte de algo. Primero de una familia, después de un grupo de amigos, de una clase, de un equipo, de una ciudad o de un país. Nuestro cerebro evolucionó durante miles de años aprendiendo que pertenecer a un grupo aumentaba las posibilidades de sobrevivir. Quedarse solo suponía un enorme riesgo. Por eso hoy seguimos sintiendo un bienestar especial cuando experimentamos que compartimos una identidad con otras personas.

Cuando un equipo con el que nos identificamos consigue una victoria histórica, el cerebro interpreta, en cierta medida, que ese éxito también fortalece al grupo del que formamos parte. No es extraño, por tanto, que vivamos esa alegría como algo propio. Es un mecanismo profundamente humano.

Quizá por eso suceden escenas que solo vemos en momentos muy concretos. Personas que jamás se habían visto terminan abrazándose en una plaza. Alguien celebra con quien tiene al lado sin preguntarse quién es, qué piensa o a qué se dedica. Durante unas horas desaparecen muchas de las diferencias que normalmente nos separan. La edad, la profesión, las ideas políticas o el lugar de origen pasan a un segundo plano porque hay algo que nos une por encima de todo: una emoción compartida.

Y pocas cosas tienen tanto poder psicológico como sentir que pertenecemos.

Pero hay algo todavía más fascinante. Incluso quienes apenas siguen el fútbol pueden terminar emocionándose viendo una celebración así. No hace falta ser un gran aficionado para notar un nudo en la garganta cuando todo un estadio canta al unísono o cuando un jugador rompe a llorar después de años de esfuerzo.

Las emociones son contagiosas.

Nuestro cerebro está continuamente observando las expresiones de quienes nos rodean. Interpreta sus gestos, sus voces, sus sonrisas y sus lágrimas para comprender qué ocurre en el entorno. Esa capacidad de sincronizarnos emocionalmente con los demás ha sido esencial para nuestra evolución y sigue formando parte de nuestra vida cotidiana. Cuando miles de personas ríen, saltan y celebran juntas, resulta muy difícil permanecer completamente indiferente.

La alegría también se contagia.

Y quizá la necesitamos más de lo que pensamos.

Vivimos en una época en la que estamos expuestos constantemente a noticias preocupantes. Abrimos el móvil y encontramos conflictos, enfermedades, problemas económicos, violencia o incertidumbre. Nuestro sistema nervioso dedica una enorme cantidad de energía a procesar amenazas, muchas de ellas lejanas, pero presentes cada día en nuestra mente.

Por eso, cuando aparece un acontecimiento positivo que millones de personas viven al mismo tiempo, ocurre algo muy interesante. No desaparecen los problemas, pero durante unas horas dejamos de mirar únicamente hacia aquello que preocupa. El cerebro encuentra un espacio para la esperanza, para la ilusión y para la conexión. Es como si pudiera descansar brevemente de estar siempre alerta.

También nuestro organismo participa en esa experiencia. Durante situaciones de celebración aumentan las probabilidades de liberar sustancias relacionadas con el bienestar, como la dopamina, implicada en la sensación de recompensa y motivación. Los abrazos, el contacto físico o el sentimiento de unión favorecen procesos en los que interviene la oxitocina, relacionada con el vínculo social. Reír, cantar, bailar o saltar juntos también puede contribuir a la liberación de endorfinas.

Todo ello nos recuerda que nuestro cerebro necesita experimentar emociones positivas compartidas para mantener un cierto equilibrio.

Sin embargo, toda emoción intensa tiene otra cara.

Estamos acostumbrados a pensar que solo el miedo o la ira alteran nuestra forma de decidir, pero la euforia también lo hace. Cuando nos sentimos extremadamente felices tendemos a percibir menos los riesgos, a confiar más en nuestras capacidades y a pensar que las consecuencias negativas son menos probables. Es entonces cuando algunas personas conducen de forma temeraria, consumen alcohol en exceso, realizan conductas peligrosas o se dejan arrastrar por la multitud sin detenerse a pensar.

La euforia no es un problema. Lo problemático es cuando dejamos que la emoción sustituya completamente al juicio.

Celebrar es sano pero perder la capacidad de cuidarnos no.

Y, curiosamente, hay otro momento del que casi nunca hablamos: el día después.

Cuando las plazas vuelven a estar vacías, las banderas regresan a los cajones y la rutina vuelve a ocupar su sitio, muchas personas experimentan una ligera sensación de bajón. Después de un pico emocional tan intenso, el sistema nervioso necesita volver poco a poco a su nivel habitual de activación. Algunas personas incluso describen una cierta nostalgia o vacío.

No significa que ocurra nada malo.

Significa, simplemente, que el cerebro no está diseñado para vivir permanentemente en estado de euforia.

Los propios deportistas conocen muy bien esta experiencia. Después de años persiguiendo un sueño, muchos describen una pregunta inesperada que aparece pocos días después de alcanzar el éxito: “¿Y ahora qué?” Por eso la psicología del deporte insiste tanto en que la identidad de un deportista no puede depender únicamente de las medallas o de los títulos. Cuando todo nuestro valor personal se apoya en un único objetivo, incluso la mayor de las victorias puede dejar un vacío difícil de entender.

Quizá esa reflexión también nos sirva al resto.

La verdadera riqueza emocional de un Mundial no está solo en levantar una copa. Está en los recuerdos que construimos, en las personas con las que compartimos ese momento, en las conversaciones que surgirán dentro de veinte años cuando alguien diga: “¿Te acuerdas de aquella final?”

Porque probablemente olvidemos el minuto exacto de un gol.

Pero difícilmente olvidaremos con quién estábamos cuando ocurrió.

Y eso nos recuerda algo profundamente humano. Las personas no necesitamos vivir permanentemente eufóricas para ser felices. Lo que realmente necesitamos son momentos que den sentido a nuestra historia, personas con las que compartirlos y emociones que nos hagan sentir que, por un instante, formamos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.

Quizá ese sea el verdadero legado de una victoria como esta. No el trofeo que queda en una vitrina, sino la certeza de que seguimos necesitando celebrar juntos, emocionarnos juntos y recordar que, incluso en tiempos difíciles, todavía somos capaces de mirar a un desconocido, abrazarlo y sentir que, durante unos minutos, pertenece a nuestro mismo equipo.

Una nueva fecha inolvidable 19 de julio de 2026.

¿Dónde y con quién estabas?

Nos vemos en España para el Mundial 2030 siendo campeones del mundo.

No solo en esto también en donación de órganos y en investigación con bajos presupuestos…

Categorías
Psicología del Deporte

Que el valor personal no dependa de ganar.

Screenshot

¿Y si lleváramos años midiendo el éxito de la forma equivocada?

Vivimos en una sociedad que aplaude las medallas, los títulos, los ascensos y los récords. Pero pocas veces hablamos de todo lo que no se ve: los miedos, las renuncias, los errores, las lesiones, las dudas o la capacidad de levantarse una vez más.

Como psicóloga, me interesa especialmente esa parte invisible del rendimiento. Porque una persona no vale más por ganar ni vale menos por perder.

El éxito no debería definir quién eres.

En este artículo comparto una reflexión sobre la psicología del deporte, la presión por rendir y por qué aprender a relacionarnos de forma más sana con el éxito y el fracaso puede cambiar no solo nuestra vida deportiva, sino también nuestra manera de vivir.

Si alguna vez has sentido que solo eras suficiente cuando conseguías resultados, creo que estas líneas pueden ayudarte.

Puedes leer el artículo completo aquí.

Categorías
Artículos bienestar Psicología del Deporte Uncategorized

La mente del deportista: ansiedad, error y presión mediática

Screenshot

En el deporte profesional, el rendimiento no depende únicamente de la técnica o la condición física. Cada partido, cada jugada y cada error se viven dentro de un contexto emocional que influye directamente en cómo el deportista piensa, siente y actúa. La mente también compite, y muchas veces lo hace bajo una presión invisible para el público.

Las variables psicológicas que influyen en el rendimiento

El rendimiento deportivo está profundamente determinado por factores psicológicos que se entrenan igual que la fuerza o la velocidad:

1. Autoconfianza

Es la capacidad del deportista para creer en sus recursos incluso en momentos difíciles. Cuando la autoconfianza se tambalea, el atleta empieza a dudar, a anticipar fallos y a actuar desde el miedo.

2. Gestión de la ansiedad

La ansiedad aparece cuando la exigencia supera , o parece superar, los recursos de la persona. En el deporte, puede manifestarse con tensión muscular, bloqueo mental, errores por precipitación y pensamientos intrusivos que alejan del presente.

3. Atención y concentración

Un deportista necesita sostener la atención en el aquí y ahora. Tras un error, la mente tiende a viajar al pasado (“¿por qué fallé?”) o al futuro (“¿y si vuelve a pasar?”). Ese desplazamiento cognitivo afecta directamente al rendimiento.

4. Autodiálogo

Lo que un deportista se dice influye en cómo actúa. Un diálogo interno duro, crítico o catastrófico alimenta la ansiedad y reduce la capacidad de recuperación tras un fallo.

5. Tolerancia al error

El error forma parte del juego, pero no todos los deportistas han aprendido a convivir con él. Cuando el error se interpreta como un fracaso personal, surge el miedo, la rigidez y la pérdida de espontaneidad.

El impacto del juicio público y mediático

En el deporte actual, el error no solo se analiza en el vestuario: se expone, se repite, se comenta y se viraliza. El juicio externo puede generar un conflicto interno intenso:

  • miedo a decepcionar
  • temor a la crítica
  • presión por rendir siempre al máximo

Este caldo de cultivo incrementa la ansiedad y alimenta una sensación de vigilancia constante. No es extraño que, tras un fallo, el deportista experimente bloqueo, inseguridad y dificultad para recuperar su nivel habitual.

Cuando la ansiedad afecta al rendimiento

La ansiedad altera la mecánica fina del deportista. Puede provocar:

  • toma de decisiones más lenta o impulsiva
  • pérdida de precisión
  • tensión muscular
  • errores repetidos
  • mayor fatiga emocional

El cuerpo quiere rendir, pero la mente está luchando consigo misma.

El papel de la psicología deportiva

Acompañar a un deportista implica ayudarle a gestionar presión, construir autoconfianza y desarrollar herramientas para afrontar el error sin hundirse en él. Entre las intervenciones más habituales encontramos:

  • técnicas de respiración y regulación emocional
  • entrenamiento en atención plena
  • trabajo de autodiálogo
  • preparación ante escenarios de presión
  • fortalecimiento de la identidad más allá del rendimiento

La psicología deportiva no elimina la presión, pero sí enseña a convivir con ella sin que destruya el equilibrio interno.

Conclusión

Los deportistas no fallan porque sean débiles: fallan porque son humanos. Y en un entorno donde el juicio es inmediato y las expectativas son enormes, cuidar la salud mental es tan importante como entrenar el físico.

Detrás de cada error hay una historia emocional.

Detrás de cada recuperación, un trabajo psicológico silencioso.

El verdadero rendimiento nace cuando cuerpo y mente se alinean. Y eso también se entrena.

Categorías
Psicología del Deporte

Si el ejercicio fuese una pastilla se prescribiría a todo el mundo.

Hoy te traigo este maravilloso podcast con el Dr. Alejandro Lucía sobre la importancia del ejercicio físico. Sí ya sé que lo sabes…pero recuerda que saberlo no es sentirlo. Así aquí otra oportunidad para ello.

Buen día.

#quedateencasa

 

Categorías
Artículos Colaboraciones Psicología del Deporte

Lesiones deportivas: Jorge Lorenzo regresa al lugar del dolor

Os dejo mi colaboración para ABC Deportes donde se reflexiona sobre el aspecto mental de las lesiones.

«Cuando algo se lesiona en el cuerpo, también algo se lesiona en la mente….

“El cuerpo tiene memoria, también de las lesiones y el dolor.”

Jorge Lorenzo regresa al lugar del dolor

https://www.abc.es/deportes/motos/abci-jorge-lorenzo-regresa-lugar-dolor-201909220120_noticia.html

Entrevista

-¿Es “bueno” tener miedo después de una lesión?

Somos pensamiento, emoción y comportamiento-conducta, es la llamada triada psicológica en psicología y los tres se interrelacionan y condicionan. El miedo es una emoción necesaria en la vida que va acompañada de pensamientos para la supervivencia, el cuidado y la protección. Ese es el origen y objetivo. Nos informa sobre lo peor porque el cerebro está diseñado para la supervivencia no entiende de lesiones en este caso…así que según la experiencia vivida, el impacto emocional de la lesión en las vías neurales, como se vivió, las consecuencia que ha habido…uno se queda impactado de un modo que condiciona la vuelta deportiva.

Cuando ese miedo paraliza y tiñe los pensamientos va a paralizarse la conducta en este caso en el entrenamiento, competición, en el riesgo que se asuma. Así que el miedo tiene grados y dependiendo de su intensidad influirá o condicionará más o menos. Desde “no entreno que no sea que me rompa otra vez” hasta hacer caso omiso de la prudencia y empezar antes de lo necesario la actividad o sobreactivar el cuerpo lo que puede provocar recaídas.

Así que si el miedo te domina tras una lesión se tarda más en volver a la rutina y al punto óptimo deportivo con las consecuencias que tiene.

– ¿Cómo se puede superar ese miedo a recaer?

Para trabajar el miedo hay que trabajar la triada psicológica que hemos comentado.

Por un lado conocer que pensamientos y creencias tiene el deportista de la lesión, son estilos ineficaces de pensamiento para poder trabajarlas.  Hay pensamiento de todo o nada, “O estoy al 100% o lo dejo” Adivinos prediciendo el futuro “No me van a valorar, a contratar…”, Generalizadores “Todo me pasa a mi” “Nunca me pasa nada bueno”, magnificando pensando lo peor “NO me recuperaré jamás”, los debería generadores de culpabilidad “No debería haber jugado” etiquetando “Soy un perdedor”, Concluyendo “Nunca seré el mismo”. Esta forma condiciona también las emociones y frena, limita la forma de actuar.

Hay que trabajar el monólogo interior lo que yo me digo. Aprender a tratarse con cariño y no con dureza. Lo que uno se dice a sí mismo sirve para regular estados emocionales, tener más autoconfianza, motivación, estar atento y afianzar conductas. Uno puede llegar a ser muy cruel consigo mismo. Es imprescindible trabajar el manejo de autoafirmaciones esas frases para controlar el estado psicológico, autoinstrucciones que son órdenes concretas sobre qué hacer y autorrefuerzos que son frases gratificantes. Todo esto es entrenable.

Por otro lado estrategia de regulación emocional. Cuánto miedo siente del 0-10, ponerle cara y nombre al miedo, aprender a hablar con él y con esa parte de mi que tiene miedo, saber utilizar el humor, donde se siente en el cuerpo, aprender a respirarlo para calmarlo, donde ha sentido los mismo anteriormente y así poder hacer una línea temporal de anteriores lesiones u otras circunstancias no relacionadas con el deporte pero que le recuerdan sentirse del mismo modo. Trabajar esas situaciones ayuda al cerebro a digerir el impacto emocional que hubo y finalmente cambiar la narrativa del suceso. Hay ocasiones que en una pequeña lesión la sintomatología, el estado emocional y lo que da vueltas al tema (rumiación en psicología) es desproporcionado y eso no cambia y uno no lo entiende dice…”como puede ser que ahora esté así y la otra vez que fue más grave no me afectara” bueno pues el tema es que el pasado se hace presente y lo que se está activando en la última lesión es el impacto emocional que no se digirió si no que se ocultó se tapó por diferentes motivos o presiones…no se le dio espacio …no es que no afectara…y ahora esta nueva lesión saca a la luz aquello.

Hay que aprender a poner el foco en lo que depende de uno y puede hacer y no malgastar energía en temas que no dependen de mi. Es decir más ocuparse y menos preocuparse. La preocupación enturbia la mente y malgaste energía.

– ¿El dolor tiene memoria?

Es el cuerpo el que guarda memoria del miedo, solo lo archiva como MIEDO, ya sea miedo a quedarse solo de niño en la cama, miedo a ir al dentista, miedo al primer día de cole, miedo al ver sangre, miedo a ciertas películas, ,miedo a estar solo, miedo a la crítica, a no ser aceptado..…al final son momentos de inseguridad de no control que la mente lo chequea como vida o muerte. Por eso uno puede huir, luchar o quedarse paralizado. Acompañado de rigidez muscular, aceleración del corazón, dificultad de pensar con claridad…angustia en el estómago…pensemos que evolutivamente hablando el sistema digestivo y reproductor son los dos sistemas que se paralizan para economizar energía y así por ejemplo echar a correr ante el miedo de ser atrapado y devorado… Pensemos que alguien lesionado en épocas prehistóricas no tenía muchas probabilidades de sobrevivir a una persecución por un animal…Así que nuestra mente mal interpreta las situaciones del s XXI Somos nosotros los que con entrenamiento mental podamos relacionarnos de forma diferente y dirigir nuestra mente de otro modo ante el primer chequeo de lo que ocurre de forma amenazante como en este caso es la lesión.

A veces uno no es consciente de momentos de miedo vividos están almacenados en el inconsciente pero no por ello no tienen valor. Han sucedido, el cuerpo lo ha vivido, sentido registrado. La clave está en que cuando a un deportista le choca la forma en que lleva una lesión es una señal para trabajar a nivel psicológico. Cuántas veces se dice “si me pasara a mi yo..” y luego ocurre lo contrario! Hay que trabajar a nivel cognitivo y a nivel emocional. Porque uno puede decir “sé que no es para tanto pero no duermo, tengo pesadillas…”

Y lo de la edad es relativo puede ser que un deportista “adulto” haya tenido menos lesiones que uno joven o que las experiencias previas sean diferentes.

– ¿Es verdad que se aprenden cosas de las lesiones, como todos los deportistas dicen, o es algo que se dicen para ser optimistas y las lesiones y el dolor es una faena, seas quien seas?

Las lesiones por si mismas no enseñan nada a no ser que decidas trabajarlas a nivel mental. Hay personas que se encierran en sí mismas y no ven ni deporte en televisión lo que señala cierta rigidez. El perfil contrario sería el que busca ayuda psicológica. Cuando algo se lesiona en el cuerpo también algo se lesiona en la mente. Las lesiones de alejan del equipo o de tu rutina, descolocan. Nadie las quiere pero es inherente al juego.

Los psicólogos deportivos aportamos herramientas muy útiles que se entrenan durante la lesión y después de la lesión para incorporarlas en su rutina deportiva.

Sabemos que un deportista estresado, con ansiedad, con presión e incertidumbre, baña su cuerpo en cortisol y adrenalina, se agita la respiración, el corazón aumenta sus latidos y uno se acelera,  tiene una musculatura más propensa a la lesión porque los músculos se tensan y estos son la base del deporte. Así que las técnicas de respiración en las que el número de inhalaciones son más cortas que las exhalaciones ayudan a tranquilizar la mente y con ello las amenazas como la 4-3-7 (inhlar en 4 mantener 3 y exhalar en 7 tiempos)

Está la relajación ENLACE Jacobson que se trabajan la tensión y relajación de diferentes partes del cuerpo, la visualización ENLACE que permite entrenar los ejercicios en tu mente aunque tu cuerpo no los pueda hacer (Carolina) Así que tu cerebro no desconecta de la práctica. No sabe diferenciar entre el ejercicio real e imaginario, se activan las misma zonas cerebrales. Así que visualizar es entrenar y es entrenable.

Escaneo corporal una práctica formal de Mindfulness, desarrollando la capacidad de estar en el cuerpo sin juzgar conectado a él escuchando todas las señales valiosas. Muchas veces el problema está en la gran desconexión mente y cuerpo que existe. El cuerpo hace unas cosas mientras la mente está en otras (muy común en el calentamiento).

Las lesiones deportivas tienen consecuencias negativas para el bienestar mental de los deportistas. No solo aumenta el miedo también la ira, la tristeza y la autoestima por perdida de valía y esto condiciona la recuperación, adherencia, rendimiento e incluso se dan situaciones de abandono deportivo si no se gestiona.  Así que la práctica de mindfulness para aprender a estar con los pensamientos y emociones de otro modo facilitan un mayor bienestar y equilibrio emocional que influye en la adherencia al programa de recuperación, relación con el entorno y equipo médico, reactividad emocional tras la lesión, una relación diferente con el dolor etc.

Ver y escuchar testimonios de deportistas que han superado lesiones es también de ayuda porque habre el foco.

 

Aquí un enlace a la wed La parte psicológica de las lesiones.

 

Enlaces de la semana relacionados con las lesiones de otros deportistas.

Rafa Nadal se retira de la Laver Cup 2019 por una lesión de muñeca.

La épica remontada de Carolina Marín después de 8 meses de lesión

La emoción y las lágrimas de Carolina

 

Categorías
Artículos Psicología del Deporte

Campeones con precocidad

En este enlace os dejo mi nueva colaboración con ABC deportes.

Aquí en pdf

Campeones en precocidad

La risa de Can Oncu cuando ganó el domingo, en Cheste, con quince años, su primera y única carrera en el Mundial de Moto3, era incontenible. La felicidad en el rostro de Alexander Zverev, maestro del tenis con 21 años, desbordaba por sus ojos. El orgullo de Usman Garuba en el Palacio de los Deportes de Madrid defendiendo la camiseta blanca con 16 años superaba incluso sus 202 centímetros de altura. Son campeones y ejemplo de muchos otros que, a su edad, aspiran a esos podios. Aunque no todos llegarán. Ni todos han llegado. Oncu, Zverev, Garuba son, por el momento, los elegidos para triunfar en el deporte. ¿Demasiado pronto?

A una edad en la que el físico y la cabeza están en constante cambio y todavía no se sabe muy bien dónde terminará el desarrollo, la competición puede ser una exigencia demasiado elevada o por el contrario, una vía para encarrilar un talento desatado. «No es incompatible ser adolescente con la competición. Te hace madurar antes y tienes una visión algo más clara de lo que quieres. Cambian tus prioridades, pero el deporte ayuda a que enfoques mejor tus metas que cualquier otro adolescente», observa Sara Bayón, entrenadora de la selección nacional de gimnasia rítmica. Con doce años sabía perfectamente que quería entrar en la selección nacional, con una claridad mayor que la de sus padres, uno de los pilares fundamentales en generar campeones bien orientados. «No pueden querer más que los propios hijos. No tienen que forzar en ningún momento, ni marcar las metas ni decidir por ellos llegar más lejos. Solo quererlos, apoyarlos, para que tengan la mente amueblada», afirma.

«Que tengamos talento para algo no significa que nos tengamos que dedicar a ello. Es difícil rendir al máximo en algo que no nos gusta. Para los progenitores el papel es clave: organizar el tiempo para no tener que decidir o incluso renunciar. Permitir que ese hijo con talento y que quiere continuar en ese camino tenga una vida completa, con diferentes prioridades, pero sin que les hagan sentir que tienen que abandonar cosas que les gustan», habla Lorena Cos, psicóloga del deporte. En la misma línea se expresa Yolanda Cuevas, también psicóloga de alto rendimiento, que subraya la importancia de dejar libertad de elección al adolescente: «A veces los padres ven potencial y los niños son arrastrados sin tener en cuenta sus gustos. Se proyecta aquello que les hubiera gustado a ellos. Forzar nunca es positivo. La mayoría de los niños forzados al deporte no llegarán a la élite, hay que tener los pies en el suelo con las expectativas. Muchos chavales dejan de disfrutar cuando se les exige por encima de sus posibilidades». «Forzar fuerzas un día, pero tiene que ser el deportista el que quiera seguir. Hay muchos casos de personas con mucho talento, que lo han tenido más fácil por eso, pero no les gusta trabajar. Y otros que sin tanto talento lo han logrado también con más trabajo. Lo valoran más. No hay que tirar demasiado de la cuerda ni dejar que se vayan. Una de cal y otra de arena», afina Bayón.

Un proceso largo

Por eso, no se puede utilizar el deporte como arma. «Te da unos valores colectivos, cooperación, responsabilidad. Castigar con no ir a entrenar es un mensaje incoherente porque pierdes todo ese aprendizaje que te sirve para muchas otras cosas», dice Cos. «No se estudia más por dejar el deporte y “tener” más tiempo. Muchas veces pasa al contrario porque la actividad física te ha enseñado a controlar y aprovechar mejor tus momentos de estudio», señala Bayón. «Hay que educar a los niños en la competitividad con ellos mismos, poner el foco en ellos y en su mejora y no en comparar con otros niños. Así que no crecen con una sana autoestima, no se sentirán capaces y abandonan más que se comprometen entrando en un círculo vicioso», acompaña Cuevas.

Si los padres se encargan de acompañar y apoyar, a los entrenadores les recae la responsabilidad de dirigir ese talento. «Hay que tener paciencia para encarrilarlo y administrarlo bien. Deben frenar la euforia si hay resultados a edades tempranas. Hacer entender que no solo es ganar o no una medalla, sino la trayectoria de aprendizaje, destacar qué se ha hecho bien del trabajo del día a día. Y gestionar los objetivos a largo plazo para que esos primeros grandes resultados no se estanquen», sigue Bayón. «Cuando somos pequeños disfrutamos del deporte porque es un juego. Luego pasa a ser una responsabilidad. Se debe enseñar a que hay momentos que no serán divertidos. Pero aun con doce o trece años si tienes esos objetivos claros sabes que solo los conseguirás si te levantas a las cinco de la mañana o te entrenas tantas horas. La interpretación de los momentos no divertidos cambia. Se aprende a disfrutar de otra manera», apostilla Cos.

Por supuesto, subrayan ambas, el entrenador debe ser capaz de transformar una posible «decepción» en un «seguir intentándolo». «Por eso se les debe inculcar pasión. Lo ideal: que te guste la competición para dar tu mayor nivel en ese instante, pero no todos lo logran. En gimnasia rítmica te juegas todo en un minuto y medio, y al ser un deporte de equipo, hay quien lo pasa muy mal por la responsabilidad que tiene sobre las compañeras. No obstante, el adolescente que hace deporte siempre sabe que caer es parte del proceso. No puedes estar siempre bien, pero sí te puedes levantar para llegar al máximo nivel en tu máximo de madurez, tengas la edad que tengas», corrobora Bayón, con mucha experiencia en acoger a niñas de 12 años y convertirlas en adultas de 22. «Es entender el error y la derrota como una lección, una oportunidad. No una amenaza ni mucho menos un fracaso», completa Cos.

Peligro: redes sociales

Tampoco, indica Cuevas, se puede sobreproteger de la decepción: «Cuando no se cumplen las expectativas uno se frustra y los niños de hoy no están acostumbrados a ello porque no se les permite entrenar esa emoción. Se intentan evitar pequeñas decepciones para que no sufran -como los marcadores abultados en ligas inferiores-, pero pierdes una oportunidad de adquirir una fortaleza mental, de entrenar la gestión de la derrota».

Las expertas asumen que, a veces, lo más difícil es crear un entorno sano para el adolescente. «Si todos los días la conversación gira en torno al resultado generas un foco de estrés que puede desembocar en un abandono. La competición forma parte del deporte, pero hay mucho componente de educación. Transmitir esa exigencia por los resultados no es necesario ni primordial ni positivo. Los resultados ya están implantados en la vida: llegar el primero para el bus, la nota para un examen… todo», comenta Cos. «Hay que saber preguntar tras la competición, no solo cuánto habéis quedado o cuántos goles has marcado, sino cuánto has aprendido. No promover la crítica ni las comparaciones ni en casa ni en los grupos de whatsapp», expone Cuevas. «Es un problema de ahora. Hay mucha información de cada deportista en redes sociales. Es muy fácil crear ídolos y también criticar. Una opinión en Instagram sobre tu actuación o tu cuerpo, a estas edades, marca mucho», advierte Bayón.

¿Qué hace a un adolescente campeón? Talento, constancia, pasión, libertad, buen entorno, aprendizaje… no hay fórmula mágica.

Categorías
Podcasts Psicología del Deporte Psicología y Salud

Podcast: Método Jacobson de relajación

La relajación muscular progresiva es una técnica de tratamiento del estrés desarrollada por el médico Edmund Jacobson en 1920. Jacobson argumentaba que ya que la tensión muscular acompaña a la ansiedad, uno puede reducir la ansiedad aprendiendo a relajar la tensión muscular. Este cambio corporal envía información al cerebro de calma y relajación no compatible con la tensión.

Busca el momento del día, agéndalo, se trata de tu momento y de tu bienestar clave para tu día a día. Se comienza tumbado sobre una manta o esterilla, libre de interrupciones ya sean personas o tecnología, con ropa cómoda. Con ello no me refiero a deportiva si no que no prete la ropa ni lleve objetos como relojes, pulseras, zapatos, recogidos en el pelo…que incomoden durante la práctica.
Durante la practica se tensan y relajan diferentes grupos musculares de las extremidades superiores, cara, tronco y extremidades inferiores.
En este audio paso una sola vez por cada grupo muscular pero puedes hacerlo doble hasta que familiarices durante 20-30 minutos y después usar esta versión más reducida.

Una vez familiarizado con la práctica y los grupos musculares no hará falta el audio y en cualquier momento se puede realizar sin tener que estar tumbados. Es decir en diferentes posturas como sentado en cualquier lugar (asiento del coche, silla en el trabajo, en casa, grada en entorno deportivo, de pie…
Recuerda la práctica y con ello la repetición es la clave en el entrenamiento mental, psicológico.

Artículo aquí

Ver en IVOOX

 

Categorías
Artículos Psicología del Deporte

Los penaltis, más cuestión de psicología que de físico.

De un deporte de equipo se pasa a deporte individual cuando llega el momento “penalti”.

Tirar penaltis es una situación estresante pero si de ellos depende dar la victoria o derrota a tu equipo en un partido de eliminatoria el reto se puede convertir en una amenaza. Y se comienza a hablar de que “la portería se hace pequeña”

La presión gana terreno al cerebro y se genera un estado de ansiedad anticipatoria que puede con el jugador. Comienza a pensar en dificultades, anticipando sucesos a nivel mental que la mayoría no ocurren pero que condicionan siempre la ejecución. Se pasa del eustrés necesario para los retos y competiciones, al distrés donde hay tensión y pérdida de control. Un jugador estresado tiene más posibilidades de fallar un penalti, puede reducirse el acierto hasta el 76%.

Los estresores pueden ser externos, la mirada de millones de millones de personas, estadios abarrotados, gritos, presión del entrenador o de los compañeros,  la prensa y sus comentarios… del tipo de penalti. Los datos muestran que si el fallo hace perder la tanda, el porcentaje de acierto es del 60% , si el acierto hace ganar la tanda es del 92%, o durante la propia tanda de penaltis del 76% y durante el tiempo reglamentario es de un 85%.

Esta variación de las cifras responde a lo que el Premio Nobel Daniel Kahneman llama “aversión a la pérdida”. Es decir, el miedo y el rechazo a perder influyen negativamente en los pensamientos y acciones de los deportistas.

También hay que tener en cuenta los estresores  internos como la falta de habilidades para gestionar pensamientos y emociones, falta de confianza o falta de herramientas para gestionar el estrés entre otros.

Los tres momentos clave a nivel psicológico son:

  1. el tiempo de espera tras la prórroga
  2. la espera en el círculo central previo a los tiros
  3. el camino que debe recorrer el lanzador hasta el punto de penalti

En estas situaciones estresantes, de “peligro” el cerebro está programado para la supervivencia, es un experto en ver amenazas, así que entre otros querrá huir y para ello prepara al cuerpo, tensión muscular, cambios en el ritmo de respiración, aceleración del corazón, liberación hormonal…pero la realidad es que se trata de tirar a puerta, no de huir.

Ya sabes que puedes tirar un penalti, aunque no seas uno de los tiradores habituales del equipo. Así que entrena tu mente para ello y no lo dejes al azar o a la suerte, porque los penaltis no son una lotería. No eres tú el que falla penaltis, es tu estrés, es tu cerebro. Así que para ello:

  1. Pensamientos generadores de gol: Se actúa como se piensa. El cerebro trabaja mejor si se lo pones fácil. Dile lo que tiene que hacer, guíale, en vez de hablarte en términos contrarios. Mejor decir “entre los postes”, “centrado” “a la escuadra” “raso” y no “que no le dé al palo” “más vale que no vaya a las gradas”.  Se trata de que el cerebro se centre, no que  se disperse entre esas opciones que provocan los conocidos “errores irónicos” con resultado justo lo contrario a lo que en el fondo se quería conseguir.
  2. Monólogo interior de ganador: “es mío”, “es mi oportunidad”, “si el portero es bueno, yo también” que sostengan un comportamiento atrevido con la confianza y seguridad.
  3. Respirar para aumentar la precisión en faltas o penaltis. La forma en que se respira manda diferentes señales al cerebro que traduce según su duración, profundidad… Se trata de buscar claridad mental para la ejecución.

Ritmo 4 respiraciones normales  -1 respiración profunda (4 secuencias)

Ritmo 1-4-2-1 (inspiración-retención-espiración-retención)

  1. Respiración abdominal para disminuir en un minuto el exceso de activación general en las breves pausas, tras un gran esfuerzo, disminuir tensión en los músculos y reducir la tasa cardiaca. Para esta respiración no forzada se puede arquear el cuerpo hacia delante con las piernas abiertas al ritmo inspiración profunda, retención entre cinco y diez segundos y expiración lenta.
  2. Visualización: entrena a tu cerebro en la visión de tu penalti. El cerebro activa las mismas áreas cerebrales que si fuera real, no distingue entre realidad y ficción. Visualizar la escena con todos los movimientos permite que llegado el momento el cerebro no lo viva como nuevo y la amenaza desciende.
  3. Para las distracciones en aspectos incontrolables, mindfulness: aquí y ahora, eres tú, el balón y la portería. Conecta con tu cuerpo, tu respiración, tu potencia y tu talento, el tacto del balón, tus pies firmes en el césped,  sin perder contacto visual  con tu objetivo para no interrumpir la preparación, no hay nada más. Se trata de estar concentrado, la habilidad de dirigir toda la atención hacia los aspectos que importan. La atención no está en las gradas, en los pitidos, los movimientos del portero o sus gritos. En un estudio de 167 penaltis, los investigadores establecieron que los jugadores que mantenían sus ojos fijos en el guardameta tienen más posibilidades de equivocarse. Pero la realidad es que en las tandas los lanzadores miran al portero el doble de veces que en los penaltis durante los partidos. Conecta con ese momento en el que todo se para para ti, se hace el silencio.
  4. Aunque la procesión vaya por dentro, muéstrate tranquilo y seguro, que el cuerpo lo acompañe con paso firme y recto. Existe un proceso en el cerebro en el momento de tirar un penalti, es el proceso operativo es decir colocación del balón, pasos hacia atrás, la parada, la forma de correr y velocidad y la dirección golpear el balón. No dar la espalda a la portería al preparar la carrerilla demuestra seguridad. La información propioceptiva llega al cerebro y esto evitará que malinterprete y libere la hormona del estrés, cortisol y adrenalina que lo acelera todo demasiado.
  5. Si buscas recuerdos que sean los que sumen. Ese último penalti que fue gol y sus sensaciones. Ese eres tú, puedes repetirlo.
  6. Golpea con confianza, al sitio elegido sin cambiar y sin que dependa de la posición del portero, convencido de lo que haces, porque la duda te debilita y facilita el fallo. Confía en ti, en tu talento, y en tu técnica no estás donde estás por casualidad.
  7. No te apresures tras el pitido e incrementarás el 80% las posibilidades, sino solo tendrás el 57% de acierto.
  8. Celebra el tanto efusivamente, esta visión afecta negativamente al equipo contrario, es el llamado “contagio emocional”.

Todo esto es controlable, si lo entrenas, para un penalti, el resto no.

Con Joaquín jugador del Betis en rueda de prensa. Sevilla-Pringles 16 mayo 2018

Translate »
Call Now Button