Yolanda Cuevas Ayneto

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Mindfulness Psicología y Salud

3 días para parar, respirar y reconectar contigo.

Como psicóloga e instructora de mindfulness certificada, he acompañado a muchas personas a lo largo de diferentes iniciativas como el programa MBSR o Doce meses mindfulness, espacios más profundos y de mayor recorrido en los que cultivar la atención, la conciencia y el bienestar de forma sostenida.

Ahora quiero proponerte algo diferente: una iniciativa más breve, accesible y cercana, pensada para ti si:

-quieres iniciarte en mindfulness

-sientes curiosidad por estas prácticas

-necesitas hacer una pausa y resetearte

-o deseas retomar hábitos de autocuidado que has ido dejando

Porque no siempre hace falta empezar por algo largo.

A veces, pequeños encuentros pueden marcar un antes y un después.

¿En qué consiste?

Se trata de 3 encuentros de 1 hora, online en vivo, los miércoles 20, 27 de mayo y 3 de junio a las 20:00.

Cada sesión estará centrada en un aspecto clave con un enfoque práctico y experiencial. Se enviará material de lectura y meditaciones grabadas.

Día 1 Parar y volver al momento presente

Aprenderás a salir del piloto automático y a conectar con la respiración como ancla al aquí y ahora.

Día 2 Conectar con el cuerpo

Exploraremos cómo el cuerpo nos habla y cómo escuchar sus señales para comprender mejor nuestras emociones y necesidades.

Día 3 Tratarte con amabilidad

Introduciremos la autocompasión como una forma de relacionarte contigo mismo desde el cuidado y la comprensión.

🧘‍♀️ ¿Qué te vas a encontrar?

-Meditaciones guiadas en cada sesión

-Ejercicios sencillos para integrar en tu día a día

-Espacios de reflexión para profundizar en tu experiencia

-Un entorno cercano y seguro donde conectar contigo

💛 Una oportunidad para ti.

Esta iniciativa es una invitación a parar, escucharte y reconectar contigo misma.

Un espacio donde empezar o retomar el camino del mindfulness, desde la sencillez y el cuidado.

Porque conocerte más no requiere grandes cambios, sino momentos de presencia, atención y amabilidad hacia ti.

Si esta iniciativa es para ti te espero dentro.

Escríbeme a yolanda@yolandacuevas.es para reservar tu plaza.

Son limitadas.

Esta iniciativa creada para ti tiene el valor de: 49 euros

No se graba por privacidad.

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Psicología y Salud Trauma

Cuando cuesta pedir ayuda psicológica.

Pedir ayuda psicológica no siempre es fácil. Muchas personas, jóvenes y no tan jóvenes,saben que no están bien, pero aun así se resisten a ir al psicólogo. No porque no lo necesiten, sino porque da miedo, vergüenza o sensación de fracaso.

Si te reconoces en esto, estas ideas pueden ayudarte.

“No estoy tan mal”

Esta es una de las frases más comunes. Solemos pensar que hay que tocar fondo para pedir ayuda.
La realidad es que no hace falta estar fatal para ir al psicólogo.
La terapia no es solo para cuando ya no puedes más, también es para entenderte, prevenir y aprender a cuidarte antes de que el malestar crezca.

👉 Estar “mal suficiente” no es un requisito.

“Debería poder con esto solo”

Crecer escuchando que hay que ser fuerte hace que pedir ayuda parezca debilidad. Pero pedir ayuda no te hace menos capaz, te hace responsable contigo mismo.

Nadie aprende matemáticas, a conducir o a relacionarse sin ayuda.
La salud mental no es diferente.

👉 Ser fuerte también es saber cuándo no puedes solo.

“No sabría qué decir”

No necesitas llevar un discurso preparado. Puedes empezar con algo tan simple como:

  • “No me siento bien y no sé por qué”
  • “Últimamente estoy desbordado”
  • “No sé si esto es grave, pero me preocupa”

El psicólogo está para ayudarte a poner palabras a lo que aún no las tiene.

👉 No saber explicarte también es un motivo para ir.

“Me da vergüenza”

La vergüenza es una emoción muy frecuente cuando hablamos de lo que duele. Pero en terapia no se juzga, no se ridiculiza y no se invalida.

Lo que para ti es difícil, merece ser escuchado.
Y lo que callas por vergüenza suele pesar más de lo que parece.

👉 Hablar con alguien seguro puede aliviar más de lo que imaginas.

“¿Y si ir al psicólogo significa que tengo un problema grave?”

Ir al psicólogo no te pone una etiqueta.
No te define.
No te hace “raro” ni “débil”.

Significa que estás prestando atención a tu bienestar emocional.

👉 Cuidar tu salud mental es tan normal como cuidar tu cuerpo y ambos están relacionados y en comunicación constante.

Recuerda…

Si te cuesta pedir ayuda, puedes empezar diciéndote esto:

“No tengo que poder con todo. Pedir ayuda también es cuidarme.”

Dar el paso no te cambia quién eres,
pero puede cambiar cómo te sientes.

Date una oportunidad y después decide.

Pero ¿Y qué pasa cuando he ido al psicólogo y no me ha ayudado? En la próxima entrada hablo de ello.

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Mindfulness Psicología y Salud

Entrenamiento del nervio vago

El nervio vago es una de las piezas clave para entender cómo funciona tu bienestar emocional y físico. No es solo un concepto de moda en psicología: es un sistema real, biológico, que conecta tu cerebro con órganos como el corazón, los pulmones o el intestino, influyendo directamente en cómo te sientes, cómo respondes al estrés y cómo te recuperas de él.

Forma parte del sistema nervioso parasimpático, encargado de ayudarte a salir del estado de alerta. Dicho de forma sencilla, es el sistema que le dice a tu cuerpo: “ya estás a salvo, puedes relajarte”. Cuando este sistema funciona de forma equilibrada (lo que se conoce como buen tono vagal), es más fácil regular las emociones, descansar bien, digerir correctamente y afrontar las dificultades con mayor claridad.

El problema es que vivimos en un contexto que activa constantemente el sistema de alerta: prisas, exigencia, sobrecarga mental, incertidumbre… Cuando esto se mantiene en el tiempo, el nervio vago pierde eficacia y el cuerpo se acostumbra a vivir en tensión. Esto no solo afecta al estado emocional, sino también al cuerpo: fatiga, problemas digestivos, dificultad para desconectar o sensación de estar siempre “en marcha”.

La buena noticia es que el nervio vago se puede entrenar. No desde la exigencia, sino desde la repetición de pequeñas experiencias de seguridad.

Algunas de las formas más eficaces de estimularlo son:

  • Respiración lenta y consciente: especialmente al alargar la exhalación. Esto envía una señal directa de calma al sistema nervioso.
  • Contacto con el cuerpo: prácticas como el mindfulness, el escaneo corporal o simplemente parar y notar sensaciones ayudan a reconectar.
  • Movimiento suave: caminar, estirarte o practicar yoga favorece la regulación del sistema.
  • Relaciones seguras: sentirte escuchado, acompañado o en conexión con otros regula profundamente el sistema nervioso.
  • Estimulación vocal: cantar, tararear o incluso hablar de forma calmada activa el nervio vago.
  • Rutinas de descanso: respetar pausas y tiempos de recuperación es clave para que el sistema pueda resetearse.

Entrenar el nervio vago no consiste en “estar siempre tranquilo”, sino en tener la capacidad de volver a la calma después del estrés. Es flexibilidad, no perfección.

Cuando empiezas a trabajar con tu sistema nervioso en lugar de luchar contra él, cambia la forma en la que te relacionas contigo mismo. Aparece más comprensión, más regulación y, poco a poco, más bienestar.

Porque la calma no es algo que se fuerza.

Es algo que el cuerpo aprende a permitir.

Te dejo ejercicios concretos, simples y aplicables en el día a día para estimular el nervio vago y favorecer la regulación del sistema nervioso:

1. Respiración con exhalación larga

Inhala por la nariz durante 4 segundos y exhala lentamente por la boca durante 6–8 segundos.

Hazlo durante 2–5 minutos.

👌🏼 La clave está en alargar la exhalación, porque activa directamente la respuesta de calma.

2. Tarareo o canto

Tararea una canción, canta o incluso haz sonidos suaves durante unos minutos.

👌🏼 La vibración en la garganta estimula el nervio vago a nivel fisiológico. Pasa por detrás. 

3. Agua fría en el rostro

Salpica tu cara con agua fría o aplica una compresa fría en mejillas y ojos durante 20–30 segundos.

👌🏼 Activa el llamado “reflejo de inmersión”, ayudando a reducir la activación.

4. Escaneo corporal

Cierra los ojos y lleva la atención lentamente por tu cuerpo (pies, piernas, abdomen, pecho, cara), sin cambiar nada, solo observando.

👌🏼Ayuda a reconectar con el cuerpo y salir del exceso de mente.

Te dejo mis dos escaneos corporales:

Aquí

Aquí

5. Balanceo suave

Siéntate y balancéate suavemente hacia delante y hacia atrás o de lado a lado.

👌🏼  El movimiento rítmico genera sensación de seguridad en el sistema nervioso.

6. Abrazo consciente 

Abrázate a ti mismo (o a alguien de confianza) durante al menos 20–30 segundos.

👌🏼 El contacto sostenido transmite seguridad y regula el sistema.

7. Mirada segura

Mira a tu alrededor lentamente y nombra (mentalmente o en voz baja) 5 cosas que ves.

👌🏼 Ayuda al cerebro a salir del modo amenaza y situarse en el presente.

8. Movimiento lento y consciente

Camina despacio prestando atención a cada paso o haz estiramientos suaves.

👌🏼 El cuerpo aprende que puede moverse sin estar en alerta.

9. Respiración con manos en el cuerpo

Coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen. Respira notando el movimiento bajo tus manos.

👌🏼 Aumenta la sensación de seguridad interna.

10. Pausa de seguridad

Haz una pausa y pregúntate:

¿Ahora mismo estoy a salvo? ¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo? 

👌🏼 Muchas veces el cuerpo sigue en alerta aunque el peligro ya no esté.

No necesitas hacerlos todos.

Lo importante es la regularidad, no la perfección. Pero empieza.

Pequeños momentos repetidos de calma son los que enseñan a tu sistema nervioso que puede soltar.

Ya me cuentas tu cambios!

Categorías
Artículos autocuidado Parejas Psicología y Salud

Carta a un hombre que duda sobre ir a terapia de pareja

Screenshot

Quizá tu pareja te ha propuesto ir a terapia y tu primera reacción ha sido pensar:

“Yo no tengo ningún problema.”

“¿Para qué vamos a ir?”

“Eso es cosa suya.”

Si te soy sincera, esa reacción es más común de lo que imaginas.

Como psicóloga que trabaja con parejas, he visto muchas veces cómo los hombres llegan a ese momento con dudas, incomodidad o incluso con cierta sensación de amenaza. Y quiero decirte algo importante desde el principio: esas dudas son comprensibles.

Muchos hombres han crecido con la idea de que los problemas se solucionan solos, trabajando más duro, aguantando o pasando página. También han aprendido que hablar demasiado de emociones no sirve para nada o que abrirse puede hacerles quedar expuestos.

Con esos aprendizajes, es lógico que la idea de sentarte en una consulta para hablar de lo que ocurre en tu relación no resulte especialmente atractiva. Da igual la causa o lo que actúa de disparador propio o de tu pareja o del momento vital.

Pero la terapia de pareja no es lo que muchas personas imaginan.

No es un lugar donde alguien va a decirte que eres el culpable de lo que ocurre. No es un juicio. No es un interrogatorio.

La terapia es simplemente un espacio donde poder entender mejor lo que está pasando entre los dos. Venga de quien venga.

Muchas veces las discusiones, las diferencias, las necesidades de pareja no tienen tanto que ver con quién tiene razón, sino con algo más profundo: sentirse escuchado, valorado, importante para el otro.

Cuando esas necesidades no se sienten seguras, cada persona reacciona como sabe. Algunos atacan, otros se defienden, otros se callan o se distancian.

Y poco a poco se crea una dinámica donde ambos terminan sintiéndose incomprendidos.

En consulta no trabajamos para decidir quién está bien y quién está mal. Trabajamos para entender esa dinámica y ayudaros a salir de ella.

También quiero decirte algo que muchos hombres descubren cuando finalmente se animan a venir: La terapia no solo ayuda a la relación.

También puede ayudarte a entenderte mejor a ti mismo.

A comprender por qué ciertas conversaciones te resultan tan incómodas.

Por qué a veces prefieres callar o apartarte cuando hay tensión.

Por qué algunas discusiones parecen escalar más de lo que deberían.

Y cuando uno empieza a entenderse mejor, también encuentra formas nuevas de relacionarse.

No necesitas tener todas las respuestas para acudir a una primera sesión. No necesitas ir convencido al cien por cien. A veces basta con algo mucho más sencillo: curiosidad y verlo como una oportunidad.

La curiosidad de ver si ese espacio puede ayudaros a entenderos mejor.

La curiosidad de escuchar a tu pareja en un contexto diferente.

La curiosidad de comprobar que hablar no siempre significa discutir.

Ir a una primera sesión no te obliga a nada.

No significa que estés admitiendo que todo es culpa tuya.

Ni que la relación esté rota.

Significa simplemente que estás dispuesto a explorar si hay una manera mejor de entenderos y de cuidar lo que habéis construido juntos.

Y eso, lejos de ser una debilidad, suele ser un gesto de responsabilidad afectiva y de valentía.

Porque las relaciones importantes merecen, al menos, la oportunidad de ser comprendidas.

Artículos anteriores relacionados:

10 motivos para acudir a terapia de pareja. Aquí

Cuando una quiere ir a terapia de pareja y el otro no. Aquí

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Psicología y Salud

Cambio de amistades en la adolescencia

Querido padre y madre:

La adolescencia es una etapa en la que las amistades empiezan a tener un peso muy importante en la vida de los hijos. A través de ellas no solo comparten tiempo y experiencias, sino que también van construyendo su identidad, su autoestima y su manera de relacionarse con los demás.

En este proceso es normal que aparezcan cambios en los grupos de amigos, conflictos, decepciones o momentos en los que se sienten excluidos o tratados de una forma que les hace daño. Aunque para los adultos pueda parecer algo “propio de la edad”, para ellos suele ser vivido con mucha intensidad.

Por eso, más que intentar resolver rápidamente la situación o decirles qué deberían hacer, es muy valioso acompañarles a reflexionar sobre lo que sienten y sobre cómo les tratan las personas con las que se relacionan. Estas conversaciones les ayudan a desarrollar algo fundamental para su vida: aprender a reconocer relaciones que les hacen bien, fortalecer su autoestima y empezar a poner límites cuando algo no les hace sentir respetados.

Cuando los padres cuentan con herramientas para escuchar, preguntar y acompañar sin juzgar, se convierten en una base segura desde la que los hijos pueden aprender a elegir amistades más sanas y a cuidarse en sus relaciones.

Acompañar estos procesos no significa evitarles todas las dificultades, sino ayudarles a comprender lo que viven, poner palabras a sus emociones y aprender poco a poco a darse el valor que merecen en sus relaciones.

¿Estás preparado/a? ¿Sientes que antes necesitas trabajarte en ciertas habilidades?

Para ti, adolescente:

A lo largo de la vida vamos conociendo a muchas personas y no todas las amistades nos hacen sentir igual. Algunas nos hacen sentir tranquilas, valoradas y libres para ser quienes somos. Otras veces, en cambio, podemos sentirnos confundidas, poco escuchadas o como si tuviéramos que esforzarnos mucho para encajar.

Cuando algo así pasa, no significa que haya “algo mal” en ti. A veces simplemente estamos aprendiendo qué tipo de relaciones nos hacen bien y cuáles no encajan tanto con lo que necesitamos.

Por eso vamos a hacer un pequeño ejercicio de reflexión. La idea no es juzgar a nadie ni decidir rápidamente quién es bueno o malo, sino mirar con calma cómo te has sentido tú en tus diferentes amistades desde tu infancia. A veces, cuando comparamos nuestras experiencias, podemos entender mejor qué cosas nos hacen sentir bien, qué cosas nos duelen y qué tipo de personas nos gustaría tener cerca.

Tus sentimientos son una información muy valiosa. Escucharlos te puede ayudar a cuidarte, valorarte más y elegir relaciones donde te sientas respetada y tranquila siendo tú misma.

Vamos a empezar pensando primero en cómo fue tu experiencia con tus amigas anteriores y después en cómo te sientes con tus nuevas amigas.

Preguntas sobre sus amigas anteriores

  • ¿Cómo te sentías normalmente cuando estabas con tus amigas anteriores?
  • ¿Qué cosas te gustaban de esa amistad?
  • ¿Qué cosas te hacían sentir incómoda o triste?
  • ¿Te sentías escuchada cuando contabas algo importante para ti?
  • Cuando había un problema, ¿cómo lo resolvíais?
  • ¿Sentías que podías ser tú misma o a veces tenías que adaptarte para encajar?
  • ¿Había momentos en los que te sentías excluida o poco importante?
  • ¿Qué aprendiste de esas amistades?
  • Si pudieras cambiar algo de cómo te trataron, ¿qué sería?

Preguntas sobre las nuevas amigas

  • ¿Cómo te sientes cuando estás con tus nuevas amigas?
  • ¿Qué cosas hacen que te hacen sentir bien?
  • ¿En qué momentos sientes que te escuchan o te tienen en cuenta?
  • ¿Te sientes más libre para ser tú misma con ellas?
  • ¿Qué tipo de cosas hacéis juntas que disfrutas?
  • Cuando no estás con ellas, ¿cómo te quedas emocionalmente?
  • ¿Sientes que te respetan cuando dices lo que piensas?
  • ¿Qué es lo que más valoras de estas nuevas amistades?

Preguntas para comparar y tomar conciencia

  • Si comparas cómo te sentías antes y cómo te sientes ahora, ¿qué notas diferente?
  • ¿Con qué grupo te has sentido más tranquila siendo tú misma?
  • ¿Dónde has sentido más respeto hacia ti?
  • ¿En qué grupo te has sentido más valorada?
  • ¿Con quién te sientes más libre de decir lo que piensas?
  • ¿Qué tipo de amistades te gustaría seguir teniendo en tu vida?
  • ¿Qué has aprendido sobre lo que necesitas en una amistad?

¿Cómo te gustaría que fueran las amistades que te acompañen en tu vida?

Esta pregunta está creada para ayudarte  a conectar con sus valores y no solo con lo que ha pasado.

Ahora te propongo 3 ejercicios sencillos y muy poderosos.

  1. El termómetro de las amistades

Te invito a indagar como estásdespués de estar con cada grupo de amigas/os.

  • Cuando quedabas con tus amigas anteriores, ¿cómo te sentías al volver a casa?
  • ¿Con más energía o más cansada emocionalmente?
  • ¿Te sentías tranquila o con muchas dudas en la cabeza?
  • ¿Sentías que podías ser tú misma o que tenías que esforzarte mucho para encajar?

Ahora con las nuevas amigas/os:

  • ¿Cómo te sientes después de estar con ellas?
  • ¿Qué emociones aparecen más: alegría, tranquilidad, inseguridad, presión…?


¿Qué tipo de personas hacen que tu “termómetro emocional” suba y cuáles lo bajan?

2. Las amistades que suman y las que restan

Puedes dibujar dos columnas:

Amistades que suman                                         Amistades que restan

Preguntas para ayudarle a reflexionar:

  • ¿Qué hacen las personas que te hacen sentir bien?
  • ¿Cómo te tratan cuando cometes un error?
  • ¿Cómo te hablan?
  • ¿Cómo te sientes cuando estás con ellas?
  • ¿Qué hacen las personas que te hacen sentir pequeña o incómoda?
  • ¿Qué cosas hacen que te hagan dudar de ti?
  • ¿Qué comportamientos te hacen daño?


¿En qué columna pondrías a tus antiguas amigas? ¿Y a las nuevas?

3. La prueba de la mejor amiga

Este ejercicio ayuda mucho a despertar autoestima y límites.

Pregúntate:

  • Si tu mejor amiga estuviera viviendo exactamente lo que tú viviste con tus antiguas amigas, ¿qué le dirías?
  • ¿Le dirías que merece ese trato o que merece algo mejor?
  • ¿Qué consejo le darías?

Después:

  • ¿Te mereces tú algo diferente?
  • ¿Qué tipo de personas crees que encajan más con lo que tú mereces?

Crecer también significa ir descubriendo qué tipo de personas queremos cerca en nuestra vida. No todas las amistades duran para siempre, y eso no es un fracaso, sino parte del camino de conocernos mejor.

Cada experiencia con otras personas nos enseña algo: qué nos hace sentir bien, qué nos duele y qué tipo de relaciones nos ayudan a ser nosotros mismos. Escuchar cómo te sientes cuando estás con alguien es una forma muy importante de cuidarte.

Recuerda que mereces amistades donde te sientas respetado, escuchado y valorado. Personas con las que puedas reír, equivocarte, ser tú mismo y sentirte tranquilo.

A veces crecer también implica tomar decisiones valientes: poner límites, alejarte de lugares donde no te sientes bien y acercarte a quienes sí te tratan con respeto.

Porque rodearte de personas que te hacen bien no es solo una elección…
es una forma de darte el valor que mereces.

Te abrazo,

Yolanda Cuevas

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Psicología y Salud Trauma

Una nueva mirada para la salud

He tenido la oportunidad de compartir una jornada con el Dr. José Luis Marín organizada por la Asociación TCA de Aragón. Tras su intervención pude felicitarle, agradecerle su labor y compartir también mi propia experiencia profesional cuando decides trabajar “a contracorriente”.

En 2012 tomé la decisión de trabajar desde el abordaje del trauma y las experiencias adversas, incorporando EMDR a mi práctica clínica. En aquel momento, se me miraba “raro”. Hablar de trauma, de apego, de historia vital, no era lo habitual en muchos contextos clínicos. Catorce años después, algunos de aquellos colegas hoy se están formando precisamente en trauma y apego.

Eso me reafirma en algo profundamente importante: la ciencia evoluciona, pero también lo hace nuestra mirada.

Elegí mirar a la persona, no a la etiqueta diagnóstica. Elegí no reducir el sufrimiento a un manual. Elegí no depositar toda la esperanza en la medicación, ni asumir como incuestionable lo que durante décadas se dio por sentado. Y eso me permitió trabajar desde otro lugar: desde el vínculo, desde la comprensión, desde la historia.

Para mí hay ideas que son clave:

  • La historia de nuestra vida cuenta más de lo que creemos. Por eso la pregunta “¿qué te pasa?” necesita transformarse en “¿qué te ha pasado?”. No es lo mismo hablar de un fallo que de una herida.
  • La medicación puede ser un recurso valioso, pero no es un milagro. No debería haber medicación sin un espacio terapéutico que escuche, integre y dé sentido. Cuando solo tratamos el síntoma, sin ir a la raíz, el alivio puede convertirse en dependencia.
  • El motivo de consulta suele ser el síntoma, pero el síntoma no es el problema: es la señal. Es el lenguaje del cuerpo y del sistema nervioso intentando adaptarse a algo que fue demasiado.
  • Medicalizar y patologizar el sufrimiento humano no siempre es la solución. A veces lo que llamamos “trastorno” es una respuesta coherente a experiencias incoherentes.
  • No existe salud mental por un lado y salud física por otro. Existe salud. Cuerpo y mente están profundamente unidos. El cuerpo recuerda. El cuerpo revive. El cuerpo reacciona a la historia vivida, incluso cuando la mente intenta olvidar.
  • El trauma y las experiencias adversas necesitan ser escuchadas, comprendidas, elaboradas y procesadas. No desaparecen porque las ignoremos. El pasado no está pasado, está presente.
  • La etiqueta diagnóstica puede aliviar a corto plazo porque ofrece una explicación, pero también puede limitar y condicionar la identidad si no se maneja con cuidado. El objetivo no es que alguien “aprenda a convivir con su etiqueta”, sino que gane autonomía y capacidad de autorregulación.
  • Detrás del malestar siempre hay múltiples factores: biológicos, psicológicos, relacionales, sociales y estructurales. Solo una mirada amplia permite una intervención profunda y cambios a futuro.

Trabajar desde el trauma no es buscar culpables, es buscar comprensión. No es revivir el dolor, es integrarlo. No es anclarse en el pasado, es liberar el presente.

Y lo más esperanzador de todo: el sistema nervioso puede repararse. El vínculo sana. El cerebro cambia incluida la química. La persona no está rota; se adaptó como pudo.

Seguir apostando por ver personas y no enfermedades, historias y no etiquetas, procesos y no solo síntomas, es para mí un compromiso ético y humano.

Y cada vez somos más.

Categorías
Artículos bienestar Psicología y Salud

No sé qué decirle a mi amiga.

Muchas veces en consulta me comparten la dificultad de acompañar a una persona que ven que tiene un problema de salud mental. Da igual la edad.

Hoy quiero invitarte a una reflexión importante, especialmente si eres adolescente o joven.

Muchas veces, cuando un amigo o una amiga está mal a nivel psicológico, no sabemos qué hacer. Queremos ayudar, pero no sabemos qué decir, qué no decir, cuándo hablar y cuándo simplemente estar. Y ese no saber puede llevarnos al silencio, a frases bienintencionadas pero dolorosas, o a alejarnos justo cuando la otra persona más necesita compañía.

La realidad es que no nos enseñan a acompañar el sufrimiento emocional, ni en casa ni en el cole. Nadie nos explica que escuchar sin juzgar ya es una forma profunda de ayuda. Que no hace falta tener soluciones, consejos brillantes ni palabras perfectas. Que frases como “anímate”, “no es para tanto” o “todo pasa” pueden aumentar la sensación de soledad, aunque vengan desde el cariño.

Cuando un amigo vive con depresión, ansiedad u otro malestar psicológico, lo más importante no es saber qué decir, sino saber cómo estar: estar disponible, estar presente, estar dispuesto a escuchar sin corregir lo que el otro siente.

Acompañar a alguien con depresión o malestar psicológico no es tener las palabras perfectas, es tener una actitud clara.

Algunas claves importantes:

  • Escucha más de lo que hablas. No hace falta responder a todo.
  • Valida lo que siente, aunque no lo entiendas del todo:
    “Siento que estés así”, “Debe ser muy duro para ti”.
  • Evita comparar con otras personas o situaciones.
  • Respeta su ritmo, pero no desaparezcas.

También es importante saber que acompañar no es cargar con todo. Que cuidar de un amigo no significa convertirse en su terapeuta ni guardar secretos que pesan demasiado. Si tu amigo: habla de hacerse daño, dice que no quiere vivir, se aísla completamente, o notas que la situación te desborda, pide ayuda.

Pedir ayuda a un adulto de confianza o a un profesional no es traicionar; muchas veces es un acto de amor y responsabilidad.

Hoy quiero recordarte algo esencial:
👉 tus palabras importan, pero tu presencia importa aún más.
👉 no decir nada puede doler más que no decirlo perfecto.
👉 hablar de salud mental entre amigos puede salvar vínculos… y a veces, vidas.

En este Día de la Depresión, ojalá empecemos a preguntarnos más:
¿Cómo puedo acompañar mejor a alguien que está sufriendo?
¿Qué necesita realmente la persona que tengo delante?

Porque aprender a estar cuando el otro lo pasa mal es una habilidad emocional clave para toda la vida.
Acompañar bien también se aprende.

Y para cuando recomiendes pedir ayuda y se resista…

Pedir ayuda psicológica no siempre es fácil. Muchas personas saben que no están bien, pero aun así se resisten a ir al psicólogo. No porque no lo necesiten, sino porque da miedo a lo desconocido, miedo a conectar con la realidad, vergüenza o sensación de fracaso.

En el próximo artículo hablaré de ello.

Te abrazo y deseo que haya sido inspirador.

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Psicología y Salud

Nuevo año, nueva oportunidad

Sí porque el cerebro aprovecha ciertas fechas como la vuelta de vacaciones, los cumpleaños, el inicio del año para resetearnos. Conectar con quien queremos llegar a ser, dejar atrás lo que no y darse otra oportunidad, un nuevo impulso, una nueva conexión, una mayor sensación de control.

Queremos ser mejores en algo que sabemos que es bueno, que nos haría bien, que tenemos pendiente. ¿Qué sería de la vida sin esta parte?

Pero hay que saberlo hacer.

Cada comienzo de año, cada lunes o cada momento de crisis, muchas personas se hacen la misma promesa: “esta vez sí”. Sin embargo, a los pocos días, meses esa intención se diluye y aparece la culpa, la frustración o la sensación de haber fallado otra vez.

Desde la psicología sabemos que este fenómeno no tiene que ver con la falta de fuerza de voluntad. Tiene que ver con cómo nos planteamos los objetivos y desde dónde lo hacemos.

Este artículo es una invitación a reflexionar sobre una pregunta clave:

¿Me estoy poniendo objetivos solo desde la cabeza o también desde el cuerpo y la emoción?

Deseos, propósitos y objetivos: no son lo mismo

Muchas veces usamos estas palabras como si fueran sinónimos, pero psicológicamente no lo son.

  • Los deseos son aspiraciones. Algo que nos gustaría que ocurriera: “me gustaría estar más tranquilo”, “ojalá cuidarme más”. No implican acción.
  • Los propósitos son intenciones bienintencionadas, pero vagas: “este año voy a priorizarme”, “voy a ser menos exigente”. Suenan bien, pero no indican cómo hacerlo.
  • Los objetivos reales se traducen en conductas concretas, posibles y observables. Son los únicos que el cerebro puede sostener en el tiempo.

El problema es que muchas personas se quedan atrapadas en los deseos o en los propósitos, esperando que el cambio ocurra casi por arte de magia.

¿Por qué abandonamos tan rápido?

Uno de los motivos principales es que el cerebro no está diseñado para el cambio rápido, sino para la supervivencia y la eficiencia. Cambiar implica gastar energía, salir de lo conocido y tolerar cierta incomodidad.

Además, solemos caer en algunos errores frecuentes:

  • Plantearnos objetivos demasiado grandes.
  • Confiar solo en la motivación inicial.
  • Exigirnos constancia perfecta.
  • Convertir el objetivo en una nueva forma de presión.

Cuando aparece el cansancio, la falta de tiempo o un mal día, el cerebro elige volver a lo familiar. No por pereza, sino por protección.

El gran olvidado: sentir el objetivo

La mayoría de las personas se pone objetivos desde el “tengo que”:

“Tengo que hacer más ejercicio”

“Tengo que meditar”

“Tengo que organizarme mejor”

Pero rara vez se detienen a preguntarse:

¿Cómo quiero sentirme con este objetivo?

El cerebro no se mueve solo por razones lógicas. Se mueve por emoción, significado y sensación. Si un objetivo no conecta con una experiencia interna agradable (calma, alivio, coherencia, autocuidado) se vive como una obligación más y genera resistencia.

Pensar menos en el “qué” y más en el “para qué”

Un objetivo empieza a sostenerse cuando deja de ser una exigencia y se convierte en un acto de cuidado.

No es lo mismo decir:

  • “Voy a meditar todos los días”

que decir:

  • “Quiero empezar el día con un poco más de calma”

En el segundo caso, la conducta aparece como consecuencia natural de una necesidad emocional real.

Características de los objetivos que sí funcionan

Los objetivos sostenibles suelen tener algo en común:

  • Son concretos y claros.
  • Son pequeños y alcanzables.
  • Están adaptados a la vida real, no a la ideal.
  • Se basan en conductas, no en resultados.
  • Son flexibles, no rígidos.
  • Tienen un sentido personal.
  • Se plantean desde la amabilidad, no desde la culpa.

Una pregunta muy útil para evaluarlos es:

¿Puedo hacer esto incluso en un día difícil?

Si la respuesta es no, probablemente el objetivo necesite ajustarse.

El cuerpo también decide

Cuando un objetivo se siente seguro, posible y respetuoso, el cuerpo colabora. Cuando se siente impuesto, excesivo o castigador, el cuerpo se tensa y se defiende.

Por eso muchas veces no es que falte disciplina, sino que el sistema nervioso está saturado.

Antes de añadir más exigencias, conviene preguntarse:

  • ¿De qué estoy realmente cansado?
  • ¿Qué necesitaría ahora mismo?
  • ¿Qué pequeño gesto de cuidado puedo sostener?

El cambio profundo no suele ser espectacular. No ocurre de golpe ni de forma perfecta. Ocurre en gestos pequeños, repetidos y coherentes.

Elegir descansar un poco más.

Parar dos minutos a respirar.

Decir que no cuando el cuerpo ya está al límite.

Eso también es avanzar.

Quizá no se trate de proponernos más cosas, sino de escucharnos mejor. De dejar de tratarnos como proyectos a mejorar y empezar a tratarnos como personas que necesitan cuidado.

Porque los objetivos que realmente transforman no son los más ambiciosos, sino los que se sienten como un acto de respeto hacia uno mismo.

El verdadero cambio no empieza cuando te exiges más, sino cuando empiezas a acompañarte mejor.

Y antes de empezar te propongo estas preguntas:

Respóndelas con honestidad y amabilidad. A veces, la claridad llega más por las preguntas que por las respuestas.

1¿Por qué quiero hacer este cambio? ¿Qué significado tiene para mí?

2¿Cómo quiero sentirme si logro este cambio?

3¿Qué acción específica puedo hacer que me acerque a este cambio?

4¿Puedo vincular esta acción a un momento del día que ya existe (un anclaje temporal)?

5¿Qué recursos, apoyos o herramientas necesito para sostener este cambio?

6¿Estoy esperando perfección o constancia imperfecta y progresiva?

7¿Qué podría dificultar que mantenga este cambio y cómo puedo prepararme?

8¿Qué haré si un día no logro cumplirlo? ¿Cómo volveré sin culpa?

9¿Este cambio es posible de mantener incluso en días difíciles o solo cuando estoy motivado/a?

10¿Este cambio me cuida y me respeta a mí mismo/a o me exige demasiado?

Si al leer este artículo sientes que te cuesta sostener los cambios, que te exiges demasiado o que llevas tiempo intentando mejorar sin sentirte mejor, no tienes que hacerlo solo o sola.

Contar con acompañamiento psicológico puede marcar la diferencia entre repetir el ciclo de motivación, abandono y empezar un proceso de cambio más consciente, respetuoso y sostenible.

Trabajo como psicóloga tanto en modalidad online como presencial, acompañada por un equipo de profesionales cualificados.

Si estás buscando apoyo psicológico, pedir ayuda también es una forma de autocuidado.

Cuando el cambio se apoya en el cuidado y no en la exigencia, deja de ser una lucha y se convierte en un camino.

Un abrazo.

Categorías
autocuidado bienestar Psicología y Salud

Una carta para ti.

Escribirte una carta para leerla dentro de 5 años es mucho más que un gesto simbólico. Es una práctica de pausa, de conexión contigo y de responsabilidad emocional hacia la persona que serás. No busca predecir el futuro ni marcar objetivos rígidos, sino dejar un testimonio honesto del presente y ofrecer a tu yo futuro algo que a menudo olvidamos: comprensión.

Desde la psicología, sabemos que tomar perspectiva temporal ayuda a reducir la autoexigencia, a flexibilizar la relación con el cambio y a fortalecer una identidad más estable y amable. Esta carta no es un contrato con el futuro; es un acto de cuidado.

¿Por qué puede ser tan beneficioso este ejercicio?

Escribir esta carta favorece procesos psicológicos muy valiosos:

  • Facilita la autorreflexión consciente, ayudándote a ordenar pensamientos y emociones.
  • Refuerza la conexión con valores personales, más allá de metas externas.
  • Reduce la presión del “tengo que llegar a ser” y la comparación constante.
  • Promueve la autocompasión y un diálogo interno más respetuoso.
  • Deja un anclaje emocional que puede ser especialmente reconfortante en momentos de dificultad futura.

Muchas personas viven orientadas al futuro sin habitar el presente. Esta carta invierte ese movimiento: te invita a estar aquí, ahora, y desde ahí escribir.

Antes de empezar a escribir

Busca un momento tranquilo. No es un ejercicio para hacer con prisa.
Respira unos minutos, conecta con tu cuerpo y con el momento vital en el que estás.

No intentes escribir “bonito” ni “correcto”. Lo importante es la honestidad emocional, no la forma. Esta carta no es para demostrar nada, es para acompañar.

¿Qué puedes incluir en la carta?

No es necesario incluirlo todo. Puedes elegir lo que resuene contigo. A continuación, te propongo distintas áreas que suelen dar profundidad y sentido al ejercicio. Son inspiración no obligación.

1. Una fotografía emocional del presente

Más allá de los hechos, deja constancia de cómo te sientes hoy.

  • Cómo es tu ritmo de vida.
  • Qué te cansa y qué te nutre.
  • Qué emociones están más presentes.

Nombrar el estado emocional actual ayuda a que tu yo futuro pueda mirar el pasado con comprensión, sin idealizarlo ni juzgarlo.

2. El momento vital que estás atravesando

Describe brevemente en qué punto de tu vida te encuentras:

  • Cambios, decisiones, dudas.
  • Etapas de cierre o de inicio.
  • Sensación de estabilidad o de transición.

No para justificarte, sino para contextualizarte.

3. Tu diálogo interno actual

Dejar por escrito cómo te hablas hoy es una forma muy clara de conciencia psicológica.

  • Qué te dices cuando fallas.
  • Qué te repites cuando dudas.
  • Qué frases te acompañan en los momentos difíciles.

Esto permite ver la evolución interna cuando la releas dentro de cinco años.

4. Lo que estás aprendiendo (aunque no sea cómodo)

Los aprendizajes más importantes no siempre son agradables.

  • Límites.
  • Relación con el descanso.
  • Vínculos.
  • Aceptar lo que no puedes controlar.

Nombrarlos da sentido a procesos que, de otro modo, quedan solo como desgaste.

5. Lo que estás soltando

Esta parte es especialmente reparadora.

  • Expectativas ajenas.
  • Autoexigencia excesiva.
  • Roles que ya no encajan.
  • Culpa innecesaria.

Dejarlo escrito es una forma simbólica de alivio.

6. Lo que deseas conservar pase lo que pase

No son metas, son pilares internos:

  • Tu sensibilidad.
  • Tu capacidad de parar.
  • Tu honestidad emocional.
  • Tu manera de cuidarte y cuidar.

Esto conecta con valores profundos, no con resultados.

7. Permisos para tu yo futuro

Los permisos alivian más que las exigencias.

  • Permiso para cambiar.
  • Permiso para no cumplir expectativas.
  • Permiso para equivocarte.
  • Permiso para elegir distinto.

Escribe aquello que sabes que tiendes a olvidarte cuando pasa el tiempo.

8. Un mensaje de regulación emocional

Piensa que quizá tu yo de dentro de cinco años lea esta carta en un momento difícil.

Puedes incluir:

  • Un recordatorio de respirar.
  • De volver al cuerpo.
  • De pedir ayuda.
  • De no tomar decisiones desde el agotamiento.

Esto convierte la carta en un recurso interno.

9. Agradecimiento al presente

Reconoce el esfuerzo que estás haciendo hoy, incluso si no es visible.

  • Decisiones difíciles.
  • Procesos internos.
  • Cambios silenciosos.

El agradecimiento fortalece la autoestima de una forma realista y madura.

10. Preguntas abiertas

Las preguntas cuidan más que las afirmaciones.

  • ¿Qué es importante para ti ahora?
  • ¿Qué necesitas hoy?
  • ¿Dónde te estás olvidando de ti?

No buscan respuesta inmediata, sino reflexión.

11. Un cierre simbólico

Cierra la carta con una frase que te ancle:

  • Un deseo amable.
  • Una promesa realista.
  • Un recordatorio de autocuidado.

Algo que te recuerde que, pase lo que pase, sigues contigo.

Recomendaciones importantes

  • Evita convertir la carta en una lista de logros.
  • No escribas desde la presión ni desde el deber.
  • Permítete vulnerabilidad y verdad.
  • Si aparecen emociones intensas, para y vuelve al cuerpo.
  • Puedes acompañar el ejercicio con una breve práctica de respiración o mindfulness. Tienes muchas aquí
  • Guarda la carta en un lugar especial o programa un recordatorio para abrirla dentro de cinco años. Puedes programar un email a ti misma, anotarlo en tu agenda electrónica y si es de papel cada final de año recuerda anotarlo al siguiente año.

Escribirte una carta para leer dentro de cinco años es un acto de presencia hoy y de cuidado hacia el futuro. No se trata de controlar quién serás, sino de ofrecerte memoria, comprensión y humanidad.El futuro no necesita más exigencias. Necesita una relación interna más segura.

Deseo que sea inspirador y que tengas una bonita noche de Reyes.

Categorías
Artículos autocuidado bienestar Psicología y Salud

Balance de tu Autocuidado

El final de año no es un cierre perfecto, ni un examen, ni una evaluación que debamos aprobar. Es, más bien, una oportunidad de pausa. Un espacio para mirarnos con honestidad, ternura y curiosidad. Un momento para reconocer cómo hemos vivido, qué nos ha sostenido y qué necesitamos transformar para estar mejor.

A veces creemos que el autocuidado son grandes decisiones o cambios drásticos. Pero en realidad, está hecho de detalles pequeños, de gestos diarios, de límites que aprendemos a poner y de la forma en que nos hablamos por dentro. Es un camino que se construye desde la consciencia, no desde la presión.

Por eso, este balance no busca señalar errores ni exigir perfección. Busca ayudarte a reconectar contigo, con tus ritmos, con tus valores y con lo que verdaderamente necesitas para sentirte acompañada/o por ti misma/o en el nuevo año. Es una invitación a escucharte sin prisa, a mirar con amabilidad lo que dolió, a agradecer lo que te sostuvo y a abrir espacio para lo que deseas cultivar en el 2026.

Las preguntas que encontrarás a continuación están diseñadas para guiarte por diferentes dimensiones del autocuidado físico, emocional, mental, relacional, laboral, espiritual y energético para que puedas trazar un mapa más claro de cómo llegas a este cierre y qué dirección quieres tomar.

No necesitas responderlas todas de una vez. Avanza a tu ritmo. Lo importante es que puedas mirarte con sinceridad y sin juicio, y que cada respuesta te acerque un poco más a tu bienestar.

Respira. Agradece tu recorrido. Y permítete abrir este espacio para ti.

Preguntas para reflexionar, reconectar y recalcular de cara al próximo año.

1. Autocuidado físico

  • ¿Cómo ha respondido mi cuerpo este año a mi forma de vivir?
  • ¿Qué señales de tensión, agotamiento o necesidad he ignorado?
  • ¿Qué rutinas me han dado energía y cuáles me la han quitado?
  • ¿Qué necesito ajustar en descanso, movimiento y alimentación para sentirme mejor en 2026?

2. Autocuidado emocional

  • ¿Qué emociones han predominado este año y qué me están diciendo?
  • ¿Qué situaciones me drenaron emocionalmente? ¿Las puedo gestionar de otra manera en 2026?
  • ¿Cuándo me permití sentir y cuándo me obligué a seguir sin parar?
  • ¿Qué prácticas me ayudan realmente a regularme (respirar, poner límites, pedir ayuda…)?

3. Autocuidado mental

  • ¿Qué pensamientos se volvieron repetitivos este año? ¿Me ayudaron o me dañaron?
  • ¿Dónde estuvo mi atención la mayor parte del tiempo?
  • ¿Qué hábitos mentales deseo fortalecer el próximo año (pausas, enfoque, organización, descanso digital…)?
  • ¿Qué necesito dejar de alimentar con mi mente?

4. Autocuidado social y relacional

  • ¿Qué relaciones nutrieron mi vida y cuáles me dejaron vacía/o?
  • ¿He puesto límites donde era necesario?
  • ¿Qué conversaciones pendientes tengo conmigo o con otra persona?
  • ¿Qué tipo de vínculos deseo cultivar el próximo año?

5. Autocuidado laboral

  • ¿Cómo ha sido mi relación con el trabajo este año?
  • ¿Qué me ha generado más estrés y qué puedo aprender de ello?
  • ¿A qué renuncio en el próximo año para ganar bienestar?
  • ¿Qué necesito pedir, delegar o negociar para trabajar de forma más saludable?

6. Autocuidado espiritual / conexión

  • ¿Qué cosas me hicieron sentir conectada/o conmigo y con algo más grande?
  • ¿Qué prácticas o rutinas me alejaron de esa conexión interior?
  • ¿Qué valores quiero vivir con más coherencia en 2026?
  • ¿Qué necesito para sentir más propósito, calma o dirección?

7. Autocuidado del tiempo y la energía

  • ¿Dónde he puesto mi energía este año? ¿Valió la pena?
  • ¿Qué actividades alimentan mi vitalidad y cuáles me queman?
  • ¿Cómo quiero reorganizar mi tiempo en el próximo año para que refleje mis prioridades reales?
  • ¿Qué pequeñas acciones diarias me ayudarían a sostener mi bienestar?

8. Revisar logros y desafíos desde el autocuidado

  • ¿Qué decisiones tomé este año que fueron un acto de autocuidado?
  • ¿Qué aprendí sobre mí que deseo honrar en el próximo año?
  • ¿Cuál fue un momento difícil y qué me mostró sobre mis necesidades?
  • ¿Qué microcambios me ayudaron más de lo que esperaba?

9. Reconectar con la intención para el próximo año

  • ¿Qué versión de mí deseo cuidar y acompañar este nuevo año?
  • ¿Qué quiero sentir más a menudo en mi día a día?
  • ¿Qué palabra o frase guía podría acompañarme el próximo año?
  • ¿Qué compromisos pequeños y reales estoy dispuesta/o a asumir conmigo misma/o?

10. Preparar el camino

  • ¿Qué área de mi autocuidado necesita más apoyo ahora mismo?
  • ¿Qué capítulo del libro Autocuidao 52 semanas para cuidar de mi, quiero leer primero porque habla directamente de lo que estoy viviendo?
  • ¿Qué cambio, por pequeño que sea, quiero iniciar hoy como señal de compromiso conmigo?
  • ¿Qué necesito recordar cada día para no abandonarme?

NO te dejes para después y recuerda que cuidarte es una filosofía de vida no algo puntual.

Gracias y un abrazo.

Aquí nuestro libro Autocuidado 52 semanas para cuidar de ti

Y recuerda nuestra función! Autocuidado para la vida real https://www.patripsicologa.com/teatro/autocuidado-para-la-vida-real/

Translate »
Call Now Button