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Los límites y la obediencia influyen de forma positiva en el bienestar de los hijos.

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Les dejo enlazado el artículo escrito junto a Patricia Ramirez para la Fundación Roger Torné, en Inspira Online Magazine

 

Es la hora, recoge los juguetes, no te has hecho la cama, el baño así no se deja, los platos no salen solos del lavavajillas, deja las cosas como te las encuentras, los zapatos no van al zapatero si tú no los metes… “uffff el día menos pensado me cojo la maleta y no vuelvo”.

Si tienes hijos te resultarán familiares estas frases y si no puede que las hayas escuchado en tu infancia o adolescencia.

La convivencia entre personas no es fácil y por ser padres e hijos no  tiene que surgir de forma natural. Una de las responsabilidades que tenéis  como padres es la disciplina relacionada con las tareas en casa. Se trata de que entiendan los beneficios de colaborar sobre todo en la adolescencia, moldear acciones desde pequeños y que el incumplimiento tiene consecuencias, independientemente de la edad. Así que vuestro objetivo es que desde pequeños fomentéis unos hábitos que ayuden a:

  1. Favorecer la convivencia entre los miembros de la familia.
  2. Educar en los límites con cariño, porque los límites ofrecen seguridad a tus hijos, y fomentan la autonomía.
  3. Tener una mayor organización en vuestro día a día que permitirá una mayor gestión del tiempo y disfrutar de otras actividades.
  4. Educar en valores como la responsabilidad, el respeto, el sacrificio, válidos y necesarios dentro y fuera de casa. Valores que pondrán en práctica cuando vayan al parque a jugar con otros niños estén en el colegio.
  5. Aprender en el seno familiar qué es la empatía, es decir, ponerse en el lugar de la otra persona, y la asertividad, comunicar sin dañar fomentando de este modo la Inteligencia Emocional.
  6. Ofrecerles un modelo de comportamiento, una habilidad para responder de los actos que uno realiza, conociendo que existen unas reglas en la convivencia.

 

Pasos a seguir para fomentar la disciplina en casa:

 

  1. Alíate, dialoga con tu pareja antes de proponer una actuación. Recordar siempre que la unión hace la fuerza. Si no estáis unidos y firmes en el objetivo, vuestro hijo acudirá al más permisivo de los dos hasta que ceda uno.
  2. Detecta la conducta más importante que queráis modificar. No es cuestión de recuperar de golpe el tiempo perdido y sobrecargaros de cambios. Es mejor el efecto dominó, unos llevan a otros.
  3. Ofrece margen de maniobra. No todo tiene que ser YA. Ten presente siempre que la paciencia tiene que estar contigo. Las cosas no se harán siempre como las haces tú, ni en el tiempo que tú quieres. ¡Están aprendiendo! Recuérdaselo a tu pareja.
  4. Piensa y adapta a la edad de tus hijos lo que pretendes que hagan.

A cualquier edad pueden llevar la ropa al cesto de la ropa pero no tenderla. Eso sí, fomenta el trabajo en equipo entre hermanos y en la igualdad. ¡Nada de tareas de chicas y de chicos! El pequeño saca la ropa y da las pinzas para que el mayor tienda. Adapta también las tareas a sus características, iniciándoles en las más llevaderas. Así se favorece la colaboración y ya llegará el momento de aprender las tareas menos agradables. Pon sobre la mesa diferentes tareas como sacar al perro, o rellenar su bebedero y comedero, regar las macetas, poner y quitar la mesa, sacar la basura, hacer la cama…y entre hermanos también pueden pactarlo, así educas en la resolución de posibles conflictos.

  1. Reconoce y valora los intentos de tus hijos: Si se cae una prenda y se ensucia de nuevo o hay que bajar al vecino puedes hacerlo con él la primera vez. No te alarmes, es cuestión de que la lavadora vuelva a limpiar. Diles que no pasa nada y que lo importante es intentar las cosas. Y así llegará un día que lo hagan bien. Si de repente entras en cólera y empiezas a reñir y a decir que es preferible que lo hagas tú porque ganas tiempo… tiras por tierra la oportunidad de que aprendan.
  2. Tienes que aprender a transmitir las normas, se claro para que tu hijo entienda lo que le pides y cómo tiene que hacerlo. Buscar el momento y las palabras adecuadas es tener media “batalla” ganada. Ser asertivo implica hablar sin herir. No se puede implantar una norma en medio de una discusión o como consecuencia del incumplimiento de otra, o interrumpir un juego. Recuerda que  hablar con firmeza no es chillar.

Asegúrate de que habláis en el mismo idioma, la “habitación recogida” para vosotros tiene un significado y para los hijos otro. Hay que ajustar posturas y definir qué supone tener el cuarto recogido, que significa portarse bien, que es ayudar en casa, que implica ser responsable.

  1. Saber cuándo se pueden razonar, pactar y decidir las normas. Hay normas negociables y normas que no se negocian, y hay que educar en ello desde pequeños.

Las negociables dan sensación de control a los hijos, generan un mayor compromiso  y fomentan su cumplimiento porque han colaborado en su diseño.

No tengas miedo al “conflicto”: es necesario y os permite crecer como familia y como persona. Aprender a negociar es una de las asignaturas en familia que más enriquecen.

  1. Elogiar cada buena actuación de diferentes formas y en el momento. No olvides deben tomar conciencia de las ventajas que ha supuesto su colaboración. Un “gracias hijo”, un guiño, un “gracias a que tú has hecho esto ahora podemos irnos en bici”, “al haber organizado el armario caben estos juguetes”. Elogiar sinceramente, con cariño llega al corazón, fomenta el autoconcepto, el sentirse capaz y los niños sienten que sus padres valoran lo que hacen. A través del refuerzo transmites un valor muy importante en la vida, el agradecimiento. Y eso lo copian.
  2. Predicar con el ejemplo, lo que esperes de tus hijos, hazlo tú primero. Implicarse y esforzarse no depende del estado de ánimo. Tú tienes que ser el que inicie, proponga, se implique, para que ellos copien lo que vean. No se les puede pedir que ordenen si tú no tienes ordenadas tus cosas.
  3. En caso de incumplimiento pregunta antes qué le ocurrió para no cumplir con lo que se pactó y no te adelantes con suposiciones. Para evitar olvidos tras la organización semanal y los acuerdos, es recomendable elaborar un cuadro en el que quede plasmado qué hace cada miembro de la familia.
  4. No castigues en un momento de enfado. Seguramente será desmesurado, te arrepentirás, y levantarás el castigo. Ni tampoco le digas que ya verás a ver qué medida tomas y luego dejes de hacerlo.

 

 

No ayudan:

 

  1. Los sermones, que lo único que motivan es a desconectar.
  2. Los insultos, que minan la autoestima y los promueven en su grupo de iguales.

3.”La ley del hielo”, es decir dejarles de hablar. Fomenta la distancia por falta de comunicación y los sentimientos de culpa.

  1. Castigos físicos, que fomentan la agresividad y sentimientos de venganza. Se les educa en un modelo de resolución de problemas basado en la agresividad.
  2. Sanciones desmesuradas que fomentan la rabia y la baja motivación al cambio.
  3. Perder la calma o transmitir sentimientos de venganza: “te acordarás de esta…”
  4. Ridiculizarlo delante de sus amigos, vecinos y familiares: “Hay que hacerle la cama como a los niños pequeños…”
  5. Compararlo con conductas positivas de sus hermanos. “Se te podía pegar algo de tú hermano”.
  6. Amenazarle, porque se sabe que son pocas las amenazas que se cumplen. “A este paso olvídate de tú regalo de comunión”, “te quedarás sin salir dos meses como sigas así”.
  7. Premios materiales, porque no ayudan a interiorizar el por qué tiene la responsabilidad de hacerlo, solo lo hacen por conseguir ese juguete, esa propina…

 

 

Esperamos que esta lectura os ayude en vuestra labor de padres y sobre todo a disfrutar de los hijos.

 

 

 

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“YA SOMOS DE TERCERA DIVISIÓN”

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Y el Domingo 11 de Mayo de 2014 en el minuto 94 Jesus Yebra marcó “el gol”, merecido e intentado por el equipo durante todo el partido. Lo que demuestra una vez más que trabajar el “temor al tiempo” es fundamental, y que no son pocos los partidos que se ganan “en el último momento”.
Para ello la intensidad, la concentración, el control de la ansiedad, tener rapidez en la toma de decisiones, tener claro el objetivo, la seguridad y confianza, el apoyo y comunicación en el terreno de juego para ser más efectivos, no darse por vencidos hasta que el árbitro señale el final del encuentro etc… pueden darte la deseada victoria.

Y así fue…
Jugadores, gradas, banquillo, compañeros de equipo que no terminaron la temporada, familia, afición y los más pequeños del club deportivo estallaron para celebrar que la categoría Regional  del RSD Santa Isabel volvía a ascender a TERCERA DIVISIÓN.
Cuando cada uno como jugador, como entrenador, como fisio, como preparador físico y como psicóloga recibe felicitaciones por este triunfo, vuelven a salir al descubierto la grandeza que tiene el DEPORTE, la capacidad de unir emociones por hilos invisibles que conectan por segundos a las personas.

Agradecer a todos ellos las muestras de cariño que he recibido. Potencian las horas en las que se vive lo más puro, el estado efímero de la Felicidad absoluta.

Cuando trabajas dentro de un vestuario con personas, sus emociones, comparten contigo lo más íntimo, vives sus esfuerzos, sacrificios, miedos, temores…y consiguen su reto siempre digo que no te alegras por ti en primer lugar (sea jugador, entrenador o cualquier miembro del cuerpo técnico…) sino por el EQUIPO.

Siempre se trabaja en el deporte la importancia de que el equipo está por encima de los egos. Con las emociones pasa lo mismo. Así que en un solo cuerpo se vive la alegría multiplicada en este caso por 37 personas Barrachina, Israel, Bernal, Puyo, Richard, Lopez, Visanzay, Yebra, Borja P., Miguel Sanz, Noaman, Riaño, Bielsa, Longares, Medina, Expósito, Fran, Franco, Lebrero, Adrian, P. Arroyo, Carlos S., Felix, Molero, Mbaye, Murillo, Ortiz, Santamaría, A. Cirac, Yvo, Plou, Lafarga, Javier Yebra, Joaquín, Larrosa, Rivera e Iriarte a la que luego se une la tuya.

Emocionante ver como diferentes categorías apoyaron al equipo. Transmitir a lo largo de los partidos que ante la adversidad uno decide si crecer o rendirse. Que fruto del trabajo y la perseverancia, creyendo en uno mismo y su equipo los retos se consiguen, los sueños se hacen realidad.
¡Qué mejor enseñanza para la vida!

Por último agradecer a Yvo Serrano, al RSD Santa Isabel y a Javier Plou, con el que ya trabajé en otra categoria que  el fútbol es algo más que físico. Que trabajar desde mi profesión la cohesión de equipo, la comunicación dentro del campo y del vestuario, gestión de emociones y sus reacciones (tras partidos perdidos y ganados, cuando hay jugadores que se quedan en el banquillo, cambios de posiciones, jugadores que se incorporan a mitad o final de la temporada, e incluso personales…), ansiedad, dirigir la mente a un reto…fomenta, ayuda, suma en los objetivos que se plantean cada temporada clubes, entrenadores y deportistas.

Y como no podía ser de otra manera a “mis chicos” por ser una más del equipo, por vuestra capacidad de adaptaros a un nuevo entrenamiento mental por primera vez, por vuestro tiempo en las tareas que os mandaba y nuestras reuniones semanales “Yolandalogía”, por querer crecer como personas y deportistas, por permitir acercarme a vosotros y descubrais que en cada partido vuestra mente también juega.

11 de Mayo del 2014 una fecha para el recuerdo. Como decía el lema de las camisetas “YA SOMOS DE TERCERA”

Y yo añado que hay que seguir trabajando para esta nueva responsabilidad.

Os deseo ahora y siempre lo mejor.

 

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Relato de piedras, arena y café.

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Aquí os dejo un relato, de esos que cuando te cruzas en su camino o él en el tuyo, te paras respiras y analizas.

¡DISFRÚTALO!

 

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, y sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con piedras grandes. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.
El profesor cogió una caja llena de piedras medianas y las vació dentro del bote. Éstas llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las piedras grandes. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno y ellos volvieron a contestar que sí.
A continuación, el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión, los estudiantes le respondieron con un sí unánime.
El profesor, rápidamente añadió café al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: “Quiero que os fijéis en que este bote representa la vida”.
• Las piedras grandes son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, las cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y sólo nos quedasen éstas, nuestras vidas aún estarían llenas.
• Las piedras medianas son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.
• La arena es el resto de las pequeñas cosas como malentendidos, un enfado, una mala cara, rencores, envidias…
Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para las piedras grandes, ni para las piedras medianas.
Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca sitio para las cosas realmente importantes.
Así que presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad ¿sabes cuáles son?
Ocúpate primero de las piedras grandes, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto sólo es arena.
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrío y le dijo:
¡Me encanta que me hagas esta pregunta! El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar y un momento para un café con un amigo.

 

REFLEXIÓN:

Si no colocamos las piedras grandes primero luego no habrá espacio para ellas. ¿Sabes cuales son tus piedras? Decide cuales son las grandes y colócalas. Que tu vida no esté llena de pequeñas cosas que no tienen importancia porque esas no dan sentido a tu vida. Ordena tus piedras y vive.

 

 

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El deporte está por encima de razas y religiones

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Os dejo mi artículo para Mundo Fútbol Base en el que se tratan aspectos y valores tan importantes en el deporte como el respeto a la diversidad, la tolerancia, la igualdad en el deporte y la convivencia, que hay que inculcar a los más pequeños.

Pincha aquí

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El Buscador

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Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador.
Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco ese alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.
Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
– No ningún familiar – dijo el buscador – ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba.

Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Jorge Bucay

Preciosa historia, inevitable reflexionar…

Reflexión:

¿Cuántos años crees que llevas vividos? Qué importante grabar en nuestra “memoria emocional” cada uno de los momentos que vivimos pletóricos, esos picos, esa “chispa de la vida”… Estos momentos no pueden olvidarse, hay que vivirlos y disfrutarlos siendo conscientes de ellos. No dejes que pase el tiempo y te arrepientas de no haberlo vivido con intensidad. Porque los minutos pasan estes o no en ellos, seas o no consciente. Disfruta y sácale jugo a la que es tu vida, la de nadie más.

Porque no hay ninguna vida igual, DALE VALOR A LA TUYA.

VIDEO

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