PDF del artículo publicado en la sección escolar del Heraldo de Aragón 15 de septiembre de 2016.
Un nuevo curso está en marcha y con él las expectativas e ilusiones de padres, alumnos y profesores. Pero si hay algo que todos deseamos es que nuestros hijos sean responsables y autónomos, aunque, a veces, y normalmente por exceso de protección, seamos los propios adultos los que dificultemos ese proceso.
«Papá, mamá, estas pautas pueden ayudarte a que, este curso, consiga ser más responsable y autónomo». No eres mi despertador. Soy yo el que tiene que decidir a qué hora me levanto y atenerme a las consecuencias si se me pegan las sábanas. Acompáñame a comprar un despertador que mole; prefiero que no sea el móvil, así evito la tentación de quedarme hasta las tantas hablando por whatsapp con mis colegas. Tu grupo de whatsapp con otras madres y padres no es mi agenda escolar.
Reconozco que el año pasado era cómodo, no me preocupaba de nada, no escuchaba ni anotaba al final de la clase… total, ya estabas tú para decirme lo que tenía que hacer. Este curso no habrá whatsapp que valga, así estaré atento y tendré que anotar en mi agenda lo necesario. Si me despisto, asumiré las consecuencias, solo así aprenderé. Enséñame a ir más rápido por las mañanas. Sí, lo sé, me cuesta levantarme antes, lo dejo todo para última hora, vamos siempre corriendo, agobiados, enfadados y a gritos. Ten paciencia y trabajemos este aspecto juntos para empezar el día… en paz. Edúcame en el hábito del desayuno. No me digas que desayune, mientras yo veo que tú no lo haces. Mi cerebro necesita un buen desayuno –no un triste bollo– para rendir en el colegio y estar atento. Así que, por la noche, dejaremos la mesa preparada para desayunar
y poder arrancar con buen pie y mejor cabeza.
Al cole voy yo, no tú. Deja que sea yo el que me organice la mochila, aunque a veces me cueste meter los libros; solo ayúdame si te lo pido y de buenas maneras. Valora mi esfuerzo antes que mis notas o resultados. Si solo te importan mis notas, haré lo posible por conseguir los resultados que quieres, aunque sea copiando en los exámenes. No me digas que me quieres cuando saque buenas notas porque pensaré que no me quieres si suspendo. Eso sí, felicítame y dime que estás orgulloso de mi esfuerzo. No me castigues sin hacer deporte. Me he comprometido con mis compañeros y con mi entrenador y tengo que cumplir.
Además, el deporte me hace sentir bien y fortalece mi memoria y atención, que es lo que necesito en los estudios. Eso sí, ayúdame a organizarme, y a diseñar horarios para que me cunda más. No me compares con mis amigos, hermanos, primos… Me duele, me siento inferior y hasta pienso que no me quieres o que no estáis orgullosos de mí. Entonces, se me quitan las ganas de hacer cosas y, en parte, hasta por venganza. Si lo haces por motivarme, sinceramente, cambia de estrategia. Proponme nuevos retos diarios, semanales y mensuales.Leer un cuento a mi hermano, ayudarle en una tarea, bañarlo, acompañarlo a una actividad, limpiar algo en casa, preparar la cena…
Comienza un nuevo curso también en el deporte, no solo para los entrenadores y los deportistas de cualquier edad y deporte sino para vosotros, los padres.
Unos os quieren cuanto más lejos mejor, porque se generalizan ciertos comportamientos y os consideran esa piedra en el zapato que incomoda y dificulta el trascurso de la temporada. Otros desde la organización o los propios entrenadores intentan cada año promover acercamientos, comunicación, entendimiento, reuniones para que la cosas fluyan con la mayor normalidad, porque es lo que todos deseamos.
Lo que no hay duda es que formas parte de ese entorno deportivo que rodea a tu hijo y que gracias a ti, a tu tiempo y sacrificio entre otros, tu hijo se inicia y se mantiene en el deporte. Pero también tienes una responsabilidad en su formación deportiva desde una posición privilegiada y determinada.
En esta nueva temporada tu hijo quizá se inicia en un deporte o se trata de un año más. Tú misión es ser ese compañero que le haga ameno el “viaje deportivo” que emprende en la infancia, sentando las bases educativas y valores. Las técnicas le corresponden al entrenador, que para eso se forma. Tienes que estar apoyando, animando, alentando, aconsejando y ayudando eso sí, sin anteponer tus deseos.
Nadie dice que sea fácil ser padres de niños que practican deporte pero eso no lo justifica todo.
Tu participación es necesaria pero también tiene unos “deberes” que cumplir:
1. Deja que experimente diferentes deportes; educa en la libertad de elección hasta que elija SU deporte. Si condicionas su gusto deportivo cierras oportunidades. No des por hecho que si jugaste al baloncesto, fuiste bailarina o eres futbolero tu hijo hará lo mismo. Ten en cuenta que su compromiso será mayor porque lo que gusta, engancha.
2. Fomenta la responsabilidad; si lo permites, el deporte puede educar y transmitir valores y si uno cobra especial importancia es la responsabilidad. Aunque cuesta, prepara la bolsa deportiva con tiempo, con tu hijo hasta que sea capaz de hacerlo solo, educa en la puntualidad y asistencia a los entrenamientos y encuentros, acepta y educa en el compromiso que implica el deporte. No se puede faltar a los encuentros poniendo excusas porque según el fin de semana apetece otro plan. Hacer deporte implica esfuerzo y sacrificio de todos. 3. Motivar sí, presionar no; durante los desplazamientos cuida tus palabras, a veces el problema es tan sencillo como que crees que estás motivando a tu hijo y lo que hace es añadir presión a la que él ya tiene. Que lo hagas con buena voluntad no implica que esté bien hecho. Además lo que motiva a unos no motiva a otros. El “confiamos en ti”, “seguro que lo harás genial”, “te espero con la medalla”, “eres el mejor”… son piedras a la mochila deportiva. A veces es cuestión de estar y no de hablar, un silencio vale y apoya más que mil palabras. Así que mima tus palabras porque se graban y dejan huellas emocionales en tu hijo y luego no entenderás porque quiere dejar el deporte.
En los desplazamientos también entrenas a tu hijo en valores, en normas, en objetivos, en resolución de conflictos… así que no monopolices el tema de conversación y amplía temas de interés para tu hijo que desarrollen su capacidad crítica.
4. Ayuda a gestionar el tiempo; hay tiempo para todo, ayúdale a organizarse para que desarrolle un hábito. Tiene que haber un equilibrio entre estudios, deporte y amigos. No amenaces, ni castigues sin deporte porque no sirve a la larga y solo genera emociones y sentimientos que os separan y limitan vuestra relación. Temas que os echará en cara en cuanto pueda.
5. Eres su padre, no un ojeador; nadie te va a evaluar después de los entrenamientos y encuentros, relájate, siéntete afortunado porque tu hijo está rodeado de deporte, está creciendo con él y sus beneficios físicos, psicológicos y educativos. Disfruta del encuentro, entabla conversaciones con padres que sean positivas, es decir no centradas en criticar al entrenador, porque esto no ayuda. Si oyes una conversación fomenta que se resuelva con una conversación con el entrenador en el momento adecuado y no el los grupos de whastapp. Tenéis que dar la posibilidad al entrenador de dar explicaciones o de mejorar.
6. Ni se grita enfurecido, ni se falta al respeto; examínate y reflexiona si eres de los que gritas, al entrenador, al árbitro o a tu hijo, si lanzas miradas a tu hijo que le bloquean, gestos que le desaniman, si la rabia te supera cuando se pierde un partido o competición, si alientas a tu hijo a ciertas conductas con el adversario, si contradices al entrenador o eres el que da instrucciones, o al acabar el encuentro le examinas los fallos y le das directrices de cómo lo tenía que haber hecho… porque en este caso te estas saltando la regla del juego como padre o madre. No actúas con coherencia con la frase “yo lo que quiero es que mi hijo disfrute y haga deporte”. Con estas actuaciones también educas, más bien deseducas. Así que si es el caso empieza a limitarte estas actuaciones y entrenar tu gestión emocional, por el bien de tu propio hijo a nivel emocional y educativo. Evitarás que llegue el día que pida que no quiere que vayas a verle, o que se avergüenza de ti. 7. Recompensas, castigos y alabanzas; no premies con dinero, cine, juguetes cada gol, canasta, medalla que gane tu hijo, ni castigues con ejercicio físico como correr, flexiones o abdominales, faltar al entrenamiento o al encuentro deportivo.
Fomenta conversaciones que destaquen los valores que han contribuido a que de manera individual o en equipo según la disciplina se haya conseguido crecer deportivamente que no tiene porqué ser ganar en resultado. Disciplina, esfuerzo, sacrificio, generosidad…es importante no solo nombrarlos sino que aprendan a identificarlos y reconocerlos no solo en ellos mismos si no en los compañeros, sean o no de su mismo equipo.
Vosotros como padres también tenéis que felicitar las actuaciones de otros compañeros en los cambios o finales de disciplinas como la natación, atletismo o taekwondo en el que los chavales se acercan a los padres. Así no das cabida al individualismo y educas con el ejemplo.
8. Juego limpio y diversión; educa en el fair-play y el disfrute del deporte como algo natural, honesto y divertido que puede convertirle en mejor persona. Cumpliendo el reglamento, sin trampas, ni faltas de respeto. Enseñando a ganar y a perder, a ser humilde y a reconocer el buen trabajo de los demás.
9. Después del partido ¡cuida lo que preguntas!; la primera no puede ser ¿por qué no llegaste a rematar?, ¿Habéis ganado?, ¿De cuánto habéis perdido?, ¿quién ha metido los goles?… todas van dirigidas al resultado. No retroalimentes la importancia que ya ellos mismos le dan a cada encuentro. A veces es mejor el silencio o una mirada porque habla lo que las palabras estropean. Puedes hablar de su buena actitud, su capacidad de arriesgar, de su comportamiento en la sustitución con el compañero y su deportividad…pero sobre todo ten capacidad de escucha con tu hijo. 10. Ten siempre presente que tu hijo lo inicias o se inicia en el deporte para divertirse, mejorar y aprender destrezas, estar con sus amigos y hacer nuevas amistades. No adelantes el proceso evolutivo natural, ya llegará la competición y la comparación con los demás. Pero no olvides que el reto en su vida deportiva y personal es que aprenda a superarse a sí mismo, aquí está la clave.
Con estas pautas podrás evaluar tus acciones, comprobar si hay algo que puedes mejorar y te lances con seguridad a tu “terreno de juego” con el firme propósito de crecer en tu tarea educativa como padre y madre.
Os deseo a todos los padres que disfrutéis de la nueva temporada deportiva y que permitáis que el deporte os deje crecer a todos como personas.
Saber qué le pasa a alguien por la cabeza es misión imposible pero uno de los grandes deseos de la humanidad a cualquier edad. Desde padres para saber qué piensan sus hijos, los miembros de una pareja a compañeros de trabajo. Seguro que quitaría muchos quebraderos de cabeza pero a día de hoy es imposible y ¡gracias!
Lo que sí es posible es entender cómo funciona nuestro cerebro. Acercar de una forma práctica y didáctica, los resultados de años de investigación de, es el objetivo de muchos profesionales relacionados con la mente, entre ellos, nosotros los psicólogos.
En este caso el cine recrea el mundo de las emociones con su nueva película, Del revés. Y esto es lo que ocurre, que las emociones a veces nos vuelven del revés. Ellas son las protagonistas de la película en el cine y de la película de nuestra vida. Sin emociones ¿qué somos? Nuestra psicología transcurre entre pensamientos, emociones y conductas. Interrelacionadas, se condicionan entre sí creando infinidad de posibilidades. Nunca en la historia de la humanidad se le había dado tanta importancia a las emociones. Conocerlas y gestionarlas se ha convertido en máxima prioridad, casi cuestión de estado, no solo en el mundo adulto sino en el infantil. Es evidente que cuanto antes conozca mi mundo emocional, mejor me podré relacionar conmigo mismo y con los demás.
Se ha pasado de esconder, ridiculizar o castigar estados emocionales a generarles un espacio, y a respetarlos. Ya se sabe que las consecuencias de la mala gestión emocional acaban por reflejarse en la vida personal, social, y laboral de las personas, condicionando sus vidas y la de los demás. No olvidemos que las emociones también se contagian. Se está trabajando para educar en Inteligencia emocional ya que ha quedado patente tras el gran trabajo de Goleman entre otros, que solo tener buenas resultados académicos, no es garantía del famoso éxito.
Investigadores de la Universidad de Aalto, en Finlandia han creado el primer mapa termográfico que representa cómo reacciona nuestro cuerpo cuando experimentamos una emoción. Estas imágenes ya no dejan indiferente a nadie y ayudan a asimilar y porque no a creer lo que en palabra ya se decía. Que el estado emocional incide para bien o para mal no solo en nuestra mente sino en nuestro cuerpo. Mente y cuerpo son inseparables.
La película ha elegido 5 emociones primarias para ver sus aventuras en la cabeza de una adolescente. Esas emociones comunes en la edad infantil y adulta, las traemos de serie y las compartimos con los animales. Así que han favorecido la supervivencia de nuestros antepasados. Por lo tanto si gracias a estas emociones estamos aquí y nos permiten desenvolvernos, no son ni buenas ni malas, ni positivas ni negativas, simplemente son. Lo que no gusta tanto son las sensaciones que provocan en nosotros algunas de ellas, y por ello se han etiquetado. ¿Cómo comenzar nuestro entrenamiento en Inteligencia emocional?
¡Conociéndolas! Tan importantes que son y si preguntas por ellas en cualquier formación, charla o taller, pocos responden con exactitud (la primera yo en su día). Así que vamos con las presentaciones: – Miedo: Fear inspirado en la forma de un nervio y sus amigos, el terror, el horror, el pánico, el pavor, el susto, la alarma, la fóbia… El miedo te permite salvarte de un peligro real y huir. Por ejemplo al ver que un coche se acerca a gran velocidad mientras cruzas una calle, esta emoción permite que eches a correr para evitar ser atropellado. También te activa en tus retos. Pero en ocasiones los miedos paralizan y evitan que actúes. O en otros casos se desarrollan miedos imaginarios, pensamientos que condicionan vidas enteras. Lo único que consiguen es que te hagas cada vez más pequeño y no te atrevas a dar pasos en tu mundo personal, social o laboral por miedo a… Se sabe que un altísimo porcentaje de los miedos que se tienen, no se cumplirán jamás. Y mientras él, “tu miedo” está disfrutando en tu cabeza.
¿Te atreves a hacer una lista de tus miedos? ¿o tienes miedo a conocerlos? – Alegría: Joy inspirado en la forma de una estrella y sus amigas la euforia, el entusiasmo, el optimismo, el júbilo, la ilusión, el placer, el humor, y estar contento. Nos llena la vida cuando la sentimos y si surge después de situaciones que nos han llevado a estar triste se siente mejor. Celebramos gracias a ella buenas noticias relacionadas con los seres queridos, logros personales, ciertas sorpresas y pensamientos. ¿Te alegras y la expresas o reprimes tu alegría?
– Tristeza: Sadness inspirada en una lágrima y sus amigos la infelicidad, el desaliento, el pesimismo, la desgana, el aburrimiento, el sufrimiento, el dolor, el duelo, la pena, el pesar, la aflicción, el desconsuelo, el disgusto, la depresión, la amargura, la agonía, la resignación, la desilusión, la decepción, la frustración, la soledad, la nostalgia, la melancolía…Evolutivamente con la tristeza se buscaba el aislamiento si se estaba en enfermo para evitar contagiar. Hoy en día la enfermedad no es solo física, también emocional. Duelos por perder un familiar, romper con una pareja, sentirse abandonado, no ganar en una competición, perder una mascota, no conseguir aquello que te propones, perder un trabajo, ciertos recuerdos y pensamientos… producen tristeza. ¿Cuándo estás triste por algo crees que te dura mucho tiempo? La capacidad de reponerse varía de unas personas a otras. Entrenar esta capacidad de recuperación y resiliencia permite vivir con más optimismo.
– Ira: Anger inspirada en un ladrillo y sus amigos, la indignación, la impotencia, los celos, la impaciencia, la envidia, la antipatía, el malhumor, el fastidio, el resentimiento, la hostilidad, el odio, el rencor, la furia, la cólera, el enfado, la rabia… permite que puedas defenderte y en ocasiones atacar cuando uno se siente amenazado física o psicológicamente. Permite posicionarte y transmitirlo, marcar tus límites. También permite avanzar en tus objetivos marcados y ser competitivo contigo mismo y los demás. Cuando te enfadas y se te pasa ¿te arrepientes de tus formas? ¿Repites el mismo patrón una y otra vez con tu pareja, compañero de trabajo, o desconocido en el semáforo?
– Asco: Disgust inspirada en un brócoli y sus amigos, el rechazo, la repulsión, la repugnancia, la aversión. Más allá del que nos ayuda a sobrevivir porque evita que comamos algo en mal estado, este es el sentido evolutivo, moldea las relaciones y evita, condiciona, aleja o dificulta relacionarte con ciertas personas, o intimar en diferentes entornos. ¿Cómo llevas tu comunicación no verbal cuando algo a alguien te da “asco”?
Todas residen en Headquater, el epicentro de la mente en la película, nuestro sistema límbico, en la realidad.
Como vemos hay muchas opciones antes que responder a ¿cómo te sientes? Bien&Mal o ¿qué te pasa? Nada. Si lo pensamos así se contesta cuando se tienen 5 años pero también a los 50…
Desdramatizar las emociones para aliviar el impacto que provocan en algunas personas es uno de los primeros pasos. Ya dijo el sabio Aristóteles “El problema de una emoción no es sentirla, sino saber cómo usarla”. La educación emocional permite que no nos secuestren nuestras emociones, nos aíslen y dificulten las relaciones con los demás y nosotros mismos. Taponar las emociones provoca que con el tiempo se expresen de modos inadecuados, en nuestras conductas, en nuestros pensamientos y en nuestro cuerpo. Así nos recuerden, que un día no les hicimos caso.
Esta producción, Del revés, va a ser un recurso y herramienta educativa. La utilizarán profesionales para sus pacientes de cualquier edad, para cursos y charlas, también los padres para ayudar a ellos mismos y a sus hijos a su gestión emocional, pero sin duda a los protagonistas, los más pequeños. Con esta película podrán entender desde niños qué les ocurre por dentro y relacionarse mejor consigo mismos y los demás.
En la peli se han dejado la sorpresa, pero está claro que la película sorprenderá a grandes y pequeños. ¿Te animas a poner cara y voz a aquello que se te pasa por la cabeza?
El reto es aprender vocablo emocional, comunicación emocional y gestión emocional y así evitar que nos vuelvan “Del revés”.