Sí porque el cerebro aprovecha ciertas fechas como la vuelta de vacaciones, los cumpleaños, el inicio del año para resetearnos. Conectar con quien queremos llegar a ser, dejar atrás lo que no y darse otra oportunidad, un nuevo impulso, una nueva conexión, una mayor sensación de control.
Queremos ser mejores en algo que sabemos que es bueno, que nos haría bien, que tenemos pendiente. ¿Qué sería de la vida sin esta parte?
Pero hay que saberlo hacer.
Cada comienzo de año, cada lunes o cada momento de crisis, muchas personas se hacen la misma promesa: “esta vez sí”. Sin embargo, a los pocos días, meses esa intención se diluye y aparece la culpa, la frustración o la sensación de haber fallado otra vez.
Desde la psicología sabemos que este fenómeno no tiene que ver con la falta de fuerza de voluntad. Tiene que ver con cómo nos planteamos los objetivos y desde dónde lo hacemos.
Este artículo es una invitación a reflexionar sobre una pregunta clave:
¿Me estoy poniendo objetivos solo desde la cabeza o también desde el cuerpo y la emoción?
Deseos, propósitos y objetivos: no son lo mismo
Muchas veces usamos estas palabras como si fueran sinónimos, pero psicológicamente no lo son.
- Los deseos son aspiraciones. Algo que nos gustaría que ocurriera: “me gustaría estar más tranquilo”, “ojalá cuidarme más”. No implican acción.
- Los propósitos son intenciones bienintencionadas, pero vagas: “este año voy a priorizarme”, “voy a ser menos exigente”. Suenan bien, pero no indican cómo hacerlo.
- Los objetivos reales se traducen en conductas concretas, posibles y observables. Son los únicos que el cerebro puede sostener en el tiempo.
El problema es que muchas personas se quedan atrapadas en los deseos o en los propósitos, esperando que el cambio ocurra casi por arte de magia.
¿Por qué abandonamos tan rápido?
Uno de los motivos principales es que el cerebro no está diseñado para el cambio rápido, sino para la supervivencia y la eficiencia. Cambiar implica gastar energía, salir de lo conocido y tolerar cierta incomodidad.
Además, solemos caer en algunos errores frecuentes:
- Plantearnos objetivos demasiado grandes.
- Confiar solo en la motivación inicial.
- Exigirnos constancia perfecta.
- Convertir el objetivo en una nueva forma de presión.
Cuando aparece el cansancio, la falta de tiempo o un mal día, el cerebro elige volver a lo familiar. No por pereza, sino por protección.
El gran olvidado: sentir el objetivo
La mayoría de las personas se pone objetivos desde el “tengo que”:
“Tengo que hacer más ejercicio”
“Tengo que meditar”
“Tengo que organizarme mejor”
Pero rara vez se detienen a preguntarse:
¿Cómo quiero sentirme con este objetivo?
El cerebro no se mueve solo por razones lógicas. Se mueve por emoción, significado y sensación. Si un objetivo no conecta con una experiencia interna agradable (calma, alivio, coherencia, autocuidado) se vive como una obligación más y genera resistencia.
Pensar menos en el “qué” y más en el “para qué”
Un objetivo empieza a sostenerse cuando deja de ser una exigencia y se convierte en un acto de cuidado.
No es lo mismo decir:
- “Voy a meditar todos los días”
que decir:
- “Quiero empezar el día con un poco más de calma”
En el segundo caso, la conducta aparece como consecuencia natural de una necesidad emocional real.
Características de los objetivos que sí funcionan
Los objetivos sostenibles suelen tener algo en común:
- Son concretos y claros.
- Son pequeños y alcanzables.
- Están adaptados a la vida real, no a la ideal.
- Se basan en conductas, no en resultados.
- Son flexibles, no rígidos.
- Tienen un sentido personal.
- Se plantean desde la amabilidad, no desde la culpa.
Una pregunta muy útil para evaluarlos es:
¿Puedo hacer esto incluso en un día difícil?
Si la respuesta es no, probablemente el objetivo necesite ajustarse.
El cuerpo también decide
Cuando un objetivo se siente seguro, posible y respetuoso, el cuerpo colabora. Cuando se siente impuesto, excesivo o castigador, el cuerpo se tensa y se defiende.
Por eso muchas veces no es que falte disciplina, sino que el sistema nervioso está saturado.
Antes de añadir más exigencias, conviene preguntarse:
- ¿De qué estoy realmente cansado?
- ¿Qué necesitaría ahora mismo?
- ¿Qué pequeño gesto de cuidado puedo sostener?
El cambio profundo no suele ser espectacular. No ocurre de golpe ni de forma perfecta. Ocurre en gestos pequeños, repetidos y coherentes.
Elegir descansar un poco más.
Parar dos minutos a respirar.
Decir que no cuando el cuerpo ya está al límite.
Eso también es avanzar.
Quizá no se trate de proponernos más cosas, sino de escucharnos mejor. De dejar de tratarnos como proyectos a mejorar y empezar a tratarnos como personas que necesitan cuidado.
Porque los objetivos que realmente transforman no son los más ambiciosos, sino los que se sienten como un acto de respeto hacia uno mismo.
El verdadero cambio no empieza cuando te exiges más, sino cuando empiezas a acompañarte mejor.
Y antes de empezar te propongo estas preguntas:
Respóndelas con honestidad y amabilidad. A veces, la claridad llega más por las preguntas que por las respuestas.
1¿Por qué quiero hacer este cambio? ¿Qué significado tiene para mí?
2¿Cómo quiero sentirme si logro este cambio?
3¿Qué acción específica puedo hacer que me acerque a este cambio?
4¿Puedo vincular esta acción a un momento del día que ya existe (un anclaje temporal)?
5¿Qué recursos, apoyos o herramientas necesito para sostener este cambio?
6¿Estoy esperando perfección o constancia imperfecta y progresiva?
7¿Qué podría dificultar que mantenga este cambio y cómo puedo prepararme?
8¿Qué haré si un día no logro cumplirlo? ¿Cómo volveré sin culpa?
9¿Este cambio es posible de mantener incluso en días difíciles o solo cuando estoy motivado/a?
10¿Este cambio me cuida y me respeta a mí mismo/a o me exige demasiado?
Si al leer este artículo sientes que te cuesta sostener los cambios, que te exiges demasiado o que llevas tiempo intentando mejorar sin sentirte mejor, no tienes que hacerlo solo o sola.
Contar con acompañamiento psicológico puede marcar la diferencia entre repetir el ciclo de motivación, abandono y empezar un proceso de cambio más consciente, respetuoso y sostenible.
Trabajo como psicóloga tanto en modalidad online como presencial, acompañada por un equipo de profesionales cualificados.
Si estás buscando apoyo psicológico, pedir ayuda también es una forma de autocuidado.
Cuando el cambio se apoya en el cuidado y no en la exigencia, deja de ser una lucha y se convierte en un camino.
Un abrazo.
