Yolanda Cuevas Ayneto

10 formas de cuidar tu sistema nervioso

Porque muchas veces el problema no es que seas débil. Es que llevas demasiado tiempo viviendo en alerta.

“Solo quiero sentirme tranquila.”

Es una de las frases que más escucho en consulta.

Y normalmente llega acompañada de otras muchas:

“Estoy siempre cansada.”

“Me sobresalto por cualquier cosa.”

“No consigo desconectar.”

“Mi cabeza no para.”

“Sé que no hay peligro, pero mi cuerpo actúa como si lo hubiera.”

Si alguna de estas frases resuena contigo, quiero decirte algo importante:

Quizá no necesites esforzarte más.

Quizá tu sistema nervioso necesite sentirse más seguro.

Durante mucho tiempo hemos pensado que la ansiedad, el estrés o el agotamiento eran simplemente problemas de la mente.

Hoy sabemos que también tienen mucho que ver con nuestro cuerpo y con nuestro sistema nervioso.

Como psicóloga especializada en trauma y EMDR, hay algo que repito con frecuencia:

No podemos pedir calma a un sistema nervioso que siente que sigue en peligro.

Y esa diferencia cambia completamente la forma de entender lo que nos ocurre.

¿Qué es exactamente el sistema nervioso?

Imagina que dentro de ti existe un gran detector de seguridad. Su trabajo consiste en responder continuamente a una pregunta:

“¿Estoy a salvo?”

Si la respuesta es sí…

Respiras con calma.

Piensas con claridad.

Duermes mejor.

Te relacionas con facilidad.

Disfrutas.

Aprendes.

Creas.

Pero si interpreta que existe una amenaza…Todo cambia.

Tu corazón se acelera.

Tus músculos se tensan.

Respiras peor.

La mente empieza a anticipar problemas.

Y tu cuerpo entra en modo supervivencia.

Lo curioso es que ese peligro no siempre está delante de nosotros.

A veces pertenece al pasado. Y el sistema nervioso sigue reaccionando como si todavía estuviera ocurriendo.

Por eso comprenderlo es tan importante.

Porque dejamos de preguntarnos:

“¿Qué me pasa?”

Para empezar a preguntarnos:

“¿Qué necesita mi sistema nervioso?”

1. Dormir lo suficiente

Dormir no es un lujo.

Es el momento en que el cerebro se limpia, reorganiza recuerdos, regula emociones y recupera energía.

de una mala noche solemos estar más irritables, más impulsivos y más sensibles al estrés.

No es casualidad. Nuestro sistema nervioso tiene menos recursos para responder.

Dormir bien es uno de los mejores regalos que podemos hacerle.

2. Respirar despacio y por la nariz

Respiramos miles de veces al día.

Pero pocas personas saben que la forma en que respiramos cambia la forma en que se siente nuestro sistema nervioso.

Cuando respiramos rápido y por la boca enviamos una señal de alerta.

Cuando respiramos lentamente y por la nariz favorecemos un estado de mayor seguridad fisiológica.

No solucionará todos los problemas. Pero sí puede ayudar a que tu cuerpo deje de interpretar que necesita estar preparado para sobrevivir.

Tienes aquí mi taller Aprender a respirar por la nariz.

3. Mueve tu cuerpo

Nuestro organismo nació para moverse. No para permanecer diez horas sentado delante de una pantalla.

Caminar.

Bailar.

Montar en bicicleta.

Nadar.

Hacer fuerza.

Todo movimiento ayuda a descargar tensión acumulada y favorece la regulación del sistema nervioso. No hace falta hacerlo perfecto.

Hace falta hacerlo con cierta frecuencia.

4. Regálate naturaleza

¿Has notado alguna vez cómo cambia tu respiración cuando caminas por un bosque o escuchas el mar? La naturaleza disminuye la activación fisiológica y facilita que nuestro organismo salga del modo supervivencia.

Diez minutos bajo un árbol hacen más por nuestro sistema nervioso que una hora mirando el móvil.

5. Aprende a poner límites

Decir siempre que sí también cansa al sistema nervioso.

Vivir intentando agradar.

Responder inmediatamente.

Estar disponible para todo el mundo.

No querer decepcionar.

Todo eso mantiene al organismo en un estado continuo de exigencia.

Los límites no alejan a las personas adecuadas.

Protegen tu bienestar.

6. Rodéate de personas con las que puedas bajar la guardia

Nos regulamos mucho más de lo que imaginamos a través de otras personas. Una conversación tranquila.

Una mirada de comprensión.

Un abrazo.

Sentirnos escuchados.

El sistema nervioso también aprende seguridad a través del vínculo.

Por eso elegir bien con quién compartimos la vida también es autocuidado.

7. Haz pausas antes de que tu cuerpo las imponga

Muchas personas solo descansan cuando ya no pueden más.

Cuando aparece la ansiedad.

Cuando enferman.

Cuando el cuerpo dice basta.

Pero el descanso no debería llegar solo después del agotamiento.

Las pausas pequeñas también regulan.

Cinco minutos respirando.

Un café sin móvil.

Mirar por la ventana.

Caminar un poco.

No hace falta esperar a romperse para empezar a cuidarse.

8. Practica mindfulness

Mindfulness no consiste en dejar la mente en blanco.

Consiste en volver al momento presente una y otra vez.

Cuando entrenamos la atención dejamos de vivir constantemente atrapados entre el pasado y el futuro.

Y eso también ayuda al sistema nervioso a encontrar momentos de calma.

No necesitamos meditar una hora.

A veces bastan cinco minutos de presencia real.

Como instructora en mindfulness acompañado con diferentes iniciativas online en vivo. Si estás interesada escríbeme yolandayolandacuevas.es

9. Procesa aquello que todavía duele

Hay experiencias que el tiempo no termina de resolver.

Infancias difíciles.

Pérdidas.

Accidentes.

Abandono.

Situaciones de miedo.

Nuestro cerebro puede seguir reaccionando como si aquello todavía estuviera ocurriendo.

Por eso descansar, respirar o hacer ejercicio a veces no es suficiente.

En esos casos necesitamos procesar lo vivido. Aquí es donde terapias como EMDR pueden marcar una gran diferencia. No porque borren el pasado sino porque ayudan al cerebro a dejar de vivirlo como si siguiera ocurriendo hoy.

Muchas personas describen ese cambio con una frase preciosa:

“Lo recuerdo… pero ya no lo siento igual.” Y eso transforma profundamente la manera de vivir.

Aquí te dejo un podcast donde hablo sobre ello.

10. Háblate como hablarías a alguien que quieres

Hay personas que hacen meditación.

Respiran.

Van al gimnasio.

Pero después se pasan el día diciéndose:

“No llego.” “Soy un desastre.” “Nunca hago suficiente.”

Nuestro diálogo interno también regula nuestro sistema nervioso.

Cada palabra que nos dirigimos deja una huella.

La amabilidad no elimina los problemas. Pero crea un lugar mucho más seguro desde el que afrontarlos.

Una pregunta que puede cambiar muchas cosas. La próxima vez que notes ansiedad, tensión o agotamiento…

En lugar de preguntarte “¿Qué me pasa?”

Prueba a preguntarte:

“¿Qué necesita mi sistema nervioso en este momento?”

Quizá necesite descanso.

Quizá movimiento.

Quizá compañía.

Quizá silencio.

Quizá ayuda.

Quizá simplemente sentirse seguro.

Vivimos en una sociedad que nos enseña a exigirnos mucho. Pero muy pocas veces nos enseña a regularnos.

Nos esforzamos por ser más productivos. Más eficientes. Más fuertes. Cuando quizá la verdadera pregunta sea otra.

¿Estoy cuidando el sistema que sostiene toda mi vida?

Porque un sistema nervioso regulado no hace que desaparezcan los problemas. Pero sí cambia profundamente la forma en que somos capaces de afrontarlos.

Y quiero que recuerdes algo:

Tu sistema nervioso no necesita que seas más fuerte. Necesita sentirse más seguro.

Y esa seguridad, poco a poco, también puede aprenderse. Porque sanar no siempre consiste en hacer más. Muchas veces consiste en empezar a tratarnos con la calma, el cuidado y la comprensión que llevamos tanto tiempo necesitando.

Un abrazo y espero que te ayude a reflexionar, entenderte y saber por donde empezar.

Imagen de Yolanda Cuevas

Yolanda Cuevas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Translate »
Call Now Button