Yolanda Cuevas Ayneto

¿Por qué EMDR puede ayudar en los casos de bullying?

El bullying no siempre termina cuando cesan las agresiones.

Aunque el menor cambie de clase, de colegio o deje de recibir mensajes, su sistema nervioso puede continuar comportándose como si el peligro siguiera presente. Puede permanecer en alerta, anticipar nuevas humillaciones, interpretar determinadas miradas como amenazas o evitar lugares y relaciones que le recuerdan lo vivido.

La victimización repetida puede funcionar como una experiencia traumática interpersonal y relacionarse con síntomas de estrés postraumático, ansiedad, depresión, aislamiento, somatización, evitación y dificultades para confiar en los demás. No todos los menores acosados desarrollarán un trauma, pero el impacto puede ser profundo y mantenerse mucho tiempo después de que el acoso haya terminado.

La terapia EMDR puede ser útil cuando esas experiencias no han quedado integradas como algo que ocurrió en el pasado, sino que siguen activándose emocional y corporalmente en el presente.

No se trabaja únicamente lo que pasó

En terapia no se atiende solo al recuerdo concreto de una agresión. También pueden trabajarse:

  • las burlas y humillaciones repetidas;
  • el miedo a acudir al colegio;
  • la sensación de no poder escapar;
  • el momento en el que nadie intervino;
  • la difusión de fotografías o vídeos;
  • el silencio de los compañeros;
  • la falta de respuesta de los adultos;
  • y las conclusiones dolorosas que el menor construyó sobre sí mismo.

Después del bullying pueden quedar creencias como:

«Soy débil».

«Hay algo malo en mí».

«No pertenezco».

«No puedo defenderme».

«No estoy seguro con otras personas».

«Si confío, volverán a hacerme daño».

«No soy suficiente».

EMDR busca que el recuerdo pueda reprocesarse y conectarse con información más adaptativa. El objetivo no es borrar lo sucedido ni convencer al menor de que no fue importante. Es ayudarle a recordar sin volver a sentir que está ocurriendo ahora.

Puede reducir la activación asociada a los recuerdos

Algunos niños y adolescentes reaccionan intensamente ante situaciones que guardan alguna relación con el acoso: entrar en el aula, escuchar risas, recibir un mensaje, exponer un trabajo, encontrarse con un grupo de compañeros o notar que alguien los observa.

Su cuerpo puede responder con taquicardia, bloqueo, temblores, dolor abdominal, llanto, rabia o necesidad de escapar.

Mediante EMDR pueden procesarse los recuerdos y desencadenantes que mantienen esa respuesta de alarma. La terapia EMDR cuenta con respaldo para el tratamiento del estrés postraumático y está contemplada por la Organización Mundial de la Salud para niños y adolescentes con TEPT.

Ayuda a trabajar la vergüenza y la culpa

Una de las consecuencias más dolorosas del bullying es que la víctima puede terminar creyendo la narración de quienes la agredieron.

Puede pensar que sufrió el acoso por su aspecto, su carácter, su cuerpo, sus dificultades, sus gustos o por no haber sabido defenderse. Incluso puede culparse por haberse quedado paralizada, haber llorado o no haber pedido ayuda antes.

EMDR permite trabajar tanto los recuerdos como esas interpretaciones:

«No fue culpa mía».

«Quedarme bloqueado fue una respuesta de supervivencia».

«Lo que hicieron habla de sus conductas, no de mi valor».

«Ahora tengo recursos y adultos que pueden protegerme».

No se trata de imponer frases positivas, sino de facilitar que la persona pueda sentirlas como verdaderas después de procesar lo vivido.

Puede reparar la sensación de indefensión

El bullying suele incluir repetición y desequilibrio de poder. La víctima puede sentir que haga lo que haga no logrará detenerlo.

Esa indefensión puede trasladarse posteriormente a otras situaciones: evitar conflictos, someterse para ser aceptada, desconfiar de los grupos o interpretar que nunca podrá protegerse.

En el trabajo con EMDR se identifican y reprocesan los momentos en los que la persona se sintió atrapada, sola o incapaz de actuar. También se fortalecen recursos de seguridad, regulación, protección y capacidad para pedir ayuda.

Permite trabajar las heridas relacionales

A veces lo más traumático no es únicamente la agresión, sino que nadie interviniera.

Puede doler que los amigos se rieran, que los compañeros difundieran el vídeo, que un profesor no se diera cuenta o que los adultos minimizaran lo ocurrido.

El aprendizaje que queda puede ser:

«Nadie me protegerá».

«No puedo confiar».

«Cuando necesito ayuda, estoy solo».

Por eso el tratamiento no debe centrarse exclusivamente en reducir el miedo. También necesita abordar la ruptura de la confianza, la pertenencia y la seguridad en las relaciones.

Puede ayudar cuando el bullying ha reactivado experiencias anteriores

El impacto no depende únicamente de lo que ocurrió, sino también de la historia previa del menor.

Una exclusión actual puede conectar con experiencias anteriores de abandono. Una humillación pública puede reactivar críticas familiares. Sentirse solo frente a un grupo puede enlazar con otras situaciones de indefensión.

EMDR permite elaborar un mapa de experiencias relacionadas, en lugar de trabajar cada síntoma como si estuviera aislado.

También puede utilizarse con quienes han agredido

EMDR no es únicamente una herramienta para las víctimas. En algunos casos puede formar parte del tratamiento de menores que han acosado cuando existen experiencias traumáticas previas, violencia sufrida, humillación, rechazo, miedo o aprendizajes relacionales que influyen en su conducta.

Pero esto requiere una aclaración fundamental: trabajar la historia de quien agrede no elimina su responsabilidad.

La intervención debe incluir límites, consecuencias, desarrollo de empatía, revisión de la presión grupal y reparación del daño cuando sea posible y seguro. Comprender el origen de la conducta no significa justificarla.

EMDR no sustituye la protección

La terapia no puede compensar un entorno en el que el acoso continúa.

Antes o junto al procesamiento terapéutico es necesario:

  • detener las agresiones;
  • activar los protocolos del centro;
  • proteger al menor también en el entorno digital;
  • preservar las pruebas sin difundirlas;
  • coordinarse con la familia y la escuela;
  • y garantizar que la víctima no tenga que exponerse continuamente a quienes la dañan.

No podemos pedirle al cerebro que procese una experiencia como pasada mientras el peligro sigue presente.

La intervención debe adaptarse a la edad, los síntomas, la estabilidad, el apoyo familiar y la capacidad de regulación. En muchas ocasiones, primero es necesario crear seguridad, fortalecer recursos y recuperar cierta sensación de control.

Lo que EMDR puede ayudar a recuperar

El objetivo no es conseguir que el menor olvide.

Es ayudarle a recuperar:

  • la sensación de seguridad;
  • la confianza en sí mismo;
  • la capacidad para relacionarse sin anticipar daño;
  • la libertad para acudir al colegio sin miedo;
  • una imagen propia que no esté definida por las humillaciones;
  • y la certeza de que lo ocurrido pertenece a su historia, pero no determina quién es.

Porque el bullying puede terminar en el exterior y continuar durante años en el interior.

EMDR puede ayudar a que aquello que todavía se vive como una amenaza presente pueda convertirse, por fin, en una experiencia pasada.

Yolanda Cuevas Ayneto

Terapeuta EMDR

Colegiada A-02084 Aragón

Yolanda@yolandacuevas.es

Imagen de Yolanda Cuevas

Yolanda Cuevas

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