La meditación ayuda con la rumiación porque entrena la mente para estar presente, en el aquí y ahora. Regula las emociones, disminuye la identificación con los pensamientos negativos, reduce el estrés y mejora la concentración.
La práctica crea un cerebro más capaz, un entorno mental que facilita de un modo alejado de patrones de pensamiento repetitivos y dañinos, que desgastan, agotan, entristecen y estresan.
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