
Querido padre y madre:
La adolescencia es una etapa en la que las amistades empiezan a tener un peso muy importante en la vida de los hijos. A través de ellas no solo comparten tiempo y experiencias, sino que también van construyendo su identidad, su autoestima y su manera de relacionarse con los demás.
En este proceso es normal que aparezcan cambios en los grupos de amigos, conflictos, decepciones o momentos en los que se sienten excluidos o tratados de una forma que les hace daño. Aunque para los adultos pueda parecer algo “propio de la edad”, para ellos suele ser vivido con mucha intensidad.
Por eso, más que intentar resolver rápidamente la situación o decirles qué deberían hacer, es muy valioso acompañarles a reflexionar sobre lo que sienten y sobre cómo les tratan las personas con las que se relacionan. Estas conversaciones les ayudan a desarrollar algo fundamental para su vida: aprender a reconocer relaciones que les hacen bien, fortalecer su autoestima y empezar a poner límites cuando algo no les hace sentir respetados.
Cuando los padres cuentan con herramientas para escuchar, preguntar y acompañar sin juzgar, se convierten en una base segura desde la que los hijos pueden aprender a elegir amistades más sanas y a cuidarse en sus relaciones.
Acompañar estos procesos no significa evitarles todas las dificultades, sino ayudarles a comprender lo que viven, poner palabras a sus emociones y aprender poco a poco a darse el valor que merecen en sus relaciones.
¿Estás preparado/a? ¿Sientes que antes necesitas trabajarte en ciertas habilidades?
Para ti, adolescente:
A lo largo de la vida vamos conociendo a muchas personas y no todas las amistades nos hacen sentir igual. Algunas nos hacen sentir tranquilas, valoradas y libres para ser quienes somos. Otras veces, en cambio, podemos sentirnos confundidas, poco escuchadas o como si tuviéramos que esforzarnos mucho para encajar.
Cuando algo así pasa, no significa que haya “algo mal” en ti. A veces simplemente estamos aprendiendo qué tipo de relaciones nos hacen bien y cuáles no encajan tanto con lo que necesitamos.
Por eso vamos a hacer un pequeño ejercicio de reflexión. La idea no es juzgar a nadie ni decidir rápidamente quién es bueno o malo, sino mirar con calma cómo te has sentido tú en tus diferentes amistades desde tu infancia. A veces, cuando comparamos nuestras experiencias, podemos entender mejor qué cosas nos hacen sentir bien, qué cosas nos duelen y qué tipo de personas nos gustaría tener cerca.
Tus sentimientos son una información muy valiosa. Escucharlos te puede ayudar a cuidarte, valorarte más y elegir relaciones donde te sientas respetada y tranquila siendo tú misma.
Vamos a empezar pensando primero en cómo fue tu experiencia con tus amigas anteriores y después en cómo te sientes con tus nuevas amigas.
Preguntas sobre sus amigas anteriores
- ¿Cómo te sentías normalmente cuando estabas con tus amigas anteriores?
- ¿Qué cosas te gustaban de esa amistad?
- ¿Qué cosas te hacían sentir incómoda o triste?
- ¿Te sentías escuchada cuando contabas algo importante para ti?
- Cuando había un problema, ¿cómo lo resolvíais?
- ¿Sentías que podías ser tú misma o a veces tenías que adaptarte para encajar?
- ¿Había momentos en los que te sentías excluida o poco importante?
- ¿Qué aprendiste de esas amistades?
- Si pudieras cambiar algo de cómo te trataron, ¿qué sería?
Preguntas sobre las nuevas amigas
- ¿Cómo te sientes cuando estás con tus nuevas amigas?
- ¿Qué cosas hacen que te hacen sentir bien?
- ¿En qué momentos sientes que te escuchan o te tienen en cuenta?
- ¿Te sientes más libre para ser tú misma con ellas?
- ¿Qué tipo de cosas hacéis juntas que disfrutas?
- Cuando no estás con ellas, ¿cómo te quedas emocionalmente?
- ¿Sientes que te respetan cuando dices lo que piensas?
- ¿Qué es lo que más valoras de estas nuevas amistades?
Preguntas para comparar y tomar conciencia
- Si comparas cómo te sentías antes y cómo te sientes ahora, ¿qué notas diferente?
- ¿Con qué grupo te has sentido más tranquila siendo tú misma?
- ¿Dónde has sentido más respeto hacia ti?
- ¿En qué grupo te has sentido más valorada?
- ¿Con quién te sientes más libre de decir lo que piensas?
- ¿Qué tipo de amistades te gustaría seguir teniendo en tu vida?
- ¿Qué has aprendido sobre lo que necesitas en una amistad?
¿Cómo te gustaría que fueran las amistades que te acompañen en tu vida?
Esta pregunta está creada para ayudarte a conectar con sus valores y no solo con lo que ha pasado.
Ahora te propongo 3 ejercicios sencillos y muy poderosos.
- El termómetro de las amistades
Te invito a indagar como estásdespués de estar con cada grupo de amigas/os.
- Cuando quedabas con tus amigas anteriores, ¿cómo te sentías al volver a casa?
- ¿Con más energía o más cansada emocionalmente?
- ¿Te sentías tranquila o con muchas dudas en la cabeza?
- ¿Sentías que podías ser tú misma o que tenías que esforzarte mucho para encajar?
Ahora con las nuevas amigas/os:
- ¿Cómo te sientes después de estar con ellas?
- ¿Qué emociones aparecen más: alegría, tranquilidad, inseguridad, presión…?
¿Qué tipo de personas hacen que tu “termómetro emocional” suba y cuáles lo bajan?
2. Las amistades que suman y las que restan
Puedes dibujar dos columnas:
Amistades que suman Amistades que restan
Preguntas para ayudarle a reflexionar:
- ¿Qué hacen las personas que te hacen sentir bien?
- ¿Cómo te tratan cuando cometes un error?
- ¿Cómo te hablan?
- ¿Cómo te sientes cuando estás con ellas?
- ¿Qué hacen las personas que te hacen sentir pequeña o incómoda?
- ¿Qué cosas hacen que te hagan dudar de ti?
- ¿Qué comportamientos te hacen daño?
¿En qué columna pondrías a tus antiguas amigas? ¿Y a las nuevas?
3. La prueba de la mejor amiga
Este ejercicio ayuda mucho a despertar autoestima y límites.
Pregúntate:
- Si tu mejor amiga estuviera viviendo exactamente lo que tú viviste con tus antiguas amigas, ¿qué le dirías?
- ¿Le dirías que merece ese trato o que merece algo mejor?
- ¿Qué consejo le darías?
Después:
- ¿Te mereces tú algo diferente?
- ¿Qué tipo de personas crees que encajan más con lo que tú mereces?
Crecer también significa ir descubriendo qué tipo de personas queremos cerca en nuestra vida. No todas las amistades duran para siempre, y eso no es un fracaso, sino parte del camino de conocernos mejor.
Cada experiencia con otras personas nos enseña algo: qué nos hace sentir bien, qué nos duele y qué tipo de relaciones nos ayudan a ser nosotros mismos. Escuchar cómo te sientes cuando estás con alguien es una forma muy importante de cuidarte.
Recuerda que mereces amistades donde te sientas respetado, escuchado y valorado. Personas con las que puedas reír, equivocarte, ser tú mismo y sentirte tranquilo.
A veces crecer también implica tomar decisiones valientes: poner límites, alejarte de lugares donde no te sientes bien y acercarte a quienes sí te tratan con respeto.
Porque rodearte de personas que te hacen bien no es solo una elección…
es una forma de darte el valor que mereces.
Te abrazo,
Yolanda Cuevas