Si estás leyendo esto, o te lo están leyendo quizá eres uno de esos niños o adolescentes a los que no les hace demasiada ilusión venir al psicólogo.
Y quiero empezar diciéndote algo importante: lo entiendo. De verdad. Muchas veces no sois vosotros quienes habéis decidido venir. A veces son vuestros padres, un profesor o alguien que os quiere y está preocupado por vosotros. Y es normal que aparezcan dudas. Quizá te preguntas si tendrás que contar cosas que no quieres contar.
Quizá te da vergüenza.
Quizá piensas que ir al psicólogo es para personas que tienen problemas muy graves, y lo tuyo no es para tanto.
O quizá simplemente estás cansado. Cansado/a de que te pregunten cómo estás, de que te digan lo que tienes que hacer o de sentir que nadie entiende realmente lo que te pasa.
Si es así, quiero que sepas que no eres el único.Muchos niños y adolescentes llegan a consulta con pocas ganas y con muchas preguntas. ¿También los adultos!
Es entendible y uno está incómodo o confundida. No hace falta que vengas convencido/a.
Solo te pediría una cosa: que me des una oportunidad.
Algunas promesas que quiero hacerte
No voy a obligarte a hablar de nada para lo que no estés preparado.
No espero que el primer día me cuentes toda tu vida.
Me gusta ir poco a poco. Así me gustaría que lo hicieran conmigo.
A veces empezamos hablando de fútbol, de videojuegos, de música, de aficiones, moda o de cualquier otra cosa.
Lo importante no es correr.
Lo importante es que te sientas en seguridad.
Tampoco voy a juzgarte.
Da igual si te enfadas mucho, si lloras con facilidad, si te cuesta concentrarte, si tienes conductas, comportamientos que no gustan, si tienes miedos, si te preocupa lo que los demás piensen o si ni siquiera sabes explicar qué te pasa.
Mi trabajo no es decirte lo que haces mal. Mi trabajo es ayudarte a comprenderte y ver cómo podemos estar y ser mejor. Porque muchas veces detrás de las cosas que hacemos hay razones que merecen ser entendidas, no castigadas.
En consulta no solo hablamos
Hay personas que imaginan una consulta con una silla y un montón de preguntas. Casi casi como un interrogatorio como en las pelis.
Pero trabajar con niños y adolescentes es mucho más que eso.
Utilizamos dibujos, metáforas, juegos, historias, ejercicios y recursos que nos ayudan a entender mejor lo que ocurre por dentro.
Aprendemos cómo funciona el cerebro.
Por qué a veces el corazón se acelera.
Por qué aparecen los miedos.
Por qué cuesta concentrarse o por qué hay días en los que uno está enfadado/a y ni siquiera sabe muy bien por qué.
También aprendemos qué son los pensamientos y las emociones.
Porque a veces creemos que somos nuestros pensamientos. Y no es así.
Los pensamientos son cosas que aparecen en nuestra mente, pero no siempre dicen la verdad.
Y las emociones no son enemigas.
La rabia, el miedo, la tristeza o la ansiedad no son malas. Son mensajes pero en idiomas a veces desconocidos…y yo conozco muchos de esos mensajes. Juntos lo vamos a descubrir.
Y cuando aprendemos a escucharlos y entenderlos, y acompañarlos dejan de dar tanto miedo.
Tu cuerpo también habla
Seguro que alguna vez has sentido un nudo en el estómago antes de un examen, el corazón acelerado cuando te asustas o ganas de llorar sin saber muy bien por qué.
Significa que tu cuerpo está intentando protegerte.
En consulta también aprendemos cómo funciona el sistema nervioso.
Entendemos por qué a veces vivimos en alerta, por qué nos bloqueamos o por qué reaccionamos sin querer hacerlo.
Y aprendemos recursos para volver a sentir calma y seguridad.
Porque nadie os enseña estas cosas en el colegio y, sin embargo, son herramientas que os acompañarán toda la vida. Por eso a mi me gustaría que en los coles hubiera una asignatura que se llamara Psicología para la vida.
¿Y qué es eso del EMDR?
Como terapeuta EMDR, una de las cosas que más me gusta es ayudar a los niños y adolescentes a entender que no hay nada defectuoso en ellos.
A veces vivimos experiencias difíciles, sustos, cambios, pérdidas o momentos que nos desbordan.
Y nuestro cerebro, intentando protegernos, puede quedarse funcionando como si el peligro siguiera ahí.
EMDR es una terapia que ayuda al cerebro a procesar esas experiencias y a quedarse tranquilo de nuevo.
Pero quiero que sepas algo importante. Nunca se trata de obligarte a recordar cosas ni de hacerte sufrir.
Antes de trabajar cualquier experiencia difícil, aprendemos recursos, construimos seguridad y vamos siempre a tu ritmo.
Porque para mí es más importante que te sientas acompañado que ir deprisa.
Y tus padres también forman parte del equipo
A veces los niños llegan pensando que vienen porque ellos son el problema.
Y quiero decirte algo que considero muy importante.
Tú no eres el problema.
Por eso, además de trabajar contigo, también trabajo con tus padres en la medida que sea. Lo digo porque a veces por horarios, separaciones etc no es fácil.
Les ayudo a entender cómo funciona tu cerebro, tus emociones y tu sistema nervioso.
Les acompaño para que puedan comprender mejor lo que necesitas y para que todos aprendamos nuevas formas de relacionarnos.
Porque cuando los adultos entienden más, suelen enfadarse menos y acompañar mejor. Ellos lo intentan hacerlo bien pero no siempre lo consiguen y hay que explicarlo.
Y porque en esto no se trata de buscar culpables, sino de sumar.
Y si no sabes qué decir, tampoco pasa nada
De verdad.
No hace falta que vengas con las respuestas. No hace falta que sepas explicar lo que te pasa.
Incluso puedes decirme:
“No sé por qué estoy aquí.”
“No me apetece hablar.”
“Estoy nervioso.”
“O simplemente… no sé.”
Con eso es suficiente.
Porque precisamente para eso estamos los psicólogos.
Para acompañaros a entender lo que os pasa, para ayudaros a sentiros más seguros y para recordaros algo que nunca deberíais olvidar:
No tenéis que poder con todo vosotros solos.
Con cariño, te espero.
Yolanda Cuevas
Psicóloga y terapeuta EMDR
Instructora de mindfulness