Yolanda Cuevas Ayneto

Cuando tu mente no confía ¿cómo puedes rendir?

La confianza es una consecuencia de cómo interpreta el cerebro la experiencia, de cómo responde el sistema nervioso al error y de las creencias que la persona ha construido sobre sí misma. Desde una perspectiva de psicología deportiva y EMDR, el trabajo puede ser muy profundo y, en muchos casos, más eficaz que limitarse a enseñar técnicas de motivación o pensamiento positivo.

Y aunque este artículo está centrado en el deporte seguro que aunque no seas deportista te puedes sentir identificada/o

Algunas de las áreas más importantes serían:

1. ¿Qué ha roto la confianza?

La confianza casi nunca desaparece de la nada. Conviene explorar cuándo comenzó.

  • Una lesión.
  • Un error importante.
  • Una mala temporada.
  • Un cambio de entrenador.
  • Haber pasado de ser el mejor a competir con deportistas de mayor nivel.
  • Críticas constantes.
  • Fracasar en una competición importante.
  • Compararse continuamente.

Con EMDR muchas veces encontramos que el cerebro sigue reaccionando como si aquel error siguiera ocurriendo hoy.

2. Experiencias anteriores que siguen activas

A veces el problema no nace en el deporte.

Puede haber recuerdos de infancia como:

  • “Nunca haces nada bien.”
  • Comparaciones con hermanos.
  • Padres muy exigentes.
  • Entrenadores humillantes.
  • Bullying.
  • Fracasos escolares.

Cada nueva competición reactiva esas antiguas experiencias.

El deportista cree que tiene miedo a competir, cuando en realidad su sistema nervioso está reviviendo sensaciones mucho más antiguas.

3. Creencias negativas sobre uno mismo

Es frecuente encontrar pensamientos como:

  • No soy suficiente.
  • Voy a fallar.
  • Todos son mejores.
  • No puedo con la presión.
  • Tengo que demostrar constantemente mi valor.
  • Si fallo decepcionaré a todos.
  • Solo valgo cuando gano.

EMDR permite trabajar el origen de estas creencias y sustituirlas por otras que el cerebro pueda integrar de forma auténtica, no como simples afirmaciones positivas.

4. El miedo al error

Muchos deportistas no juegan para ganar.

Juegan para no equivocarse.

Y eso cambia completamente la manera de competir.

Cuando el objetivo pasa a ser evitar el fallo:

  • aumenta la tensión,
  • disminuye la creatividad,
  • aparecen bloqueos,
  • se juega con miedo.

5. Regulación del sistema nervioso

La confianza también es fisiología.

Si el sistema nervioso entra en hiperactivación:

  • aumenta la tensión muscular,
  • empeora la coordinación,
  • disminuye la atención,
  • aparecen pensamientos catastróficos.

Por eso se trabaja con:

  • respiración,
  • mindfulness,
  • grounding,
  • regulación vagal,
  • conciencia corporal,
  • recuperación tras errores.

No solo para relajarse, sino para mantener un nivel óptimo de activación.

6. El diálogo interno

Muchos deportistas hablan consigo mismos de una forma que jamás utilizarían con un compañero.

Se dicen:

  • Eres un desastre.
  • Ya la has vuelto a liar.
  • No sirves para esto.

Aprender a cambiar ese diálogo no significa engañarse, sino desarrollar una voz interna que ayude a rendir incluso cuando las cosas no salen como esperan.

7. Perfeccionismo

Detrás de muchas faltas de confianza encontramos un perfeccionismo muy elevado.

No disfrutan.

Solo evalúan.

Cada entrenamiento es un examen.

Cada competición es un juicio.

Cada error confirma que “no son suficientes”.

8. Identidad

Algunos deportistas dejan de ser personas para convertirse únicamente en deportistas.

Su valor depende del resultado.

Cuando pierden sienten que fracasan ellos, no que han perdido una competición.

Uno de los trabajos más importantes consiste en separar:

Soy una persona que practica un deporte.

No:

Mi valor depende de cómo compita.

9. Presión externa

Familia.

Entrenadores.

Redes sociales.

Expectativas.

Patrocinadores.

A veces el problema no es competir.

Es sentir que cualquier fallo decepcionará a alguien.

10. Atención y concentración

Cuando la confianza baja, la atención suele dirigirse a:

  • lo que puede salir mal,
  • el rival,
  • el marcador,
  • el error anterior,
  • el juicio de los demás.

El entrenamiento psicológico busca devolver la atención al presente y a aquello que el deportista puede controlar en cada momento.

11. Lesiones y miedo a recaer

Tras una lesión es frecuente que el cuerpo esté recuperado, pero el cerebro no.

El deportista puede:

  • evitar ciertos movimientos,
  • competir con miedo,
  • perder agresividad,
  • sentir que “ya no es el mismo”.

EMDR cuenta con evidencia para ayudar a reprocesar experiencias traumáticas relacionadas con lesiones y facilitar una vuelta más segura desde el punto de vista psicológico.

12. Recuperarse después del error

Los grandes deportistas no son los que nunca fallan.

Son los que consiguen volver al presente rápidamente.

Se entrena:

  • aceptar el error,
  • regular la activación,
  • recuperar el foco,
  • evitar que un fallo provoque una cadena de errores.

Porque muchas competiciones no se pierden por el primer error, sino por todo lo que ocurre mentalmente después.

El objetivo final

El objetivo no es que el deportista deje de sentir nervios. Los nervios forman parte de competir.

El verdadero objetivo es que pueda confiar en sí mismo incluso cuando aparecen dudas, cometer errores sin que estos definan quién es y rendir desde la presencia, no desde el miedo. Cuando el sistema nervioso deja de vivir la competición como una amenaza constante y las experiencias que alimentaban la inseguridad se procesan adecuadamente, la confianza deja de depender del último resultado y empieza a convertirse en una forma más estable de relacionarse consigo mismo.

Si quieres saber más de EMDR además del enlace que te dejé arriba tienes un podcast aquí

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Yolanda Cuevas

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