
Hay una frase que escucho con frecuencia entre las personas que preparan oposiciones: «Cuando termine de estudiar, volveré a hacer deporte».
Y también otras parecidas: «Ahora no puedo perder una hora en el gimnasio», «Tengo demasiado temario», «Ya me cuidaré cuando apruebe».
Detrás de estas frases suele haber una preocupación comprensible. Preparar unas oposiciones exige tiempo, concentración y compromiso. Cuando sientes que nunca llegas a todo, cualquier actividad que no esté directamente relacionada con el temario puede parecerte un lujo.
Sin embargo, hay algo que conviene revisar: ¿de verdad no tienes tiempo para moverte o has empezado a considerar que cuidar tu cuerpo es menos importante que estudiar?
La oposición no tiene que excluir el deporte.
Tu cuerpo también está preparando la oposición
Durante la preparación puedes pasar muchas horas sentado, con tensión muscular, preocupaciones constantes y poco tiempo al aire libre.
Quizá notes molestias en la espalda, cansancio, irritabilidad o dificultad para desconectar al terminar la jornada.
El movimiento puede ayudarte a cuidar tu salud física, mejorar tu bienestar emocional y romper con el sedentarismo.
La actividad física regular tiene beneficios reconocidos para la salud mental y física. Pero conviene evitar convertirla en otra obligación con la que demostrar que eres una persona disciplinada.
No necesitas entrenar para una maratón mientras preparas una oposición. Necesitas encontrar maneras de moverte que encajen con tu vida y que puedas mantener.
El pensamiento de todo o nada
A menudo veo que las personas se proponen cambios demasiado grandes.
Alguien que lleva meses sin entrenar decide que, a partir del lunes, irá al gimnasio cinco días por semana. Durante unos días consigue cumplirlo, pero llega una semana complicada y abandona.
Entonces aparece la conocida conclusión: «No tengo fuerza de voluntad».
Me gustaría que contemplaras otra posibilidad. Quizá no falló tu voluntad, sino la dimensión del objetivo que te habías propuesto.
Caminar veinte minutos, salir a correr suavemente, hacer ejercicios de fuerza adaptados a tu condición física, bailar o desplazarte andando también son maneras de introducir movimiento.
Cuando el objetivo inicial es pequeño y realista, resulta más sencillo repetirlo y convertirlo en un hábito.
El deporte no tiene por qué competir con el estudio
Hay opositores que organizan su jornada como si cada minuto dedicado a otra actividad fuera un minuto robado a su futuro.
Pero estudiar durante más tiempo no garantiza aprender más.
Piensa en esas tardes en las que llevas horas sentado, lees varias veces el mismo párrafo y te cuesta recordar qué acabas de estudiar. En ocasiones, insistir no es la respuesta más útil. Levantarte, caminar, cambiar de ambiente o descansar puede ayudarte a retomar la tarea en mejores condiciones.
La BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) es una proteína que desempeña un papel fundamental en la supervivencia de determinadas neuronas, la plasticidad cerebral y los mecanismos relacionados con el aprendizaje y la memoria.
Podríamos decir que ayuda al cerebro a mantener y modificar sus conexiones neuronales, algo esencial cuando aprendemos información nueva.
¿Qué relación tiene con el deporte?
Las investigaciones muestran que el ejercicio físico puede aumentar los niveles de BDNF medidos en sangre.
Lo importante es que la actividad física tiene beneficios para el funcionamiento cognitivo y el bienestar, por lo que merece formar parte de la preparación.
Empieza por algo que puedas cumplir

Te propongo elegir una actividad y adaptarla a tu momento actual.
Si llevas mucho tiempo sin moverte, comienza con paseos breves. Si disfrutas del gimnasio, reserva unos días que encajen de verdad con tu organización. Si te cuesta salir de casa, puedes incorporar pequeñas pausas de movilidad durante el estudio.
No te marques como objetivo compensar las horas que has estado sentado ni quemar calorías por sentirte culpable.
Busca una actividad que puedas disfrutar, aunque sea mínimamente, y que te permita reconectar con tu cuerpo.
Y si una semana no consigues mantener la rutina, evita convertirlo en una razón para abandonar. Reorganiza y continúa.
¿Qué ocurre cuando dejamos de cuidarnos?
Me preocupa especialmente cuando la preparación de una oposición empieza a justificar cualquier renuncia.
Dejar de hacer deporte, dormir menos, comer delante de los apuntes, no salir, abandonar aficiones…
Puede que inicialmente estos cambios parezcan temporales. Pero algunas oposiciones se prolongan durante años.
Por eso es importante preguntarte qué consecuencias puede tener para tu bienestar mantener esas renuncias durante tanto tiempo.
Algunas preguntas para ti
- ¿Qué actividad física disfrutabas antes de empezar a opositar?
- ¿Cuándo decidiste que ya no tenías tiempo para ella?
- ¿Qué crees que ocurriría si reservaras veinte minutos para moverte?
- ¿Tienes expectativas demasiado exigentes respecto al deporte?
- ¿Cuál sería el primer paso que podrías dar esta semana?
No necesitas esperar a aprobar para volver a cuidar tu cuerpo.
La oposición es una parte importante de tu vida, pero tu salud sigue necesitando atención durante el camino.
Y recuerda: cuidarte hoy también importa, aunque todavía no sepas cuándo llegará el examen.
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