
Hola Yolanda:
“Llevo meses sintiéndome nerviosa casi todo el tiempo. Mi cabeza no para. Me preocupo por cosas que todavía no han ocurrido y siento que estoy siempre en alerta. Estoy cansada de darle vueltas a todo y me gustaría aprender a controlar mi ansiedad.”
Cuando leo mensajes así, lo primero que pienso es que detrás de esas palabras suele haber mucho cansancio.
El cansancio de intentar estar bien y no conseguirlo.
El cansancio de decirse a una misma que debería relajarse.
El cansancio de escuchar consejos que no terminan de funcionar.
Y también el cansancio de sentir que algo tan cotidiano como descansar, desconectar o disfrutar se ha convertido en una tarea difícil.
Por eso, si tú también te reconoces en estas líneas, quiero compartir que cada semana escucho a personas que describen sensaciones muy parecidas. Personas que viven con la sensación de tener la cabeza siempre ocupada, de estar pendientes de todo, de anticipar problemas o de sentir una inquietud constante incluso cuando aparentemente todo va bien.
Muchas veces llegan preocupadas porque creen que tienen un problema de ansiedad.
Y aunque la ansiedad está presente, con frecuencia descubrimos que la historia es bastante más compleja.
La ansiedad no suele ser el problema. Suele ser la señal.
Imagina por un momento la alarma de una casa. Su función es avisarnos cuando existe una amenaza. Gracias a ella podemos reaccionar, protegernos y actuar.
El problema aparece cuando la alarma sigue sonando aunque ya no haya ningún peligro.
Eso es lo que les ocurre a muchas personas.
Su sistema nervioso ha aprendido a permanecer atento, vigilante y preparado para reaccionar. Y aunque racionalmente saben que están a salvo, su cuerpo sigue actuando como si tuviera que defenderse de algo.
Por eso aparecen pensamientos repetitivos, preocupación constante, tensión muscular, dificultad para descansar o esa sensación de estar siempre aceleradas.
No porque sean débiles.
No porque estén exagerando.
No porque les falte fuerza de voluntad.
Sino porque su organismo lleva demasiado tiempo funcionando en modo supervivencia.
Cuando vivir en alerta se convierte en una costumbre
Algo que me llama la atención en consulta es que muchas personas ni siquiera son conscientes de cuánto tiempo llevan viviendo así.
Se han acostumbrado a preocuparse.
A anticiparse.
A controlar.
A revisar todo varias veces.
A pensar en todos los escenarios posibles.
A sentirse responsables de todo.
Y como llevan años haciéndolo, terminan creyendo que esa es su forma de ser.
Sin embargo, cuando profundizamos un poco más solemos encontrar algo diferente. Encontramos historias.
Historias de personas que crecieron en entornos muy exigentes.
Personas que aprendieron pronto a no molestar.
Personas que tuvieron que asumir responsabilidades demasiado pronto.
Personas que recibieron muchas críticas.
Personas que pasaron por experiencias dolorosas que dejaron una huella emocional importante.
Personas que aprendieron que relajarse podía ser peligroso porque cuando bajaban la guardia ocurrían cosas que les hacían daño.
Y entonces todo empieza a tener sentido.
Porque la ansiedad deja de parecer un enemigo y empieza a mostrarse como una estrategia de protección.
Una estrategia que quizá fue útil en algún momento, pero que hoy está generando sufrimiento.
Lo que me interesa comprender cuando alguien me habla de ansiedad
Cuando una persona entra en consulta diciendo que tiene ansiedad, mi primera pregunta no es cómo quitarla.
Mi primera pregunta suele ser otra.
¿Qué está intentando proteger esa ansiedad?
¿Qué teme?
¿Qué ha vivido?
¿Qué ha aprendido sobre sí misma y sobre el mundo?
¿Qué necesita para sentirse segura?
Porque detrás de la ansiedad casi siempre hay algo que merece ser escuchado.
A veces es miedo.
A veces es inseguridad.
A veces es agotamiento.
A veces son heridas emocionales que nunca tuvieron espacio para sanar.
Y otras veces son años de autoexigencia y presión interna que han terminado pasando factura.
Más allá de aprender técnicas
Por supuesto que existen herramientas que ayudan.
La respiración.
El mindfulness.
La regulación emocional.
Los recursos corporales.
Todo ello puede ser muy útil y forma parte del proceso.
Pero mi experiencia me ha enseñado que muchas personas no necesitan únicamente aprender a relajarse.
Necesitan comprender por qué no consiguen relajarse.
Necesitan entender qué mantiene encendida esa alarma.
Necesitan reconstruir la sensación de seguridad que quizá se perdió en algún momento del camino.
Por eso, además de trabajar herramientas prácticas, exploramos las experiencias, aprendizajes y creencias que siguen influyendo en el presente.
Y cuando es adecuado, utilizamos EMDR para ayudar al cerebro a procesar aquellas vivencias que continúan activando respuestas emocionales de forma automática.
La buena noticia
Después de muchos años trabajando con personas que sufren ansiedad, hay algo que me gusta recordarles.
Tu ansiedad no es tu identidad.
No naciste siendo ansiedad.
No eres una persona rota.
No estás condenada a vivir así para siempre.
Tu cerebro aprendió a protegerte de una determinada manera.
Y del mismo modo puede aprender nuevas formas de sentirse seguro.
Si te has sentido identificada con estas palabras, quizá ha llegado el momento de dejar de luchar contra ti misma.
Quizá ha llegado el momento de escuchar qué está intentando decirte esa ansiedad.
Porque vivir no debería consistir únicamente en sobrevivir.
Y pedir ayuda no es una señal de debilidad.
Muchas veces es el primer paso para recuperar la calma, la confianza y la libertad que llevas demasiado tiempo buscando.
Yolanda Cuevas
Psicóloga especializada en EMDR y trauma.
Instructora en mindfulness y respiración
Yolanda@yolandacuevas.es
4 respuestas a «“Quiero controlar mi ansiedad”»
Ay Yolanda! Yo llevo toda mi vida así. Tengo 59 años. Tú me podrías ayudar?
Montse te mando más información a tu correo que me figura. Abrazo.
Hola Yolanda,llevo tiempo que me siento físicamente mal y creo que el origen de esto es la ansiedad. Que puedo hacer?
Isabel gracias por escribirme y por compartir cómo te sientes.
Cuando llevamos tiempo con ansiedad, no siempre se manifiesta solo a través de preocupaciones o nerviosismo. Muchas veces es el propio cuerpo quien empieza a hablar: tensión muscular, cansancio, problemas digestivos, sensación de falta de aire, mareos, dificultades para dormir, palpitaciones, dolores de cabeza o una sensación general de malestar físico.
Lo primero que te recomendaría es no dar por hecho que todo es ansiedad. Si no lo has hecho ya, es importante descartar posibles causas médicas y consultar con tu médico para valorar esos síntomas.
Si finalmente la ansiedad está teniendo un papel importante, suele ayudar empezar por algunos aspectos básicos:
-Revisar cómo está siendo tu descanso y tu sueño.
-Reducir, si es posible, el exceso de exigencia y sobrecarga diaria.
-Incorporar movimiento físico adaptado a tu situación.
-Dedicar unos minutos al día a la respiración consciente o a prácticas de mindfulness. En mi web tienes muchas granadas por mi https://yolandacuevas.es/audios/
-Observar qué situaciones, pensamientos o circunstancias parecen aumentar ese malestar.
Y algo importante: más allá de los síntomas, merece la pena preguntarse qué está intentando expresar esa ansiedad. A veces aparece tras periodos de estrés mantenido, experiencias difíciles, preocupaciones acumuladas o etapas en las que hemos estado sosteniendo más de lo que podíamos.
Si te parece, podemos explorar con más detalle qué te ocurre, cuándo empezó, qué síntomas físicos tienes y cómo está afectando a tu día a día para orientarte mejor en una consulta individual. Quedo a la espera, abrazo.