Yolanda Cuevas Ayneto

La importancia de saber acompañar las emociones y las sensaciones difíciles.

Hay momentos en los que las emociones llegan con tanta intensidad que nuestra primera reacción es intentar quitárnoslas de encima.

La ansiedad.
La tristeza.
La incertidumbre.
El miedo.
La angustia.

Y es comprensible.

Nadie nos enseñó a relacionarnos con el malestar. Nos enseñaron a distraernos, a ser fuertes, a no llorar demasiado, a pensar en otra cosa o a intentar controlar lo que sentimos.

Sin embargo, las emociones no son enemigas. Son experiencias humanas que necesitan ser escuchadas, entendidas, trabajadas y acompañadas.

Por eso, una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar es aprender a estar con aquello que sentimos sin luchar continuamente contra ello.

Y para eso, bajar al cuerpo suele ser una de las mejores decisiones que podemos tomar.

Porque cuando una emoción es intensa, no siempre necesitamos entenderla con la cabeza. Necesitamos sentir que podemos sostenerla. Que no nos domina,

La atención plena y la conciencia corporal nos ayudan precisamente a eso: a observar con amabilidad lo que está ocurriendo dentro de nosotros, sin juzgarnos, sin exigirnos estar bien y sin tener que resolverlo todo inmediatamente. Diversos estudios muestran que las prácticas de mindfulness y la conciencia corporal favorecen la regulación emocional y una relación más saludable con las experiencias difíciles.

No esperes a que la emoción sea insoportable para practicar.

No hace falta estar desbordado para empezar.

De hecho, cuanto más entrenamos cuando las emociones tienen una intensidad pequeña o moderada, más capacidad desarrollamos para reconocerlas en el cuerpo y responder con aquello que realmente necesitamos.

Poco a poco aprendemos a identificar el nudo en el estómago, la presión en el pecho, la tensión en la garganta o la agitación interna.

Y entonces dejamos de reaccionar automáticamente para empezar a responder con más conciencia y amabilidad.

La práctica que te comparto a continuación es una invitación a acompañarte.

No pretende eliminar lo que sientes.

No pretende que dejes de tener miedo, tristeza o ansiedad.

Pretende recordarte algo profundamente humano:

Que puedes aprender a estar con lo que sientes sin sentirte sola, sin pelearte contigo y sin perderte en ello.

Deseo de corazón que esta practica te ayude a conectar con tu cuerpo, a tratarte con más ternura y a descubrir que incluso las emociones difíciles pueden ser escuchadas y acompañadas.

– Respira.

– No tienes que hacerlo perfecto.

– Solo necesitas estar presente.

Y dejar que, poco a poco, tu cuerpo y tu corazón encuentren el camino hacia una mayor calma.

Aquí la practica

Aquí el escaneo corporal

Aquí un artículo MUY IMPORTANTE sobre la ansiedad

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Yolanda Cuevas

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