Yolanda Cuevas Ayneto

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«No tengo tiempo para hacer deporte, estoy opositando»

Hay una frase que escucho con frecuencia entre las personas que preparan oposiciones: «Cuando termine de estudiar, volveré a hacer deporte».

Y también otras parecidas: «Ahora no puedo perder una hora en el gimnasio», «Tengo demasiado temario», «Ya me cuidaré cuando apruebe».

Detrás de estas frases suele haber una preocupación comprensible. Preparar unas oposiciones exige tiempo, concentración y compromiso. Cuando sientes que nunca llegas a todo, cualquier actividad que no esté directamente relacionada con el temario puede parecerte un lujo.

Sin embargo, hay algo que conviene revisar: ¿de verdad no tienes tiempo para moverte o has empezado a considerar que cuidar tu cuerpo es menos importante que estudiar?

La oposición no tiene que excluir el deporte.

Tu cuerpo también está preparando la oposición

Durante la preparación puedes pasar muchas horas sentado, con tensión muscular, preocupaciones constantes y poco tiempo al aire libre.

Quizá notes molestias en la espalda, cansancio, irritabilidad o dificultad para desconectar al terminar la jornada.

El movimiento puede ayudarte a cuidar tu salud física, mejorar tu bienestar emocional y romper con el sedentarismo.

La actividad física regular tiene beneficios reconocidos para la salud mental y física. Pero conviene evitar convertirla en otra obligación con la que demostrar que eres una persona disciplinada.

No necesitas entrenar para una maratón mientras preparas una oposición. Necesitas encontrar maneras de moverte que encajen con tu vida y que puedas mantener.

El pensamiento de todo o nada

A menudo veo que las personas se proponen cambios demasiado grandes.

Alguien que lleva meses sin entrenar decide que, a partir del lunes, irá al gimnasio cinco días por semana. Durante unos días consigue cumplirlo, pero llega una semana complicada y abandona.

Entonces aparece la conocida conclusión: «No tengo fuerza de voluntad».

Me gustaría que contemplaras otra posibilidad. Quizá no falló tu voluntad, sino la dimensión del objetivo que te habías propuesto.

Caminar veinte minutos, salir a correr suavemente, hacer ejercicios de fuerza adaptados a tu condición física, bailar o desplazarte andando también son maneras de introducir movimiento.

Cuando el objetivo inicial es pequeño y realista, resulta más sencillo repetirlo y convertirlo en un hábito.

El deporte no tiene por qué competir con el estudio

Hay opositores que organizan su jornada como si cada minuto dedicado a otra actividad fuera un minuto robado a su futuro.

Pero estudiar durante más tiempo no garantiza aprender más.

Piensa en esas tardes en las que llevas horas sentado, lees varias veces el mismo párrafo y te cuesta recordar qué acabas de estudiar. En ocasiones, insistir no es la respuesta más útil. Levantarte, caminar, cambiar de ambiente o descansar puede ayudarte a retomar la tarea en mejores condiciones.

La BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) es una proteína que desempeña un papel fundamental en la supervivencia de determinadas neuronas, la plasticidad cerebral y los mecanismos relacionados con el aprendizaje y la memoria.

Podríamos decir que ayuda al cerebro a mantener y modificar sus conexiones neuronales, algo esencial cuando aprendemos información nueva.

¿Qué relación tiene con el deporte?

Las investigaciones muestran que el ejercicio físico puede aumentar los niveles de BDNF medidos en sangre.

Lo importante es que la actividad física tiene beneficios para el funcionamiento cognitivo y el bienestar, por lo que merece formar parte de la preparación.

Empieza por algo que puedas cumplir

Te propongo elegir una actividad y adaptarla a tu momento actual.

Si llevas mucho tiempo sin moverte, comienza con paseos breves. Si disfrutas del gimnasio, reserva unos días que encajen de verdad con tu organización. Si te cuesta salir de casa, puedes incorporar pequeñas pausas de movilidad durante el estudio.

No te marques como objetivo compensar las horas que has estado sentado ni quemar calorías por sentirte culpable.

Busca una actividad que puedas disfrutar, aunque sea mínimamente, y que te permita reconectar con tu cuerpo.

Y si una semana no consigues mantener la rutina, evita convertirlo en una razón para abandonar. Reorganiza y continúa.

¿Qué ocurre cuando dejamos de cuidarnos?

Me preocupa especialmente cuando la preparación de una oposición empieza a justificar cualquier renuncia.

Dejar de hacer deporte, dormir menos, comer delante de los apuntes, no salir, abandonar aficiones…

Puede que inicialmente estos cambios parezcan temporales. Pero algunas oposiciones se prolongan durante años.

Por eso es importante preguntarte qué consecuencias puede tener para tu bienestar mantener esas renuncias durante tanto tiempo.

Algunas preguntas para ti

  • ¿Qué actividad física disfrutabas antes de empezar a opositar?
  • ¿Cuándo decidiste que ya no tenías tiempo para ella?
  • ¿Qué crees que ocurriría si reservaras veinte minutos para moverte?
  • ¿Tienes expectativas demasiado exigentes respecto al deporte?
  • ¿Cuál sería el primer paso que podrías dar esta semana?

No necesitas esperar a aprobar para volver a cuidar tu cuerpo.

La oposición es una parte importante de tu vida, pero tu salud sigue necesitando atención durante el camino.

Y recuerda: cuidarte hoy también importa, aunque todavía no sepas cuándo llegará el examen.

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El horario perfecto que nunca cumples: cómo organizarte para opositar sin agotarte

Empieza la semana y vuelves a intentarlo. Esta vez sí. Has preparado un horario con todas las asignaturas, los temas pendientes, los repasos y las horas que necesitas dedicar a cada cosa. Incluso has calculado cuándo terminarás el temario.

El lunes parece que funciona, pero el martes algo se complica. Un tema requiere más tiempo del previsto, tienes una cita, has dormido mal o simplemente no consigues concentrarte.

El miércoles ya vas con retraso. El jueves intentas recuperar las horas perdidas y el viernes sientes que la semana ha sido un desastre.

Y vuelta a empezar.

Si estás preparando unas oposiciones y te reconoces en esta situación, quiero que reflexiones sobre algo: ¿el problema es que no sabes organizarte o que estás diseñando horarios que no puedes sostener?

Cuando organizarse se convierte en otra fuente de estrés

La organización debería ayudarte a reducir la incertidumbre, tener claridad sobre tus objetivos y aprovechar mejor el tiempo. Sin embargo, algunas personas terminan convirtiendo el horario en una nueva fuente de exigencia.

Planifican como si todos los días fueran iguales, como si la concentración fuera ilimitada y como si la vida no pudiera interrumpir nunca el estudio.

Pero somos personas, no máquinas. Nuestro rendimiento cambia según el descanso, el estado emocional, la complejidad del contenido, las responsabilidades personales y muchas otras circunstancias.

Un horario que no contempla esta realidad acaba provocando frustración. Y cuando el incumplimiento se repite, puedes empezar a pensar que eres una persona poco disciplinada, desorganizada o incapaz de comprometerte.

Lo preocupante es que termines utilizando un problema de planificación como una prueba de tu falta de valía.

Antes de organizar tus estudios, organiza tu vida

Cuando trabajo con personas que están preparando oposiciones, me parece importante observar cómo están distribuyendo su tiempo y qué lugar ocupan sus necesidades personales.

Hay quien considera que primero tiene que colocar todas las horas de estudio y después, con lo que sobre, dormir, hacer deporte, ver a sus amistades o disfrutar de su pareja.

El problema es que casi nunca sobra tiempo.

Por eso te propongo invertir el planteamiento. Empieza por identificar tus compromisos y necesidades fundamentales: sueño, alimentación, movimiento, responsabilidades familiares, descanso y relaciones personales.

A partir de ahí, organiza los bloques de estudio disponibles.

Esto no significa restar importancia a tu oposición. Significa reconocer que necesitas unas condiciones de vida que te permitan seguir preparándola durante el tiempo que sea necesario.

Cinco cambios para diseñar un horario más realista

1. Calcula tu disponibilidad real, no la ideal.

No planifiques para la persona que te gustaría ser dentro de tres meses. Organízate teniendo en cuenta tu situación actual. Si trabajas, tienes hijos o determinadas responsabilidades, tu horario tendrá que adaptarse a ellas.

2. Diferencia las horas disponibles de las horas de concentración.

Estar seis horas sentado delante de los apuntes no significa estudiar seis horas con la misma calidad de atención. Distribuye las tareas exigentes en los momentos en los que habitualmente te concentras mejor.

3. Define objetivos concretos.

En lugar de escribir únicamente «estudiar Derecho», puedes concretar «repasar el tema 4 y hacer 20 preguntas de autoevaluación». Así podrás comprobar qué has aprendido y detectar dónde necesitas insistir.

4. Deja espacios sin asignar.

No llenes todos los huecos. Introduce cierto margen para imprevistos, contenidos difíciles o repasos pendientes. La flexibilidad es parte de una buena planificación.

5. Revisa tu semana sin juzgarte.

Cuando algo no salga como esperabas, pregúntate qué ocurrió. Quizá calculaste mal el tiempo, necesitabas descansar o utilizaste una técnica de estudio poco eficaz.

La revisión te ayudará mucho más que el reproche.

Un horario debe ayudarte, no castigarte

Imagina que un día te levantas agotado después de dormir mal. Habías previsto estudiar un tema especialmente complejo y hacer un simulacro.

Puedes intentar obligarte a cumplir el plan a cualquier precio, aunque apenas consigas concentrarte. O puedes revisar las prioridades, realizar tareas menos exigentes y reorganizar lo pendiente.

La segunda opción no implica necesariamente falta de disciplina. Puede ser una forma responsable de gestionar tus recursos.

La flexibilidad también requiere compromiso, porque no significa hacer siempre lo que apetece, sino aprender a tomar decisiones adecuadas según las circunstancias.

Preguntas para reflexionar

  • ¿Tu horario incluye lo que necesitas para vivir o solamente lo que necesitas estudiar?
  • ¿Qué sueles decirte cuando no cumples lo previsto?
  • ¿Cuántas horas estudias realmente con atención?
  • ¿Estás confundiendo exigirte más con organizarte mejor?
  • ¿Qué cambio podrías hacer esta semana para que tu planificación fuera más sostenible?

Una oposición requiere constancia, pero la constancia no consiste en cumplir un horario perfecto todos los días. Consiste también en saber reorganizarte y continuar cuando las cosas no salen como habías previsto.

Tu horario tiene que estar al servicio de tu preparación y de tu vida. No al revés.

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