Cuando hablamos de EMDR muchas personas piensan automáticamente en el movimiento ocular.
“Ah, sí, eso de seguir los dedos con la mirada”.
“Eye Movement Desensitization and Reprocessing”, que en español se traduce como “Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares”.
Desensibilización: reducir la intensidad emocional asociada a recuerdos dolorosos.
Reprocesamiento: ayudar al cerebro a integrar esas experiencias de forma adaptativa, para que dejen de generar malestar o reacciones desproporcionadas en el presente.
Pero EMDR es mucho más que una técnica concreta. Es un abordaje terapéutico estructurado, profundo y cuidadosamente planificado, que tiene en cuenta la historia completa de la persona y su capacidad actual para sostener el procesamiento emocional.
Antes de procesar, hay que comprender
En EMDR no empezamos trabajando directamente los recuerdos difíciles.
Primero exploramos la biografía de la persona:
¿Qué experiencias han sido significativas?
¿Qué eventos pueden haber dejado huella?
¿Qué creencias se formaron a partir de esas vivencias?
¿Cómo impactaron en su autoestima, en sus relaciones y en su manera de gestionar emociones?
No se trata solo de “qué pasó”, sino de cómo quedó almacenado en su sistema nervioso.
Evaluamos la estabilidad actual
Antes de reprocesar experiencias traumáticas o dolorosas, valoramos algo esencial:
¿Tiene la persona recursos suficientes para afrontar lo que pueda activarse?
En esta fase trabajamos:
Regulación emocional
Identificación de señales corporales
Desarrollo de recursos internos (lugares seguros, figuras de apoyo, experiencias fortalecedoras)
Ampliación de la ventana de tolerancia
Porque EMDR no consiste en revivir el trauma sin sostén.
Consiste en procesarlo con seguridad.
La preparación no es un trámite. Es terapia.
La fase de preparación puede durar varias sesiones. Y no es “esperar para empezar lo importante”.
Es parte fundamental del tratamiento.
Cuando ayudamos a una persona a conectar con recursos, a comprender cómo funciona su sistema nervioso y a sentirse acompañada, ya estamos produciendo cambios terapéuticos profundos.
La alianza terapéutica es la base
En cualquier enfoque terapéutico la relación es importante. En EMDR es imprescindible.
-El procesamiento solo es posible cuando existe:
-Confianza
-Seguridad relacional
-Sensación de acompañamiento
-Ritmo respetado
-No forzamos recuerdos. No aceleramos procesos.
-Seguimos la capacidad del sistema nervioso.
Procesar no es remover. Es integrar.
Cuando finalmente se inicia el reprocesamiento, no buscamos que la persona “reviva” el dolor.
Buscamos que el recuerdo pierda la carga emocional desbordante y pueda integrarse como parte del pasado.
Que deje de activarse como si estuviera ocurriendo ahora.
Ese es el objetivo del abordaje EMDR:
no borrar la historia, sino ayudar al cerebro a digerirla.
EMDR no es una técnica aislada.
Es un modelo que integra evaluación, estabilización, procesamiento e integración.
Y, sobre todo, es un trabajo profundamente respetuoso con los tiempos y la capacidad de cada persona.
Evidencia científica:
https://www.emdr-es.org/Sobre-EMDR/Investigaciones-que-avalan-el-EMDR-como-psicoterapia
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