Yolanda Cuevas Ayneto

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Pasión

La pasión no se finge, se disfruta.

La pasión surge individual, íntima, pero no hay nada como verla en otros ojos, en otras pieles.

La pasión esconde la búsqueda, el misterio que origina la curiosidad, la energía que provoca el cambio, la evolución, el dinamismo.

La pasión se contagia cuando convergen los mismos anhelos, las mismas respuestas frágiles a unas preguntas que siempre permanecerán presas de la incertidumbre.

La pasión entrelaza el deseo, relativiza el tiempo, despereza el arte.

La pasión adormece los miedos, desata el impulso, frena la duda.

La pasión esboza el destino, libera el presente.

La pasión se ambiciona o se envidia, se percibe o se ignora, crea o destruye.

Pero no, la pasión nunca se finge o se enseña. Se conquista.

Hugo González Granda

www.hiperbole.es

 

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Deporte en la infancia: ¿individual o colectivo?

Nuevo artículo junto a Patricia Ramírez Loeffler

La práctica deportiva centra la atención de padres, educadores e instituciones que trabajan para convertirla en un hábito en la vida de niños y adolescentes.

A nivel físico, cada vez somos más conscientes de la evidencia científica que demuestra que hacer ejercicio y hacer ejercicio de forma regular y correcta es una “vacuna” para evitar posibles enfermedades, como la obesidad o la osteoporosis. Es un aliado para el correcto desarrollo de huesos, músculos y beneficiarse de un sistema cardiovascular fuerte. Previene la diabetes, ayuda a coordinar movimientos, favorece el crecimiento, la flexibilidad, el equilibrio, estimula la higiene y la salud. Fomenta el adecuado sueño y descanso. Libera del organismo sustancias tóxicas como las liberadas por el estrés, estimula la proliferación de endorfinas que generan sensación de bienestar y vitalidad.

A nivel psicológico, fomenta y fortalece la autoestima cada vez que avanzas en la práctica, mejora la confianza en uno mismo y enseña a contar y confiar en los demás. Te permite entrenar tus habilidades sociales cada vez que te relacionas con el grupo deportivo, por lo que favorece la integración, la empatía de ganar y compartir triunfos y el manejo de la frustración cuando se pierde o no se consigue lo que se proponen. También el ejercicio es un catalizador de la energía, enseña a organizar el tiempo y ser más productivos, y resta al excesivo tiempo de sofá, de televisión y de videoconsolas. Así mismo,puede alejarte de hábitos nocivos como el tabaco, alcohol u otras drogas.

A nivel educativo, el deporte es una fuente de trasmisión de valores. Valores que se aplicarán tanto al deporte como a la vida. Entrenadores y técnicos formados, y padres comprometidos pueden tener un papel muy positivo que formará al niño para su futura vida personal, social y laboral. El deporte te enseña trabajar en equipo, a mostrar respeto al compañero, al entrenador, al contrario, al público, a los árbitros y a las normas y reglas de la entidad y del propio deporte, a tolerar los errores del compañero, a pensar en los demás, a ser generoso, a fijar metas, a liderar, a responsabilizarte de tus acciones, a sentir y gestionar las emociones, a comprometerte, a desarrollar la cultura del esfuerzo…con el objetivo de trasladar lo aprendido a la escuela, al estudio, a los amigos y a la familia..

¡Cuánto nos da el deporte si se lo permitimos! No queda otra que como padres fomentarlo y no abusar del castigo evitando su práctica como método para que hagan otras de sus obligaciones.

Es decir que ayuda a construir a las personas en sus variantes física, psicológica y educacional. Desarrolla y mantiene el equilibrio entre el cuerpo y la mente desde niños.

 

Cuando llega el momento en que como padres decidís que vuestro hijo haga deporte vais a pensar en:

– el deporte que practicasteis cuando erais pequeños

– en vuestros gustos actuales, en las modas

– en los deportes que practiquen los hijos de vuestros amigos

– en la oferta de actividades del cole y horarios, en las cuotas

– en las características de vuestros hijos bien porque se les ve habilidosos, o bien porque quieran que a través del deporte se pueda contribuir al desarrollo de aspectos que carecen tanto físicos como psicológicos

– en las decisiones de los más pequeños, que muchas veces irán condicionadas porque sus amigos hacen ese deporte.

La clave es reflexionar teniendo como prioridad a vuestro hijo. Porque en ocasiones temas relacionados con la espalda, obesidad temprana, déficit de atención, timidez preocupan de manera especial y condicionan también la elección.

Independientemente de que ciertos deportes por ser individuales o grupales favorezcan unos u otros valores, características  físicas o psicológicas, el propio entrenador puede fomentar aquellos que se considere más adecuados a las necesidades del niño.

Deportes como la gimnasia rítmica, atletismo, judo, kárate, taekwondo, esquí, natación, surf, ciclismo, tiro con arco, equitación, esgrima, bádminton, tenis, pádel, patinaje, golf… potencian en un mayor grado la responsabilidad. El porcentaje destinado a que los objetivos marcados se vayan cumpliendo dependen de uno mismo. La autoestima del niño se verá reforzada cada vez que consiga su objetivo que no solo resultados y aprenderá qué habilidades y valores son los responsables de su disfrute, favoreciendo su confianza y seguridad. Además, fortalecerá el sentimiento de capacidad ante otras situaciones, desarrollando el valor de la superación (como puede ser el simbolismo del que color de los cinturones en el judo). Aprenderá si le guiamos a competir con él mismo sin tener opciones y responsabilizarse de sus éxitos y fracasos sin que ningún compañero ayude o reste en su ejecución. El deporte individual te ayuda a conectar más rápidamente contigo mismo, con tus emociones y con tus pensamientos.

Los deportes colectivos como baloncesto, fútbol, balonmano, hockey, voleibol, rugby, fútbol sala… facilitan la socialización, realizar nuevas amistades, fomentan el autocontrol, el respeto a los compañeros, el trabajo en equipo en las competiciones, aprender a colaborar porque todos dependen de todos y fomentan el compromiso y la responsabilidad. Aprender a trabajar en equipo es una actividad interesante de cara al futuro. En las empresas, másteres y últimamente también en la Universidad, cada vez más se pide que trabajadores y alumnos trabajen en equipo y con sinergia. Pero es muy difícil cambiar el chip cuando uno viene de la tradición individualista en la que se forma en los colegios y en las familias “tú mira por ti que nadie lo hará si no lo haces tú”, “tú estudia y déjate de compararte y ayudar a los demás”, “con lo que a ti te cuesta cada mañana levantarte para tener tus apuntes ordenados y la caradura de tu amiga te los pide cuando ella no va a clase”. Comentarios como estos fomentan que cada uno mire por lo suyo en lugar de por el bien grupal o la generosidad. El niño que ha aprendido a esperar su turno, a ser suplente y ser generoso dando un pase de gol en lugar de chutar él a puerta, sabe lo que es trabajar en equipo.

Los niños, ante todo, deben divertirse con su deporte. Y en los primeros años hay que fomentarles el multideporte, que prueben y practiquen tantos deportes y actividades como les apetezca. Eso sí, siendo responsables con las opciones que eligen. No se puede cambiar cada “semana” de deporte y de club. Tiene que aprender a comprometerse, a tener paciencia, a darse y dar oportunidades a los demás (compañeros y entrenadores)

Los niños por naturaleza, son activos, y desde muy temprana edad. Estimular la actividad física les beneficia: saltar, correr, aplaudir, agacharse, y todo lo relacionado con la flexibilidad, coordinación, destreza y el equilibrio. Divertirse mientras se mueven es el inicio del ejercicio físico que terminará en la práctica deportiva con reglas y competiciones a partir de los seis años.

Destacar que si el deporte es practicado entre niños y niñas fomenta la igualdad, evitando conductas de “esto es de chicos” y así erradicar patrones machistas.

Educar el hábito de la vida deportiva parte desde la infancia. No hay que olvidar que no solo hay que acompañar sino practicar actividad física o deportiva con nuestros hijos, porque además de fijar el hábito, permite experimentar emociones y sensaciones únicas y compartidas en familia creando nuevos vínculos.

 

Patricia Ramírez

@patri_psicologa

 

Yolanda Cuevas

@YolandCuAy

 

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Resumen 2014, gracias por hacer esto posible.

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 33.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 12 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

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Educando en redes sociales a hijos y padres.

Con motivo de la Charla que he impartido en el Club RSD Santa Isabel sobre las Redes Sociales creo este espacio con información útil para padres y usuarios de las Redes Sociales. Iré incorporando nueva información que encuentre o me facilitéis porque considerías de interés.

Cuando se conoce se actúa mejor, cuando se conoce se educa mejor.

Cartel redes RSD

La familia ante las redes sociales.

Decálogo.

Guías padres tuenti.

Guías educadores tuenti.

Guías para usuarios tuenti.

Guía lucha ciberacoso.

Educar para proteger.

Familia y nuevas tecnologías.

Familia y relación con tv y otras pantallas.

Nuevas tecnologías en familias.

Redes sociales, seguridad WIFI.

Redes sociales, control parental.

Redes sociales, sextorsión.

Redes sociales, ciberbullying.

¿Qué podemos hacer los padres ante las redes sociales?

Guía de actuación sobre el acoso.

Peter y twitter decálogo en historias con imágenes.

Datos de encuestas.

No los dejes solos.

Padres 2.0.

Contrato para los hijos y padres.

Segu Kids juntos en la red.

 

 

Enlace a #redesypadres

Portada RRSSPAUTAS 2PAUTAS 1

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Calienta motores, el final de año es sinónimo de un nuevo inicio.

Cuanta esperanza pones cada final de año… pero de un día para otro las cosas no cambian. Bueno quizá para algunos sí y la famosa lotería sea una nueva oportunidad. Pero para el resto y para ti solo queda tu actitud y salud, mucha salud física y mental, para llevar a cabo eso que quieres, que te propones ahora, en pensamiento.

Que este año salga el trabajo que esperas, que te lleves mejor con tu pareja, que no discutas con los hermanos, que te lleves mejor con tu familia política, que consigas perder esos kilos, que dejes de fumar, que lleves una mejor alimentación, que disfrutes más de tus amigos, que leas más, que consigas acabar ese curso on line que se eterniza…
Son días en que los propósitos crecen, las voluntades se multiplican y la nostalgia te hace vulnerable entre luces navideñas y villancicos. Vivir los últimos coletazos del año diciendo “Este será mi año sí o sí”, es un clásico en la vida.

Crecer como profesional, encontrar pareja, empezar a estudiar, proponerte nuevos objetivos en el deporte, aprender un idioma…En definitiva proponerte nuevos retos que te obligan a salir de la zona gris, la llamada zona de confort, esa en la que todo está controlado, en la que te sientes seguro, que no te da disgustos pero reconócelo, sí te hace vivir mustio, porque en el fondo quieres más.

Y llegará ese momento en que otorgas a las uvas un poder mágico para destinar salud, trabajo y amor no siempre en este orden según la edad y circunstancias, para ti y los tuyos, y que a la vez fantaseas con promesas si algo de lo que pides se cumple.
Pues es hora de despertar y aterrizar en la realidad, la que tú construyes día adía. Vendrá el 2 de enero y te levantarás siendo el mismo y tus deseos sin salir de tu mente.
Se sabe que transcurridas unas semanas todo vuelve a la normalidad y el subidón navideño de los buenos propósitos se esfuma de la misma manera que vino si tú no lo evitas.
Y es que, se necesita arrancar pero acompañado de fuerza de voluntad, automotivación y perseverancia. Son los tres Reyes Magos que harán posible que tus propósitos se cumplan. Quieres un cambio en tu vida y esto te exige, que actúes de una manera determinada, no de cualquiera. Porque si no actúas, los sueños no se cumplen.

En definitiva son esos ingredientes básicos para disfrutar del pastel de tu vida:

 

reyes
Melchor, el Rey de la Fuerza de Voluntad: No queda otra, nadie se levanta de la cama para correr si no eres tú, nadie busca en portales de empleo, come de forma sana si no lo haces tú, entrena habilidades sociales para buscar pareja y un largo etc. más que tú mismo. Eres insustituible, o lo haces tú o nadie lo hará por ti. No valen excusas, si te las das a ti mismo y a los demás, es que no lo deseabas de verdad, no te engañes ni pierdas el tiempo, así de simple.
Trabajar tu fuerza de voluntad creará un plan y un hábito. Cada vez que te esfuerzas y lo haces tu cerebro lo interpreta como que es posible y hace que te sientas capaz y seguro de ti mismo, con confianza para seguir. Los primeros resultados certificarán tu esfuerzo y verás que merece la pena y las cosas empezarán a rodar.

Gaspar, el Rey de la Automotivación: Una de las claves de la Inteligencia emocional, esa fuerza interior propia que tú generas y construyes, que te predispone, arrastra y mantiene para conseguir lo que quieres. Te inyecta la energía necesaria en momentos clave. Que se alimenta de tus logros anteriores, esos que te recuerdan que eres capaz, fomentando una vez más tu seguridad y confianza, y te recuerda las claves que te permitieron lograrlo. Se alimenta de tu monólogo interior, así que lo tienes que ensayar y diseñar con mucho cariño, porque la mente se toma las cosas al pie de tu voz interna. Así que no dejes tu responsabilidad en tus sueños, en “manos” de los demás.

Baltasar, el Rey de la Perseverancia: Es la capacidad de mantenerte en el proyecto que has iniciado. Las cosas no saldrán a la primera y tienes que tenerlo claro desde un inicio para no poner excusas tipo ¿es que yo pensaba que…?. Ser perseverante te demuestra hasta qué punto quieres conseguir lo que te has propuesto. Te permite vencer obstáculos como el cansancio, el desánimo, las dificultades o la frustración al ver que te cuesta o que “fracasas” en un intento. Fracasar es una llamada de atención, te dice lo que no debes hacer en el siguiente intento. Es fundamental que aprendas a interpretar estos sucesos en tu beneficio siempre y que sigas.

¿De verdad deseas lo que pides? Pues ponte a ello.
Feliz Año Nuevo y HAZ TÚ, para que tus sueños se hagan realidad. Tienes de nuevo otros 12 meses.

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Educar en valores la principal asignatura de la vida.

Aquí os dejo el artículo para El Portal del Hombre junto a Patricia Ramírez. A partir de este artículo cada mes del 2015 trataremos un valor diferente.

Pincha. ivalores

Otro artículo de interés sobre #valores y #deporte ¿Son adecuados para la formación de los niños los valores del deporte actual?

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Para cenar en paz esta Noche Buena y las que vengan.

 

Es pasar la hoja del calendario, ver diciembre, fechas en rojo y hay gente que suspira tan profundo que no hacen falta palabras para saber que no es su mes. Hay personas a las que la Navidad no les gusta, por diferentes razones. Faltan seres queridos, hay que comprar regalos en ocasiones obligados, las fechas promueven reunirse en familia y no es como la “pintan” los anuncios de turrones.
Socialmente hay una gran expectativa y lo que se respira en el aire no es paz, armonía y amor sino presión, pocas ganas y culpabilidad por no vivir en muchos casos, el espíritu navideño como manda la tradición.
Una vez superada la pregunta ¿y esta Navidad con quién toca? Hay que diseñar nuestra navidad, planificando todo aquello que depende de nosotros. No esperar a que la magia navideña, una mesa vestida de rojo, o los villancicos de fondo hagan que las desavenencias, las discusiones pasadas, los roces familiares, los temas pendientes y un largo etcétera… desaparezcan. Porque a la mesa se sientan también todas esas circunstancias que si no se saben manejar amargan la reunión familiar.
Te propongo unas ideas para que vayas reflexionando, y decidas cuales están en tu área de acción. Las llamo ideas para cenar en paz esta Noche Buena y las que vengan:
1. Escribe lo que te puede aportar de positivo reunirte con cada miembro que va a asistir. Tu cerebro trabajará buscando aquello que has anotado y tú, actuarás en consecuencia.
2. Decide donde sentarte en la mesa. Procura estar cerca de los que hayas anotado que te va a aportar más. Facilitará la conexión y buen ambiente.
3. Prepara tu lista de temas de conversación pensando en los demás. No esperes a que hablen los de siempre, para luego decir que se habla de lo mismo. Nada de política, fútbol, crisis, o el paro si sabes que hay personas con ideas opuestas, blancos y azulgranas, o si hay personas que están en paro o pasándolo mal económicamente.
4. Mima el ambiente. Pon velas y música según los gustos de todos, los villancicos están bien pero no tienen que imponerse en toda la velada. De este modo predisponemos a las personas al “buen rollo”.
5. Suaviza el tono de voz. Si gritas aunque sea tu tono, las personas reaccionan a la defensiva gritando más o de forma pasiva y callando. Si te gritan respira y busca esa frase asertiva que te dejará tranquilo y en paz contigo mismo.
6. Nada de indirectas. Nunca es la forma adecuada de comunicarse pero en un día así menos. Si te toca escucharlas sonríe y puede hasta que sepas de antemano que entre gamba y gamba vas a oir: “no sé si iremos de boda”, “no creo que sea abuelo a este paso”, “siempre van ocupados no sé cómo lo hacen”… Saberlo te va a permitir elegir desde la calma cómo reaccionar para luego no arrepentirte de tus formas.
7. Cuida la comunicación no verbal. La cara habla lo que la lengua calla. Sin mediar palabra puedes transmitir incomodidad, pasotismo, chulería, nerviosismo…
8. Aquí y ahora. No engullas la comida centra tu atención en el olor, la textura, el sabor, para comer más despacio y disfrutar de lo que se ha preparado. Recuerda que llegar “a mesa puesta” supone que detrás hay alguien que ha dedicado muchas horas para dar gusto a todos.
9. Decide que harás. Si te sientes violento, desplazado, sin saber qué hacer, interactúa con los niños, o con la persona más afín, o levántate y ayuda a traer el siguiente plato o recoger la mesa. Pero no bebas más porque lo empeorará todo.
10. El móvil alejado y silenciado. Alguien o los niños que se encarguen de recogerlos y ponerlos fuera del alcance. No es necesario para pasar unas horas juntos. Ver como cada uno ríe y “wasapea” fotos y videos toda la cena desconecta de un ambiente en familia. Y si hay niños recuerda que estás educando, sean o no sean tus hijos.
11. La hora de los regalos está para disfrutar. Pactar el precio, que sea algo simbólico, facilitar el regalo etc… puede aliviar los compromisos y el malestar que puede generar. Se trata de compartir el momento y no las críticas por ver qué se ha hecho y a quien. La próxima vez hazlo con más antelación. Y nunca olvides que hay personas que en estas fechas que no podrán ni hacer, ni recibir regalos.
12. Piensa en los que se “estrenan” en la familia. La pareja de tu hijo, la pareja de tu hermana o ese pequeño hijo, nieto, y/o sobrino que es consciente por primera vez de la Navidad. Vas a ser partícipe de su primer recuerdo así que actúa para que sea agradable.
Llega la despedida, quédate con lo bueno, habla contigo mismo o con tu pareja de la parte dulce. Todo lo que haya que mejorar la vida se encarga de ponerte a prueba de nuevo.
Paciencia y flexibilidad son la mejor compañía en Navidad y en la vida.
Feliz Navidad

Aquí mi intervención en Aragón Radio desde el minuto 8.

http://www.aragonradio.es/radio?reproducir=116598

 

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¿Gritamos enfurecidos al entrenador de nuestros hijos?

Aquí os dejo en PDF el artículo publicado en el Heraldo de Aragón sección escolar 26.11.2014

Agradecer a todos los que difundis, compartis y valorais este tipo de artículos en redes sociales, webs y grupos de whatsapp de padres, entrenadores y en definitiva donde vive el deporte.

Solo se mejora si uno se lo propone pero juntos somos más fuertes.

Enlace a ¿Eres de los que gritan al entrenador de sus hijos? 10.02.17

Las actividades deportivas escolares no son solo cosa de los hijos, también lo son, y en ocasiones en exceso, de los ‘sufridos’ padres. Y, si no, que se lo pregunten a esos cientos, miles, de progenitores esforzados que, sin rechistar, llevan a sus hijos de aquí para allá, llueva, nieve o truene, a interminables entrenamientos y a agotadores partidos, a lo largo y ancho de nuestra geografía, durante todo el curso. Pero este entorno que, en principio, bien puede parecer idílico, en ocasiones se torna complicado, por no decir abiertamente hostil. Sobre esta espinosa cuestión, la psicóloga Yolanda Cuevas Ayneto opina que “nuestra máxima responsabilidad, como padres, en sentar las bases educativas y en valores a través de esas actividades deportivas que practican nuestros hijos. Porque enseñar las técnicas deportivas es patrimonio exclusivo del entrenador, ¡que para eso se forma!”. Nuestra misión es, pues, animar a los chicos, sí, pero sin anteponer nuestros deseos y, por supuesto, sin insultar al árbitro o pretender saber más que el propio entrenador. La psicóloga Yolanda Cuevas analiza alguna de estas situaciones y nos ofrece pautas de comportamiento para afrontarlas y ayudar a nuestros hijos.

La elección, fundamental. Lo mejor es que nuestros hijos experimenten diferentes deportes hasta que ellos elijan. Si condicionamos sus gustos deportivos, les estamos restando oportunidades. Responsabilidad y compromiso. El deporte educa y transmite valores tan importantes como la responsabilidad y el compromiso: preparar la bolsa con ellos, aunque les cueste, hasta que puedan hacerlo solos; ser puntuales, asistir a los entrenamientos y encuentros -no se puede faltar porque nos surja otro plan el fin de semana-… Tenemos que ser conscientes de que hacer deporte implica esfuerzo y sacrificio de todos. Motivar, sí; presionar, no. En los desplazamientos debemos cuidar nuestras palabras. A veces, creemos que les estamos motivando, cuando, realmente, lo que hacemos es añadir presión a la que ya tienen. Que lo hagamos con buena voluntad, no implica que esté bien hecho. Esos: «Confiamos en ti», «seguro que lo harás genial», «te espero con la medalla», «eres el mejor»… son como piedras para la mochila deportiva de nuestros hijos. Así que, cuidado con lo que les decimos, ya que nuestras palabras se graban y dejan huellas emocionales que pueden conducirles a abandonar el deporte. En los desplazamientos también entrenamos a los hijos en valores, en normas, en objetivos, en resolución de conflictos… Así que no monopolicemos el tema de conversación y busquemos otros asuntos de interés, que desarrollen su capacidad crítica. Hay tiempo para todo. Tenemos que ayudarles a gestionar el tiempo; enseñarles a organizarse para que desarrollen un hábito. Hay que establecer un equilibrio entre estudios, deporte y amigos. Castigarles sin deporte solo generará emociones y sentimientos que nos separen y limiten nuestra relación. Conversaciones positivas con otros padres. Somos sus padres, no ojeadores deportivos; nadie nos va a evaluar después de los entrenamientos y encuentros. Lo mejor que podemos hacer es relajarnos, sentirnos afortunados porque nuestros hijos están rodeados de deporte, creciendo con él y con sus beneficios físicos, psicológicos y educativos. Debemos disfrutar del encuentro, entablar conversaciones positivas con otros padres, es decir, que no todo sea criticar al entrenador, porque esto… no ayuda. Ni gritos ni insultos. ¿Somos de esos padres que gritamos enfurecidos al entrenador, al árbitro o a nuestro propio hijo y les faltamos al respeto? Si lanzamos miradas de esas que bloquean, gestos que les desaniman; si la rabia nos supera cuando pierden, si alentamos ciertas conductas contra el adversario, si contradecimos y criticamos al entrenador… nos estamos saltando las reglas del juego como padres o madres. No estamos siendo coherentes con esa famosa frase que tanto nos gusta y repetimos: «Yo, lo que quiero es que mi hijo disfrute y haga deporte». Con estas actuaciones, en vez de educar, deseducamos. Así que, comencemos a controlar estas situaciones y a entrenar nuestra gestión emocional, por el bien de nuestros propios hijos, a nivel emocional y educativo. Así, evitaremos que nos pidan que no vayamos a verlos jugar o que… se avergüencen de nosotros. Juego limpio y diversión. Nuestra responsabilidad es educar a nuestros hijos en el juego limpio y en el disfrute del deporte como algo natural, honesto y divertido, que, seguramente, les ayudará a que se conviertan en mejores personas, aprendiendo a cumplir el reglamento, sin hacer trampas, respetando a todos; enseñándoles ganar y a perder, a ser humildes y a reconocer, siempre, el buen trabajo de los demás.

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