Yolanda Cuevas Ayneto

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Calienta motores, el final de año es sinónimo de un nuevo inicio.

Cuanta esperanza pones cada final de año… pero de un día para otro las cosas no cambian. Bueno quizá para algunos sí y la famosa lotería sea una nueva oportunidad. Pero para el resto y para ti solo queda tu actitud y salud, mucha salud física y mental, para llevar a cabo eso que quieres, que te propones ahora, en pensamiento.

Que este año salga el trabajo que esperas, que te lleves mejor con tu pareja, que no discutas con los hermanos, que te lleves mejor con tu familia política, que consigas perder esos kilos, que dejes de fumar, que lleves una mejor alimentación, que disfrutes más de tus amigos, que leas más, que consigas acabar ese curso on line que se eterniza…
Son días en que los propósitos crecen, las voluntades se multiplican y la nostalgia te hace vulnerable entre luces navideñas y villancicos. Vivir los últimos coletazos del año diciendo “Este será mi año sí o sí”, es un clásico en la vida.

Crecer como profesional, encontrar pareja, empezar a estudiar, proponerte nuevos objetivos en el deporte, aprender un idioma…En definitiva proponerte nuevos retos que te obligan a salir de la zona gris, la llamada zona de confort, esa en la que todo está controlado, en la que te sientes seguro, que no te da disgustos pero reconócelo, sí te hace vivir mustio, porque en el fondo quieres más.

Y llegará ese momento en que otorgas a las uvas un poder mágico para destinar salud, trabajo y amor no siempre en este orden según la edad y circunstancias, para ti y los tuyos, y que a la vez fantaseas con promesas si algo de lo que pides se cumple.
Pues es hora de despertar y aterrizar en la realidad, la que tú construyes día adía. Vendrá el 2 de enero y te levantarás siendo el mismo y tus deseos sin salir de tu mente.
Se sabe que transcurridas unas semanas todo vuelve a la normalidad y el subidón navideño de los buenos propósitos se esfuma de la misma manera que vino si tú no lo evitas.
Y es que, se necesita arrancar pero acompañado de fuerza de voluntad, automotivación y perseverancia. Son los tres Reyes Magos que harán posible que tus propósitos se cumplan. Quieres un cambio en tu vida y esto te exige, que actúes de una manera determinada, no de cualquiera. Porque si no actúas, los sueños no se cumplen.

En definitiva son esos ingredientes básicos para disfrutar del pastel de tu vida:

 

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Melchor, el Rey de la Fuerza de Voluntad: No queda otra, nadie se levanta de la cama para correr si no eres tú, nadie busca en portales de empleo, come de forma sana si no lo haces tú, entrena habilidades sociales para buscar pareja y un largo etc. más que tú mismo. Eres insustituible, o lo haces tú o nadie lo hará por ti. No valen excusas, si te las das a ti mismo y a los demás, es que no lo deseabas de verdad, no te engañes ni pierdas el tiempo, así de simple.
Trabajar tu fuerza de voluntad creará un plan y un hábito. Cada vez que te esfuerzas y lo haces tu cerebro lo interpreta como que es posible y hace que te sientas capaz y seguro de ti mismo, con confianza para seguir. Los primeros resultados certificarán tu esfuerzo y verás que merece la pena y las cosas empezarán a rodar.

Gaspar, el Rey de la Automotivación: Una de las claves de la Inteligencia emocional, esa fuerza interior propia que tú generas y construyes, que te predispone, arrastra y mantiene para conseguir lo que quieres. Te inyecta la energía necesaria en momentos clave. Que se alimenta de tus logros anteriores, esos que te recuerdan que eres capaz, fomentando una vez más tu seguridad y confianza, y te recuerda las claves que te permitieron lograrlo. Se alimenta de tu monólogo interior, así que lo tienes que ensayar y diseñar con mucho cariño, porque la mente se toma las cosas al pie de tu voz interna. Así que no dejes tu responsabilidad en tus sueños, en “manos” de los demás.

Baltasar, el Rey de la Perseverancia: Es la capacidad de mantenerte en el proyecto que has iniciado. Las cosas no saldrán a la primera y tienes que tenerlo claro desde un inicio para no poner excusas tipo ¿es que yo pensaba que…?. Ser perseverante te demuestra hasta qué punto quieres conseguir lo que te has propuesto. Te permite vencer obstáculos como el cansancio, el desánimo, las dificultades o la frustración al ver que te cuesta o que “fracasas” en un intento. Fracasar es una llamada de atención, te dice lo que no debes hacer en el siguiente intento. Es fundamental que aprendas a interpretar estos sucesos en tu beneficio siempre y que sigas.

¿De verdad deseas lo que pides? Pues ponte a ello.
Feliz Año Nuevo y HAZ TÚ, para que tus sueños se hagan realidad. Tienes de nuevo otros 12 meses.

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Educar en valores la principal asignatura de la vida.

Aquí os dejo el artículo para El Portal del Hombre junto a Patricia Ramírez. A partir de este artículo cada mes del 2015 trataremos un valor diferente.

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Otro artículo de interés sobre #valores y #deporte ¿Son adecuados para la formación de los niños los valores del deporte actual?

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Para cenar en paz esta Noche Buena y las que vengan.

 

Es pasar la hoja del calendario, ver diciembre, fechas en rojo y hay gente que suspira tan profundo que no hacen falta palabras para saber que no es su mes. Hay personas a las que la Navidad no les gusta, por diferentes razones. Faltan seres queridos, hay que comprar regalos en ocasiones obligados, las fechas promueven reunirse en familia y no es como la “pintan” los anuncios de turrones.
Socialmente hay una gran expectativa y lo que se respira en el aire no es paz, armonía y amor sino presión, pocas ganas y culpabilidad por no vivir en muchos casos, el espíritu navideño como manda la tradición.
Una vez superada la pregunta ¿y esta Navidad con quién toca? Hay que diseñar nuestra navidad, planificando todo aquello que depende de nosotros. No esperar a que la magia navideña, una mesa vestida de rojo, o los villancicos de fondo hagan que las desavenencias, las discusiones pasadas, los roces familiares, los temas pendientes y un largo etcétera… desaparezcan. Porque a la mesa se sientan también todas esas circunstancias que si no se saben manejar amargan la reunión familiar.
Te propongo unas ideas para que vayas reflexionando, y decidas cuales están en tu área de acción. Las llamo ideas para cenar en paz esta Noche Buena y las que vengan:
1. Escribe lo que te puede aportar de positivo reunirte con cada miembro que va a asistir. Tu cerebro trabajará buscando aquello que has anotado y tú, actuarás en consecuencia.
2. Decide donde sentarte en la mesa. Procura estar cerca de los que hayas anotado que te va a aportar más. Facilitará la conexión y buen ambiente.
3. Prepara tu lista de temas de conversación pensando en los demás. No esperes a que hablen los de siempre, para luego decir que se habla de lo mismo. Nada de política, fútbol, crisis, o el paro si sabes que hay personas con ideas opuestas, blancos y azulgranas, o si hay personas que están en paro o pasándolo mal económicamente.
4. Mima el ambiente. Pon velas y música según los gustos de todos, los villancicos están bien pero no tienen que imponerse en toda la velada. De este modo predisponemos a las personas al “buen rollo”.
5. Suaviza el tono de voz. Si gritas aunque sea tu tono, las personas reaccionan a la defensiva gritando más o de forma pasiva y callando. Si te gritan respira y busca esa frase asertiva que te dejará tranquilo y en paz contigo mismo.
6. Nada de indirectas. Nunca es la forma adecuada de comunicarse pero en un día así menos. Si te toca escucharlas sonríe y puede hasta que sepas de antemano que entre gamba y gamba vas a oir: “no sé si iremos de boda”, “no creo que sea abuelo a este paso”, “siempre van ocupados no sé cómo lo hacen”… Saberlo te va a permitir elegir desde la calma cómo reaccionar para luego no arrepentirte de tus formas.
7. Cuida la comunicación no verbal. La cara habla lo que la lengua calla. Sin mediar palabra puedes transmitir incomodidad, pasotismo, chulería, nerviosismo…
8. Aquí y ahora. No engullas la comida centra tu atención en el olor, la textura, el sabor, para comer más despacio y disfrutar de lo que se ha preparado. Recuerda que llegar “a mesa puesta” supone que detrás hay alguien que ha dedicado muchas horas para dar gusto a todos.
9. Decide que harás. Si te sientes violento, desplazado, sin saber qué hacer, interactúa con los niños, o con la persona más afín, o levántate y ayuda a traer el siguiente plato o recoger la mesa. Pero no bebas más porque lo empeorará todo.
10. El móvil alejado y silenciado. Alguien o los niños que se encarguen de recogerlos y ponerlos fuera del alcance. No es necesario para pasar unas horas juntos. Ver como cada uno ríe y “wasapea” fotos y videos toda la cena desconecta de un ambiente en familia. Y si hay niños recuerda que estás educando, sean o no sean tus hijos.
11. La hora de los regalos está para disfrutar. Pactar el precio, que sea algo simbólico, facilitar el regalo etc… puede aliviar los compromisos y el malestar que puede generar. Se trata de compartir el momento y no las críticas por ver qué se ha hecho y a quien. La próxima vez hazlo con más antelación. Y nunca olvides que hay personas que en estas fechas que no podrán ni hacer, ni recibir regalos.
12. Piensa en los que se “estrenan” en la familia. La pareja de tu hijo, la pareja de tu hermana o ese pequeño hijo, nieto, y/o sobrino que es consciente por primera vez de la Navidad. Vas a ser partícipe de su primer recuerdo así que actúa para que sea agradable.
Llega la despedida, quédate con lo bueno, habla contigo mismo o con tu pareja de la parte dulce. Todo lo que haya que mejorar la vida se encarga de ponerte a prueba de nuevo.
Paciencia y flexibilidad son la mejor compañía en Navidad y en la vida.
Feliz Navidad

Aquí mi intervención en Aragón Radio desde el minuto 8.

http://www.aragonradio.es/radio?reproducir=116598

 

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Psicología del Deporte

El papel de los padres en la iniciación deportiva

Os dejo el programa de radio emitido el sábado 26 noviembre #NSmanagement Valencia.

Comparto espacio junto a David Llopis psicólogo del Levante UD, Juan González psicólogo del Elche CF y Yara Serrano

 

Aquí

 

 

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¿Gritamos enfurecidos al entrenador de nuestros hijos?

Aquí os dejo en PDF el artículo publicado en el Heraldo de Aragón sección escolar 26.11.2014

Agradecer a todos los que difundis, compartis y valorais este tipo de artículos en redes sociales, webs y grupos de whatsapp de padres, entrenadores y en definitiva donde vive el deporte.

Solo se mejora si uno se lo propone pero juntos somos más fuertes.

Enlace a ¿Eres de los que gritan al entrenador de sus hijos? 10.02.17

Las actividades deportivas escolares no son solo cosa de los hijos, también lo son, y en ocasiones en exceso, de los ‘sufridos’ padres. Y, si no, que se lo pregunten a esos cientos, miles, de progenitores esforzados que, sin rechistar, llevan a sus hijos de aquí para allá, llueva, nieve o truene, a interminables entrenamientos y a agotadores partidos, a lo largo y ancho de nuestra geografía, durante todo el curso. Pero este entorno que, en principio, bien puede parecer idílico, en ocasiones se torna complicado, por no decir abiertamente hostil. Sobre esta espinosa cuestión, la psicóloga Yolanda Cuevas Ayneto opina que “nuestra máxima responsabilidad, como padres, en sentar las bases educativas y en valores a través de esas actividades deportivas que practican nuestros hijos. Porque enseñar las técnicas deportivas es patrimonio exclusivo del entrenador, ¡que para eso se forma!”. Nuestra misión es, pues, animar a los chicos, sí, pero sin anteponer nuestros deseos y, por supuesto, sin insultar al árbitro o pretender saber más que el propio entrenador. La psicóloga Yolanda Cuevas analiza alguna de estas situaciones y nos ofrece pautas de comportamiento para afrontarlas y ayudar a nuestros hijos.

La elección, fundamental. Lo mejor es que nuestros hijos experimenten diferentes deportes hasta que ellos elijan. Si condicionamos sus gustos deportivos, les estamos restando oportunidades. Responsabilidad y compromiso. El deporte educa y transmite valores tan importantes como la responsabilidad y el compromiso: preparar la bolsa con ellos, aunque les cueste, hasta que puedan hacerlo solos; ser puntuales, asistir a los entrenamientos y encuentros -no se puede faltar porque nos surja otro plan el fin de semana-… Tenemos que ser conscientes de que hacer deporte implica esfuerzo y sacrificio de todos. Motivar, sí; presionar, no. En los desplazamientos debemos cuidar nuestras palabras. A veces, creemos que les estamos motivando, cuando, realmente, lo que hacemos es añadir presión a la que ya tienen. Que lo hagamos con buena voluntad, no implica que esté bien hecho. Esos: «Confiamos en ti», «seguro que lo harás genial», «te espero con la medalla», «eres el mejor»… son como piedras para la mochila deportiva de nuestros hijos. Así que, cuidado con lo que les decimos, ya que nuestras palabras se graban y dejan huellas emocionales que pueden conducirles a abandonar el deporte. En los desplazamientos también entrenamos a los hijos en valores, en normas, en objetivos, en resolución de conflictos… Así que no monopolicemos el tema de conversación y busquemos otros asuntos de interés, que desarrollen su capacidad crítica. Hay tiempo para todo. Tenemos que ayudarles a gestionar el tiempo; enseñarles a organizarse para que desarrollen un hábito. Hay que establecer un equilibrio entre estudios, deporte y amigos. Castigarles sin deporte solo generará emociones y sentimientos que nos separen y limiten nuestra relación. Conversaciones positivas con otros padres. Somos sus padres, no ojeadores deportivos; nadie nos va a evaluar después de los entrenamientos y encuentros. Lo mejor que podemos hacer es relajarnos, sentirnos afortunados porque nuestros hijos están rodeados de deporte, creciendo con él y con sus beneficios físicos, psicológicos y educativos. Debemos disfrutar del encuentro, entablar conversaciones positivas con otros padres, es decir, que no todo sea criticar al entrenador, porque esto… no ayuda. Ni gritos ni insultos. ¿Somos de esos padres que gritamos enfurecidos al entrenador, al árbitro o a nuestro propio hijo y les faltamos al respeto? Si lanzamos miradas de esas que bloquean, gestos que les desaniman; si la rabia nos supera cuando pierden, si alentamos ciertas conductas contra el adversario, si contradecimos y criticamos al entrenador… nos estamos saltando las reglas del juego como padres o madres. No estamos siendo coherentes con esa famosa frase que tanto nos gusta y repetimos: «Yo, lo que quiero es que mi hijo disfrute y haga deporte». Con estas actuaciones, en vez de educar, deseducamos. Así que, comencemos a controlar estas situaciones y a entrenar nuestra gestión emocional, por el bien de nuestros propios hijos, a nivel emocional y educativo. Así, evitaremos que nos pidan que no vayamos a verlos jugar o que… se avergüencen de nosotros. Juego limpio y diversión. Nuestra responsabilidad es educar a nuestros hijos en el juego limpio y en el disfrute del deporte como algo natural, honesto y divertido, que, seguramente, les ayudará a que se conviertan en mejores personas, aprendiendo a cumplir el reglamento, sin hacer trampas, respetando a todos; enseñándoles ganar y a perder, a ser humildes y a reconocer, siempre, el buen trabajo de los demás.

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Los buenos hábitos, los aliados en la prevención de los trastornos de la alimentación.

Nuevo artículo para la Fundación Roger Torné, junto a Patricia Ramírez Loeffler.

Las dietas poco saludables, la obesidad y el sobrepeso, y su posible derivación en  trastornos de la conducta alimentaria (TCA), son males que preocupan a todos los padres. Anorexia, bulimia e ingesta compulsiva pueden aparecer en la edad de la adolescencia y son más frecuentes en las mujeres, especialmente entre los 12 y los 24 años.

 

Los estudios demuestran que la causa es multidimensional  (factores genéticos, socioculturales y psicológicos). A pesar de que algunos factores son de difícil intervención, como  los rasgos de personalidad, sí que hay otros en los que como padres y profesionales podemos intervenir y prevenir: los patrones culturales y estéticos, el propio esquema corporal y la valoración negativa de la figura, o la práctica hábitos poco saludables. Es importante destacar que la detección precoz y las intervenciones multicomponentes mejoran el pronóstico, reduciendo el tiempo de tratamiento. En este sentido, la familia, el colegio y la sociedad son los escenarios donde la educación en patrones de alimentación, un estilo de vida saludable y la imagen corporal tienen que tratarse con máxima delicadeza.

 

¿Qué son los Trastornos de la Conducta Alimentaria?

Son un grupo de trastornos mentales que se caracterizan por una conducta alterada de la ingesta alimentaria y/o la aparición de determinados comportamientos dirigidos a controlar el peso. Provocan alteraciones físicas y psicosociales. Los más conocidos son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa.

 

En la anorexia nerviosa, la persona muestra un deseo obsesivo por estar delgada y para conseguirlo sigue una dieta restrictiva, realiza conductas purgatorias como vómitos autoinducidos y toma de diuréticos o laxantes. A estos patrones de autocontrol se une la práctica de  gran actividad física, que la ayuda en la pérdida de calorías. El niño o adolescente que presenta una distorsión de la realidad, se ve gordo/a y no tienen conciencia de enfermedad.

 

En cuanto a la personalidad, se caracterizan por tener un alto sentido de la responsabilidad, perfeccionismo, ineficacia personal, baja autoestima y bajo autoconcepto. Este perfil les permite tener mucha capacidad de autocontrol y no caer en la tentación de comer cuando se tiene hambre. Son perfectamente capaces de sufrir para estar delgados.

 

La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios de atracones de forma incontrolada, en los que la persona puede llegar a engullir grandes cantidades de alimentos. Esta ingesta le produce sentimientos de culpabilidad y pesadez, por lo que tiende a eliminar todo lo comido a través de la inducción del vómito, realizando ejercicio físico o abusando de laxantes y diuréticos.

 

En este caso no hay alteraciones de peso llamativas, y puede presentar peso bajo, normal o sobrepeso. Por ello, el trastorno pasa muchas veces desapercibido y se pide ayuda cuando se encuentra en un estado muy avanzado.

 

Se sabe que la genética, los factores personales, la familia, acontecimientos vitales y ciertas actividades físicas de alta exigencia en cuanto al peso, contribuyen a tener un mayor grado de vulnerabilidad.

 

Aunque estas enfermedades no han dejado de crecer en las últimas décadas, ni la anorexia ni la bulimia son conceptos nuevos: ya en el Corpus Hipocraticum, conjunto de enseñanzas médicas atribuidas a Hipócrates (años 460-377 aC), se hablaba de ”los efectos de un régimen debilitante y prolongado son difíciles de reparar y lo mismo sucede con los de una repleción extrema y continuada”, y Sorano (93-138 d.C) describía la amenorrea y la anorexia en la mujer, y así hasta nuestros días. La bulimia no se define oficialmente hasta los años 70 pero fue utilizada por Trevisa en 1398.

 

Sí hay que destacar, no obstante, que el incremento actual de estas enfermedades está relacionado con factores sociales. La información que recibimos de los medios de comunicación y la imagen que se proyecta de la mujer en publicidad y desfiles de modelos, provoca que el estándar de la belleza se asocie al bajo peso, y los niños y jóvenes lo relacionan con el éxito social convirtiéndolo en uno de sus objetivos. Los adolescentes y niños de primaria valoran y ven atractivas a las personas con buen tipo, “flacas” y con “tableta de chocolate” en los abdominales. Uno de las mayores motivaciones de la gente joven es la necesidad de aprobación. Y sentirte dentro o fuera del grupo depende de lo atractivo que te vean tus compañeros, la atención de chicos y chicas estará más en cuidar su aspecto físico y su peso que potenciar valores sociales y culturales.

 

¿Cuándo tienen que sospechar los padres? Como padres es aconsejable estar pendientes de estos síntomas:

  • Pérdida de peso brusca e inexplicada. Por ejemplo, no debida a una enfermedad o una dieta por sobrepeso controlada por un médico especialista en nutrición y dietética.
  • En el caso de las adolescentes, la ausencia o pérdida de menstruación con más de tres ciclos, sobre todo si se une a pérdida de peso.
  • Preocupación excesiva por perder peso aun siendo delgada.
  • Sensación de frío sin que sea coherente con el tiempo.
  • Cambio de hábitos en el vestir o en sus horarios.
  • Hiperactividad o excesivo ejercicio físico.
  • Mucho tiempo dedicado a pensar en la comida.
  • Consumo de líquidos en exceso.
  • Poca variedad en la alimentación.
  • Lentitud a la hora de comer.
  • Rituales o conductas poco apropiadas en la forma de comer, como apartar comida en el plato.
  • Cambios de peso.
  • Caries frecuentes.
  • Pertenencia a un grupo de riesgo, como el de los modelos publicitarios o la práctica de algún deporte que exija extrema delgadez, como la gimnasia rítmica.

 

¿Qué hacer si se detecta un trastorno de la alimentación?

Una vez se detecta un trastorno de la alimentación, es importante intervenir en todos los ámbitos, desde controlar los hábitos saludables alimenticios y establecer unos horarios para las comidas regulares, a trabajar la imagen corporal, las habilidades sociales, el autoconcepto, la autoestima y la asertividad, educando en la capacidad de cuestionar y en el poder de decisión sobre lo que la sociedad comercial demanda, es decir, en valores. También es importante cuidar  la comunicación y la relación en el entorno familiar evitando comentarios sobre el peso o las dietas.

 

La persona aquejada por este trastorno, así como la familia, necesitan manejar el problema en todas las áreas que afectan al adolescente: el entorno escolar, social y familiar, y contar con la ayuda externa de médicos y psicólogos.

 

¿Cómo prevenir la anorexia y la bulimia?

A nivel preventivo, es importante que los padres promuevan una alimentación saludable y unos buenos hábitos, y que sean modelo de conducta  para los hijos. En este sentido, os recomendamos:

1-Desayunar sin bollería industrial, es decir, fruta o zumo natural, leche, cereales, tostadas.

2-Educar en el hábito de beber agua, y no zumos artificiales o refrescos azucarados.

3-Fomentar las comidas en familia, relajadas, y sin televisión. Este momento es para dialogar, no para castigar ni recriminar, y, así se evita relacionar las comidas con aspectos negativos.

4-Reducir la ingesta de “comida rápida”.

5-Moderar el consumo de carnes y embutidos.

6-Reducir el consumo de sal y los alimentos salados como snacks.

7-Aumentar el pescado a cuatro raciones semanales y la fruta a cinco raciones diarias, así como reducir los dulces.

8-Tener presente qué come en el colegio para así poder organizar un menú diario equilibrado.

9-Habituarlos a 4 ó 5 comidas, cocinar sano y evitar el picoteo.

10-No utilizar los alimentos como premio o castigo.

11- Realizar las dietas siempre bajo control médico.

12-Fomentar la vida activa o la práctica del deporte para beneficiarse a nivel físico, social y psicológico de sus ventajas, no para perder peso.

13-Recordar que todos los miembros de la familia no tiene las mismas necesidades. No son las mismas necesidades nutritivas las que requiere un niño de 7 años, un adolescente, o un hijo deportista.

 

Ten en cuenta que la mayoría de las veces la anorexia se inicia por problemas de insatisfacción con el propio cuerpo, por haber sido criticado/as como “gorditas” o “gorditos”, por sentirse rechazados/as dentro del grupo, o porque en casa se hacen comentarios en los que los adolescentes interceptan que tener buen tipo es ser brillante. Por eso evita cualquier tipo de comentario con el que tus hijos puedan interpretar que se espera de ellos que sean niños delgados, guapos y con una sonrisa espectacular. Tienen que sentirse queridos independientemente de la imagen que tengan. Lo que tú crees que puede ser un comentario banal, para ellos puede ser el piloto que despierte la necesidad de adelgazar.

 

Entrena también a tus hijos para que desarrollen la inteligencia emocional desde pequeñitos y ayúdales a gestionar las emociones. Saber decir que no, sentirse a gusto con uno mismo, conocer las propias fortalezas, les hará sentirse fuertes y con una alta autoestima.

  • Fomenta la buena comunicación.
  • Deja espacio para las emociones.
  • Adáptate a sus edades y a sus momentos.
  • Comparte tu tiempo de tranquilidad con ellos.
  • Permite que se expresen, no des por hecho nada, no les cortes en la conversación.
  • Respeta lo que dicen.
  • Ante las dificultades, promueve su abanico de soluciones y que sean creativos para buscarlas.
  • Valora sus esfuerzos para que se sienta capaces.
  • No hables de problemas: habla de retos, de capacidad, de ganas, de fuerza.
  • Refuerza todo su talento: su creatividad, sus habilidades y competencias, su facilidad para hacer deportes, actitudes como la paciencia. Que aprendan que todas las personas tenemos valor por nuestra forma de ser.

 

 

Recuerda que tus hábitos tienen una gran probabilidad de convertirse en los hábitos de tus hijos. Modifica tus propias conductas: así  estarás promoviendo la salud de tus hijos.

 

Patricia Ramírez

Yolanda Cuevas

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A no mentir también se educa

Os dejamos nuestro nuevo artículo Patricia Ramírez y yo.

“¿Y cómo puede usted saber que he dicho una mentira?”
“Mi querido niño, las mentiras se descubren enseguida, porque son de dos clases: hay mentiras con patas cortas y mentiras con patas largas. La tuya es una de esas mentiras de nariz larga.” (Pinocho, 1892)
“Educar a un niño en la veracidad es educarle para la libertad” (Domínguez, 1915)

“¿Y cómo puede usted saber que he dicho una mentira?”

“Mi querido niño, las mentiras se descubren enseguida, porque son de dos clases: hay mentiras con patas cortas y mentiras con patas largas. La tuya es una de esas mentiras de nariz larga.” Pinocho, 1892

 

Como padres seguro que más de una vez habéis dicho a vuestros hijos: “si mientes te crecerá la nariz como a Pinocho”. Pseudometiras, falsas mentiras, mentiras por imitación, por presión social, mentiras sociales, mentiras de utilidad, defensiva, para llamar la atención, compensatorias, escolares, inocentes y generosas, mentiras piadosas, mentiras para proteger al amigo, reactivas para compensar su inestabilidad emocional, mentiras para proteger la intimidad, vengativas, hasta la compulsiva más frecuente en la adolescencia, engañar, hacer trampa etc…

 

Tú deseas que tu hijo no mienta pero la realidad es que tarde o temprano llega ese momento. Así que hay que estar preparados, entender y saber cómo actuar. La mentira es un mecanismo de defensa natural y fácil. En algunas ocasiones difícil de demostrar y que permite liberarse, aunque sea momentáneamente, de las consecuencias negativas que podría tener decir la verdad.

 

Una de las responsabilidades que tienes como padre es educar en el hábito de decir la verdad. Este hábito le ayuda a estar sano emocionalmente y a tener unas correctas relaciones sociales basadas en los valores. Es importante que sepas diferenciar entre las “mentiras naturales” producto de la imaginación al no ser conscientes de la diferencia entre la realidad y fantasía, y las mentiras infantiles con intención, por diferentes motivos y en diferentes edades. Mentiras para obtener un beneficio directo o indirecto. Si no se educa van a más, desarrollando cada vez más, mayores aptitudes para mentir, estudiando estrategias y desarrollando el placer por ello.

 

Se marcan los 7 años como frontera porque es el momento en el que el niño diferencia entre error involuntario y mentira intencional. La intención la adquiere con 3 años, con los primeros “por qués”.  Todo dependerá no solo de la edad sino de las características de su pensamiento y desarrollo moral  e influencia del entorno del pequeño: padres, amigos, ambiente familiar, su inteligencia, adaptación /inadaptación y personalidad. Por ejemplo, los niños que tienen hermanos mayores o que acceden a la guardería no tienen el mismo desarrollo que si es hijo único. Todos conocemos la picaresca de los hermanos. Así pues hay niños entre tres y seis años que ya mienten. El llamado “engaño táctico” es adquirido a partir de los 3 años y medio. Aparecen las pseudomentiras, el niño inventa historias, cuentos y se divierte con ello al contar lo que cree. No distingue entre imaginación, cuento, fantasía y realidad.

 

MOTIVOS POR LOS QUE TU HIJO PUEDE MENTIR:

 

-Conseguir algo que quiere, evitar algo que no quiere o librarse de un castigo. Hay niños que culpan a su amigo imaginario de que su habitación esté desordenada (mentira de defensa) para evitar quedarse sin ver los dibujos.

-Por imitar a los padres: si ve que mientes en alguna ocasión interpreta que mentir no es malo porque sus padres lo hacen. Por otro lado si a cambio ve que obtuviste un beneficio, entienden que mentir puede ayudar a conseguir cosas. Y dirás “es cierto, mentir puede ayudar”, pero todo depende de los valores con los que quieras educar a los tuyos.

-Por la propia frustración de querer y no poder o por aparentar: dice que tiene más videojuegos de los que tiene, ese es su deseo pero la realidad es otra.

-Por miedo; no olvides que los niños son inmaduros por naturaleza y el miedo les influye de tal manera que es la principal causa de sus mentiras. Tienen miedo, a tu reacción, a tu castigo, a tu tono de voz, a tu cara…

-Por exigencia de los propios padres, amigos, profesores, entrenadores: él piensa que será menos aceptado y querido si no cumple lo que las personas de referencia le exigen. Los niños no quieren defraudaros y por eso mienten. No olvides que los objetivos tienen que ser retadores pero asequibles.

-Por evitar problemas con amigos o familiares, la ansiedad, la vergüenza, el sufrimiento o la culpa, propia o ajena que supondría decir la verdad.

-Para parecer gracioso ante un grupo y así ganarse el interés o admiración del mismo.

-Por llamar la atención de las personas que les rodean, muy común con la separación de los padres o la llegada de un hermano. Un ejemplo es inventar dolores de tripa para acaparar los cuidados de sus padres.

-Por imitar a sus amigos porque ve que ellos tienen beneficios con la mentira, y cree que así conseguirá lo mismo.

-Para transformar la realidad que no les gusta y hacerse “su mundo”.

 

COMO PADRES ESTAS SON LAS PAUTAS

  • Crea un hogar en el que la comunicación sea fluida, sin adelantar situaciones que alertan consecuencias; “Cómo me entere yo de que alguna vez me mientes…”, “Cómo yo me entere de que me escondes las notas…ese día…”, “El día que me mientas…”
  • Trabaja la confianza en tu hogar, es la base para que tu hijo se sienta seguro sin ser juzgado por los errores que cometa. Con libertad de expresión y educación.
  • Se ejemplo, una vez más borra esa costumbre de “dile que no estoy” cuando alguien llama. Enseña y ayuda a distinguir entre mentir y equivocarse, a diferenciar entre los cuentos y fábulas y la realidad, ya que viven como real algo que es invención. A veces quieres protegerlo y lo engañas. El objetivo es evitar las mentiras, puedes suavizar la contestación o decir que no lo sabes si se trata de una pregunta. Sí, tranquilo los padres no tienen por qué saberlo todo. Es preferible decir “no lo sé”, “lo miro y te lo digo” a que descubra que le has mentido.

A nadie nos gusta que nos mientan, tenlo en cuenta. Así que no prometas lo que no sepas cumplir, aquí la palabra va a misa. No incites a mentir, evita la complicidad para tu beneficio tipo “dile a mamá que se nos escapó el autobús”.

  • Premia la sinceridad, que entienda que estás orgulloso porque ha dicho la verdad aunque lo fácil hubiera sido mentir. Es importante educar en los valores de la sinceridad, la honestidad y la ética, y en saber tolerar la frustración.
  • No confundas un niño creativo, con imaginación y fantasía como que miente y actúes con reprimendas y castigos porque harás desaparecer su creatividad tan necesaria hoy en día.
  • Modo alerta a todo tipo de mentiras. Si unas mentiras se perdonan y otras se castigan, estás reforzando a tu hijo intermitentemente así que seguirá haciéndolo, arriesgándose a que le castigues o a que no. Y según la edad no entenderá porque unas veces te enfadas y otras no.

 

Y SI MIENTE…

  • Unas veces se sabe por el hecho o dicho en si pero otras es por la comunicación no verbal, se pone nervioso, evita la mirada, cambia el ritmo de su parpadeo y la forma del ojo (pupila e iris), eleva el tono de voz, cambia la sonrisa, tiene reacciones desproporcionadas, la postura corporal, las manipulaciones es decir esos movimientos de frotar, rascar, masajear alguna parte del cuerpo como el pelo, la nariz, la oreja… se queda sin palabras etc… Así que es importante que aprendas a conocer y ver a tu hijo de otra forma. No pierdas el norte, seguís en vuestra tarea educativa como padres.
  • Paciencia con firmeza es la clave: dale su tiempo para que sea bajo su decisión decir la verdad, sin presiones y amenazas. No preguntes acusando porque se pondrá a la defensiva. Es de esta manera cuando tomará mayor conciencia de la situación.
  • El que chilles, te enfades, le castigues o le dejes en ridículo delante de los demás no evitará que deje de mentir, sino que le llevará a perfeccionar su técnica para que la próxima vez no lo pilles. Le habrás enseñado a cómo no debe mentir, pero no, a no mentir.
  • Enséñale que mentir es negativo: educar necesita de tu tiempo y tu comprensión. Dile que le entiendes, pero que mentir no arregla las cosas, al contrario las empeora y le hace sentir mal. Así se trabaja el sentimiento de culpa, vergüenza y el miedo a ser descubierto. Incúlcale que es preferible aprender de los errores a intentar engañar a la gente.
  • Escucha sus argumentos, te dará pistas para saber lo que piensa y poderle orientar. A veces es más importante lo que hay detrás que la propia mentira.
  • Cuida tus palabras, en vez de decirle “me estás mintiendo” dile “creo que te confundes”, “eso creo que no es así”, “creo que te estas equivocando”, “piénsalo de nuevo y en un rato me lo cuentas”
  • Por mentir no le quieres menos. Frases tipo “ahora ya no te quiero por mentir”, “si mientes no te querré” no ayudan al equilibrio emocional de tu hijo, al contrario alimentan la inseguridad y falta de autoestima.
  • No olvides que una vez más, el castigo tiene que adaptarse no sólo al hecho de mentir y su frecuencia, sino a la mentira y a la edad. Si es desmesurado se centrará en mentir más para evitar el castigo. Y no entenderás que cuanto mayor es el castigo más miente. No dramatices la situación, es importante educar con equilibro emocional.
  • No le rías una mentira, ni por la mentira en sí, ni por la gracia con que lo haga. La risa es un refuerzo muy poderoso, como los gestos no verbales (guiños, gestos con la mano…). Recuerda que no solo se refuerza con la palabra.
  • No le etiquetes como “mentiroso” porque contribuyes a lo que en psicología se llama la profecía autocumplida y se comportará como tal afianzando y no extinguiendo el acto de mentir. Mucho menos delante de sus amigos, porque  perderá su credibilidad en el grupo de iguales.
  • Cuando comience a narrarte la verdad, asiente y cuida tu expresión facial. Así le animas a continuar y no echar marcha atrás en su propósito. Ahora lo que importa es que venza a la fuerza interior que le lleva a mentir.
  • Felicítale cuando reconozca que ha mentido, dile que eso es ser valiente y que te sientes orgulloso de él. Que valoras sus intentos y que tendrá otra posibilidad para demostrarse a sí mismo que puede no mentir.
  • Analiza cómo le hace sentir mentir y que sepa cómo os hace sentir a vosotros escuchar una mentira. Ayudará a tomar más conciencia.
  • No le hagas prometer que no volverá a mentir.

 

No olvides el dicho ‘más vale prevenir que curar’ y evita que tu hijo te diga “papá, mamá tú también mientes pero yo no puedo castigarte”.

 

Una frase: “Educar a un niño en la veracidad, es educarle para la libertad” Domínguez, 1915).

 

 

Si quieres saber más:

¿Los niños pequeños mienten? Dolores Madrid (Dykinson,2005)

‘Por qué los niños mienten’ Paul Ekman (Paidos Ibérica, 1999)

 

 

 

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Artículos Psicología y Salud

Optimismo inteligente, una habilidad que puede entrenarse

Os dejamos el primer artículo para El Portal del Hombre escrito junto a Patricia Ramírez Loeffler

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Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.

Benjamín Franklin.

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