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Marcadores con valores y no solo goles.

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En ciertas competiciones nos encontramos con marcadores que sorprenden. Más que por el resultado por la falta de valores que hay detrás de ellos y por las categorías de las que se tratan. Categorías de deporte base, deporte formativo en el que el objetivo es disfrutar, aprender del deporte, y crear hábitos. Sí, les gusta ganar pero ganar nunca puede estar unido a humillar al equipo contrario. Identificando a chavales como rivales, se convierten en partidos de vida o muerte en el que los egos de ciertos entrenadores están por encima de la función que tienen, no hay que olvidarlo, también forman. Atrás quedó el entrenador que solo enseñaba la parte técnica y táctica, las necesidades han cambiado. Los niños aprenden de todo y de todos, lo que ven, oyen y viven y hay que estar a la altura.

Hay que valorar el esfuerzo y lo que consiguen gracias a sus entrenamientos pero nunca humillar al rival, con o sin intención. Hasta los grandes nos han demostrado en una Eurocopa que no eran necesarios 3 minutos para sentenciar un 4-0. ¿Por qué pues en categorías inferiores? ¿No pedimos a los grandes que sean ejemplo porque son los ídolos de los pequeños?
Ningún entrenador o club que defienda el deporte como instrumento de transmisión de valores puede defender con argumentos acciones de este tipo. Marcadores con 30 goles de diferencia están fuera de lugar en las categorías en formación.
En el descanso es momento de valorar lo hecho y destacar que han sido buenos deportistas que han cumplido sus objetivos individuales y de equipo. Pero también es momento de pensar en el equipo contrario, de sacar la empatía al terreno de juego, de poner en valor otras habilidades y no hacer solo lo que sale fácil. Más, cuando el equipo de niños está en un nivel físico y mental, claramente inferior.
Se puede jugar y ganar siendo buen deportista pero mejor siendo mejor persona. Nunca hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Ni en el deporte ni en la vida.
Los entrenadores tenéis la responsabilidad y una gran oportunidad de educar en valores con la práctica. Todas las semanas durante los entrenamientos y partidos tenéis nuevas posibilidades para ello. El partido no acaba cuando lo señala el árbitro, el “partido de verdad” acaba cuando se sacan aprendizajes que te hacen mejor y te permite avanzar.
El entrenador del equipo que pierde también tiene retos:
-Alentar a que ante la adversidad uno tiene que crecerse y que no hay que abandonar.
-Poner en común los méritos que han hecho llegar a esa final y darles valor.
-Que es el momento de demostrar que son un equipo y jugar más unidos que nunca.
-Destacar qué aprendieron del partido o de un jugador.
Pero es importante entrenar estas habilidades desde niños dentro de la temporada y no esperar a situaciones como estas. Porque seguramente hay resultados que se ven venir.

Una vez más se demuestra la importancia de la gestión emocional por parte de entrenadores y padres ante chavales llorando que no quieren salir al terreno de juego.
Si queremos un deporte que enseñe y eduque en valores todos tenemos que poner de nuestra parte y no presumir de ciertos resultados. Cambiar el sistema en el deporte formativo tiene que ser el objetivo principal y así restar peso al número de goles.
Si solo se tienen en cuenta para determinar el “equipo campeón” los goles, luego no podemos vender que la educación en valores es fundamental. Hay que tener en cuenta otros marcadores. Los que anotan el respeto, el no insultar, el ser generosos pasando el balón, que sean comprometidos y no falten a los entrenamientos, el apoyo a sus compañeros, los que aplauden las buenas jugadas aunque no sean de su equipo… de este modo se fomentaría su práctica, y el marcador final, cambiaría.

¿Comenzamos el partido?

marcador

 

Os dejo mi opinión en medios de comunicación.

Cuando el fútbol deja de ser divertido. 29.04.2015 en ABC DEPORTE Aquí enlace y PDF

Una goleada que invita a la reflexión. 27.04.2015 Telediario TVE1 Aquí

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El respeto, una moneda de ida y vuelta.

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Os dejo el nuevo artículo junto a Patricia Ramírez para El Portal del Hombre.

Puedes participar con el #EneroRESPETO

Aquí

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Los límites y la obediencia influyen de forma positiva en el bienestar de los hijos.

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Les dejo enlazado el artículo escrito junto a Patricia Ramirez para la Fundación Roger Torné, en Inspira Online Magazine

 

Es la hora, recoge los juguetes, no te has hecho la cama, el baño así no se deja, los platos no salen solos del lavavajillas, deja las cosas como te las encuentras, los zapatos no van al zapatero si tú no los metes… “uffff el día menos pensado me cojo la maleta y no vuelvo”.

Si tienes hijos te resultarán familiares estas frases y si no puede que las hayas escuchado en tu infancia o adolescencia.

La convivencia entre personas no es fácil y por ser padres e hijos no  tiene que surgir de forma natural. Una de las responsabilidades que tenéis  como padres es la disciplina relacionada con las tareas en casa. Se trata de que entiendan los beneficios de colaborar sobre todo en la adolescencia, moldear acciones desde pequeños y que el incumplimiento tiene consecuencias, independientemente de la edad. Así que vuestro objetivo es que desde pequeños fomentéis unos hábitos que ayuden a:

  1. Favorecer la convivencia entre los miembros de la familia.
  2. Educar en los límites con cariño, porque los límites ofrecen seguridad a tus hijos, y fomentan la autonomía.
  3. Tener una mayor organización en vuestro día a día que permitirá una mayor gestión del tiempo y disfrutar de otras actividades.
  4. Educar en valores como la responsabilidad, el respeto, el sacrificio, válidos y necesarios dentro y fuera de casa. Valores que pondrán en práctica cuando vayan al parque a jugar con otros niños estén en el colegio.
  5. Aprender en el seno familiar qué es la empatía, es decir, ponerse en el lugar de la otra persona, y la asertividad, comunicar sin dañar fomentando de este modo la Inteligencia Emocional.
  6. Ofrecerles un modelo de comportamiento, una habilidad para responder de los actos que uno realiza, conociendo que existen unas reglas en la convivencia.

 

Pasos a seguir para fomentar la disciplina en casa:

 

  1. Alíate, dialoga con tu pareja antes de proponer una actuación. Recordar siempre que la unión hace la fuerza. Si no estáis unidos y firmes en el objetivo, vuestro hijo acudirá al más permisivo de los dos hasta que ceda uno.
  2. Detecta la conducta más importante que queráis modificar. No es cuestión de recuperar de golpe el tiempo perdido y sobrecargaros de cambios. Es mejor el efecto dominó, unos llevan a otros.
  3. Ofrece margen de maniobra. No todo tiene que ser YA. Ten presente siempre que la paciencia tiene que estar contigo. Las cosas no se harán siempre como las haces tú, ni en el tiempo que tú quieres. ¡Están aprendiendo! Recuérdaselo a tu pareja.
  4. Piensa y adapta a la edad de tus hijos lo que pretendes que hagan.

A cualquier edad pueden llevar la ropa al cesto de la ropa pero no tenderla. Eso sí, fomenta el trabajo en equipo entre hermanos y en la igualdad. ¡Nada de tareas de chicas y de chicos! El pequeño saca la ropa y da las pinzas para que el mayor tienda. Adapta también las tareas a sus características, iniciándoles en las más llevaderas. Así se favorece la colaboración y ya llegará el momento de aprender las tareas menos agradables. Pon sobre la mesa diferentes tareas como sacar al perro, o rellenar su bebedero y comedero, regar las macetas, poner y quitar la mesa, sacar la basura, hacer la cama…y entre hermanos también pueden pactarlo, así educas en la resolución de posibles conflictos.

  1. Reconoce y valora los intentos de tus hijos: Si se cae una prenda y se ensucia de nuevo o hay que bajar al vecino puedes hacerlo con él la primera vez. No te alarmes, es cuestión de que la lavadora vuelva a limpiar. Diles que no pasa nada y que lo importante es intentar las cosas. Y así llegará un día que lo hagan bien. Si de repente entras en cólera y empiezas a reñir y a decir que es preferible que lo hagas tú porque ganas tiempo… tiras por tierra la oportunidad de que aprendan.
  2. Tienes que aprender a transmitir las normas, se claro para que tu hijo entienda lo que le pides y cómo tiene que hacerlo. Buscar el momento y las palabras adecuadas es tener media “batalla” ganada. Ser asertivo implica hablar sin herir. No se puede implantar una norma en medio de una discusión o como consecuencia del incumplimiento de otra, o interrumpir un juego. Recuerda que  hablar con firmeza no es chillar.

Asegúrate de que habláis en el mismo idioma, la “habitación recogida” para vosotros tiene un significado y para los hijos otro. Hay que ajustar posturas y definir qué supone tener el cuarto recogido, que significa portarse bien, que es ayudar en casa, que implica ser responsable.

  1. Saber cuándo se pueden razonar, pactar y decidir las normas. Hay normas negociables y normas que no se negocian, y hay que educar en ello desde pequeños.

Las negociables dan sensación de control a los hijos, generan un mayor compromiso  y fomentan su cumplimiento porque han colaborado en su diseño.

No tengas miedo al “conflicto”: es necesario y os permite crecer como familia y como persona. Aprender a negociar es una de las asignaturas en familia que más enriquecen.

  1. Elogiar cada buena actuación de diferentes formas y en el momento. No olvides deben tomar conciencia de las ventajas que ha supuesto su colaboración. Un “gracias hijo”, un guiño, un “gracias a que tú has hecho esto ahora podemos irnos en bici”, “al haber organizado el armario caben estos juguetes”. Elogiar sinceramente, con cariño llega al corazón, fomenta el autoconcepto, el sentirse capaz y los niños sienten que sus padres valoran lo que hacen. A través del refuerzo transmites un valor muy importante en la vida, el agradecimiento. Y eso lo copian.
  2. Predicar con el ejemplo, lo que esperes de tus hijos, hazlo tú primero. Implicarse y esforzarse no depende del estado de ánimo. Tú tienes que ser el que inicie, proponga, se implique, para que ellos copien lo que vean. No se les puede pedir que ordenen si tú no tienes ordenadas tus cosas.
  3. En caso de incumplimiento pregunta antes qué le ocurrió para no cumplir con lo que se pactó y no te adelantes con suposiciones. Para evitar olvidos tras la organización semanal y los acuerdos, es recomendable elaborar un cuadro en el que quede plasmado qué hace cada miembro de la familia.
  4. No castigues en un momento de enfado. Seguramente será desmesurado, te arrepentirás, y levantarás el castigo. Ni tampoco le digas que ya verás a ver qué medida tomas y luego dejes de hacerlo.

 

 

No ayudan:

 

  1. Los sermones, que lo único que motivan es a desconectar.
  2. Los insultos, que minan la autoestima y los promueven en su grupo de iguales.

3.”La ley del hielo”, es decir dejarles de hablar. Fomenta la distancia por falta de comunicación y los sentimientos de culpa.

  1. Castigos físicos, que fomentan la agresividad y sentimientos de venganza. Se les educa en un modelo de resolución de problemas basado en la agresividad.
  2. Sanciones desmesuradas que fomentan la rabia y la baja motivación al cambio.
  3. Perder la calma o transmitir sentimientos de venganza: “te acordarás de esta…”
  4. Ridiculizarlo delante de sus amigos, vecinos y familiares: “Hay que hacerle la cama como a los niños pequeños…”
  5. Compararlo con conductas positivas de sus hermanos. “Se te podía pegar algo de tú hermano”.
  6. Amenazarle, porque se sabe que son pocas las amenazas que se cumplen. “A este paso olvídate de tú regalo de comunión”, “te quedarás sin salir dos meses como sigas así”.
  7. Premios materiales, porque no ayudan a interiorizar el por qué tiene la responsabilidad de hacerlo, solo lo hacen por conseguir ese juguete, esa propina…

 

 

Esperamos que esta lectura os ayude en vuestra labor de padres y sobre todo a disfrutar de los hijos.

 

 

 

AlogoYC4 bis (1)

El deporte está por encima de razas y religiones

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Os dejo mi artículo para Mundo Fútbol Base en el que se tratan aspectos y valores tan importantes en el deporte como el respeto a la diversidad, la tolerancia, la igualdad en el deporte y la convivencia, que hay que inculcar a los más pequeños.

Pincha aquí

AlogoYC4 bis (1)

 

Yo era el capitán de mi equipo

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En un equipo todos juegan un papel importante y decisivo que determina el trascurso de la temporada. Pero si hay una figura relevante es el capitán del equipo. Supone ser el alma, ser el líder. Ser capitán exige a nivel psicológico y emocional unas cualidades que no todos los jugadores de un equipo tienen. Puede ser el jugador más veterano, el líder nato o el más relevante deportivamente pero es el “elegido”. Lo que conlleva una gran responsabilidad.
Es un papel que todo capitán vive y siente con orgullo que recordará siempre.
Ser capitán nunca pasa desapercibido en la vida de un deportista.
Para ser un buen capitán:
1. Tienes que ser el ejemplo a seguir, el referente en conducta y actitud: No puedes fomentar en el resto lo que tú no cumples.
Sé puntual en los entrenamientos y encuentros. Entrena al máximo y atiende al entrenador en sus explicaciones. Comunica si no asistes a un entrenamiento. Las críticas a tus compañeros siempre constructivas y a la cara. Sé responsable con el material y las instalaciones del club. Da ejemplo de vida sana.
2. Tienes que ser la máquina de generar valores en tu equipo: Fomenta el respeto, la comunicación, la actitud, el esfuerzo como única forma de ganar tus retos, la valentía, saber sobreponerse ante la adversidad, el juego limpio, el espíritu de lucha y sacrificio…
De esta forma dejarás huella imborrable en tus compañeros.
3. Diriges el timón del barco: tus habilidades de comunicación son fundamentales. Comunícate durante el juego, corrige las posiciones de tus compañeros fomentando la atención en su juego individual para ayudar al juego colectivo.
4. Conoce a tus compañeros como personas: como deportistas ya los conoces: Esto te permitirá explorar su lado “psicológico”. Sabrás como hablar, motivar, entender ciertas situaciones reacciones e incluso adelantarte a ellas, apoyar y buscar soluciones junto al entrenador. Fomenta el tú a tú.
5. Educación y respeto son las únicas armas para hablar con el árbitro: evitas que el resto de compañeros se enzarcen en discusiones que suelen acabar en tarjeta. Estas actuaciones no benefician al trascurso del encuentro.
6. Transmite calma y firmeza ante una discusión entre jugadores: Demostrar control es lo que necesitan tus compañeros. Aquí más que nunca haz uso de tu Inteligencia Emocional. No permitas que se produzcan hechos de los que el equipo se va a arrepentir. Las expulsiones dejan en desventaja a los equipos.
7. Tu atención está dividida entre el campo y el entrenador: Transmite las directrices al jugador que corresponda. En estos momentos eres el puente entre vuestro entrenador y el resto del equipo.
8. Observa y analiza a tu equipo: con “gafas” objetivas, tu visión será importante para el análisis posterior del juego y así subsanar errores o reforzar buenas actuaciones.
9. Motiva y tira del carro: ante la duda, la desesperación o los fallos de tus compañeros. Alienta al que falla un tiro, al que pierde el balón, al que da un mal pase. No permitas recriminaciones entre compañeros. Mantén vivo al equipo que no bajen la guardia. No lo olvides, eres la gasolina en tu equipo.
10. Entrenador y capitán unidos en los buenos y malos momentos: Si no compartes alguna decisión nunca discutas delante de tus compañeros, los incitas a que se posicionen. Busca el momento y lugar, fomenta el diálogo y llegareis a un acuerdo porque no olvides que compartes objetivos, metas, retos y eso está por encima de un malentendido o una decisión incorrecta. Nunca lo olvides, “hablando se entiende la gente” y en el deporte también.
Disfruta y trabaja para sentirte orgulloso de ser el capitán de tu equipo.

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Fúbol en positivo