Os dejamos el nuevo artículo para la Fundació Roger Torné.
Categoría: Psicología y Salud
Esa estresada-mente
Oír hablar de estrés ya estresa de por sí a muchas personas.
El estrés se asocia al conjunto de múltiples y diferentes experiencias y cambios diversos que sufren las personas, de allí surge su complejidad. No todo estresa por igual, y las circunstancias por las que atraviesan las personas condicionan la experiencia y su interpretación. De hecho los síntomas varían y unas personas fuman más, a otros les duele la cabeza o están de mal humor, como vemos cambios fisicos, emocionales y/o conductuales a la carta.
El estrés es una respuesta, nuestro sistema nervioso reacciona a un suceso, situación o pensamiento que percibe como amenaza ya sea real o imaginada, física o psicológica. Es decir, a veces las percepciones e interpretaciones van en contra. El carácter, la salud física, la experiencia previa y la actitud influyen a la hora de percibir y mantener el estrés. La respuesta, sería ese mecanismo de lucha, huida o paralización. Para luchar o huir nuestro cuerpo muy inteligente segrega, al sentir miedo, adrenalina que posibilita que el cuerpo pueda enfrentarse a ese peligro directamente o huir.
En otras ocasiones la persona se bloquea o paraliza, permanece en modo “pause”.
Hubo un tiempo, ya remoto, que el miedo era garantía de supervivencia, pero hoy en día los estresores no son animales salvajes o venenosos, son reuniones laborales, relaciones familiares, problemas de pareja, entregas de informes, llamadas de teléfono, decenas de emails, etapas de cambio, expectativas muy altas, desempleo, problemas económicos, lesiones, enfermedades y un largo etcétera. No tienen cuatro patas, ni una gran boca con dientes, ni nos doblan en tamaño pero suponen una presión, un estrés que sin las habilidades necesarias de gestión personal acaban en muchos casos rompiendo la cuerda. Es decir llega un momento que se supera, y en ocasiones con creces, el máximo de tensión que se puede soportar sin sufrir física o psicológicamente.
Es importante saber que puede manifestarse en cualquier persona y a cualquier edad. Cada etapa de nuestra vida de niños hasta llegar a ser ancianos conlleva unas vivencias y circunstancias que según como se asuman pueden provocar estrés.
El estrés puede mostrar dos caras, la del estrés agudo o transitorio y la del estrés crónico, y cualquiera de ellos puede ser anticipatorio. Hay personas que no se conforman con lo que realmente sucede, independientemente de su interpretación, sino que anticipan situaciones y sufren gratuitamente de antemano. Y en ocasiones esta manera de “ser y estar” se ha confundido con el famoso “es que es muy responsable y por eso se preocupa tanto”. Se sabe que la clave está en ocuparse más de todo lo que está en nuestra radio de acción y pre-ocuparse menos de todo lo que no depende de nosotros. Con la preocupación nada se puede hacer. Esto requiere entrenamiento, como todo.
Así que vivimos en modo alarma, preparados con el kit de supervivencia, listos para “atacar”. Y nuestro cuerpo se prepara, la glucosa y grasa se acumula en sangre, las endorfinas en vez de estar en la reserva pasan a la sangre para aguantar el malestar, el corazón va acelerado así que con más presión sanguínea, la sangre rica en oxígeno deja de ir al aparato digestivo porque si hay que huir no hay tiempo para comer así que para que se quieres sangre por esa zona, y tampoco en la piel por eso esas frases como “¡hijo que mala cara sacas!” ¡sí!, se refiere a paliducho o color luz de fluorescente, y por la misma razón se para el sistema reproductor, y por eso cuesta tanto quedarse embarazada si una está estresada/o. La sangre se necesita en el corazón, el principal centro de operaciones. El sistema inmunológico se va “de vacaciones” hasta nueva orden, las glándulas “al paro” y por eso se siente sequedad en la boca. Se respira aceleradamente y los pulmones absorben más oxígeno y se liberan más glóbulos rojos que transportan esa gran producción de oxígeno, los músculos rígidos como los de una estatua están preparados, y tanto calor que se acumula tiene que salir del cuerpo en forma de sudor para reducir ese volcán interior, sin olvidar que las pupilas se adaptan y el oído se vuelve fino para no perder detalle del peligro. ¡Solo de oír esta secuencia te dan ganas de echar a correr! El estrés lo dirige todo.
Pero la triste realidad es que todo esto pasa para una entrevista de trabajo, un exámen, preparar una clase, organizar un viaje o cualquier situación según de quien se trate. En ocasiones hasta lo que a priori es algo para disfrutar se convierte en un calvario, curioso ¿no? Gracias que llega el momento en que nuestro sistema nervioso parasimpático viene a quitarle protagonismo y parar el “show” que ha montado el simpático. De simpático tiene poco a no ser que sea un peligro real de supervivencia que entonces sí lo querremos de nuestro lado. El sistema parasimpático se activa para que vuelva todo a la normalidad, libera acetilcolina una sustancia química que relaja el cuerpo. Ya se conoce que “tras la tempestad viene la calma”.
Pero cuando el proceso descrito no es la excepción sino la regla, es decir vivimos más en la tempestad que en la calma, el estrés se cronifica y los niveles de cortisol elevados sostenidos en el tiempo, liberados por el sistema simpático, debilitan el sistema inmunitario, las reservas de energía caen en picado, la memoria se debilita y comienza la colección de problemas psicológicos y emocionales. El cuerpo y la mente se desajustan y se ven afectados nuestras conductas, emociones y nuestra manera de pensar.
Signos psicológicos: se sufre inestabilidad emocional, ansiedad, pérdida de confianza, apatía, las relaciones empeoran, aparecen dificultades en la toma de decisiones, y en la capacidad de concentración y memoria…
Signos físicos: palpitaciones, temblores musculares, crisis de pánico, mareos, jaquecas, migrañas, dolores de espalda, mandíbula, unido a posibles problemas del sistema circulatorio, o gastrointestinales como la indigestión, úlceras o colon irritable, trastornos menstruales, orinar con frecuencia, problemas sexuales como la dificultad de erección, eyaculación precoz, disminución del deseo anorgasmia, alteraciones de la piel, como herpes, eczema o caída del cabello, dificultad para dormir, trastornos de larga duración como dolencias cardiacas, asma o alergias que suponen numerosas visitas al médico de cabecera.
Signos conductuales: hábitos nerviosos como comerse las uñas, morderse los labios, frotarse las manos, movimientos de pie, cambios de hábitos, en relación a la alimentación, al sueño, a las relaciones o al consumo de sustancias con la intención de relajarse u olvidar como el alcohol, tabaco u otras drogas, abandono personal, adicción al trabajo o absentismo etc…
Es hora de que escuches a tu cuerpo y sepas interpretarlo porque quizá te esté diciendo que no puede más. Conectar con tu cuerpo es el primer paso, recuerda que mente y cuerpo van de la mano unas veces son amigos y otras enemigos.
Nunca es tarde para aprender a relacionarte de otra manera con los sucesos de tu día a día. No es que tengas que pasar es que te ocupes en todo aquello que está en tu mano. Te aportará sensación de control y seguridad. Resetea y comenzamos con nuevos hábitos. ¿Sí?
Enlaces youtube de interés:
Os dejo el nuevo artículo para El Portal de Hombre dentro de la campaña anual #12Meses12Valores
#abrilHUMILDAD
Os dejo nuestro nuevo artículo para la Fundació Roger Torné, relacionado con el desarrollo del ocio infantil.
El lunes 30 de abril 2015 comienza desde el Instituto Aragonés de Psicología Deportiva, junto a Patricia Ramírez Loeffler, un ciclo de charlas para todos los que participan en el deporte de los más jóvenes. Una iniciativa con mucha ilusión apoyada por el Gobierno de Aragón e Ibercaja Obra Social.
¡Os esperamos!
Aquí Gobiernos Aragón
Aquí Ibercaja Obra Social
Aquí Félix Brocate explica la iniciativa.
Esta es una de las respuestas cuando psicólogos o profesionales relacionados con la salud realizamos a pacientes o conocidos.
A pesar de llevar en la tierra más de 2.500 años, provenir del mundo budista de Oriente, llamarse meditación, el famoso “Ohmmm” y la postura de levitación no ha facilitado su entendimiento por estos mundos de acá. El desconocimiento, una cultura tan diferente o ser “cerrado de mente” han hecho el resto. Para ello han tenido que surgir en Occidente estudios científicos que demostraran lo que en Oriente llevan miles de años beneficiándose.
A partir de entonces todo empieza a cambiar.
Jon Kabat-Zinn, referente a nivel mundial, ha sido el fundador y director de la Clínica para Reducción del Estrés y del Centro para la Atención Plena (Mindfulness) en la Medicina, el Cuidado de Salud, y la Sociedad en la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts. Ser médico en nuestra cultura abre más puertas a la razón que ser monje. Ha sido la persona que acercó a Occidente la práctica y la introdujo al modelo médico. Su trabajo de desarrollo e investigación desde 1979 ha permitido comprobar sus beneficios en el ámbito más clínico relacionado con el dolor crónico y estrés. Pero esas investigaciones crecen como la espuma y refuerzan su potencial aunque no todo es mindfulness.
Mindfulness traducido al español como atención plena permite desarrollar la atención y la conciencia fomentando un efecto dominó que promueve cambios en otras áreas de nuestra propia vida y en relación con los demás.
La práctica consiste en prestar atención a lo que vemos, oímos, hacemos, pensamos, sentimos, a nuestras emociones, a todo los que nos rodea en el momento presente, de una forma especial, conscientemente, con intención y sin juzgar. Casi nada…Esta práctica es muy productiva porque te enseña a estar y ser. La atención es un músculo que se puede entrenar, y mindfulness sería un tipo de pesas.
Te permite relacionarte directamente con lo que te ocurre y conocerte de otro modo empezando por las emociones, el inicio de nuestra vida y de lo que parte todo. Cuando fuimos bebés las emociones permitieron comunicarnos con nuestra madre que satisfizo nuestras necesidades y seguir creciendo. Y ahora estamos en un mundo en el que…¿Cuántas veces has ido a buscar el coche a un parking y no recordabas la planta o la parcela?, te suena eso de ¿dónde habré dejado las llaves? siempre igual y alguien diciéndote ¡un día te dejarás la cabeza!, ¿Se te ha pasado tu parada cuando ibas en el metro o bus?, o ¿Lo esperabas y no te enteraste de su llegada?, ¿Has echado el doble de sal a la verdura que ibas a cocer?, ¿Has dudado si habías desconectado la plancha, la vitrocerámica, cerrado el coche, o la puerta de casa?, ¿Estás en la ducha y no sabes si es la segunda o tercera vez que te enjabonas el pelo?…y más que seguro que se te ocurren y quizá hasta te estás riendo por sentirte identificado pero en el fondo no es para reírse, tampoco diré para llorar pero sí para tomar conciencia y ver qué hacer. (anímate si quieres compartirlas)
¿Qué demuestra esta lista de preguntas?
A priori no las consideramos más que simples despistes que nos fastidian momentos de nuestro día a día pero demuestran que no estamos donde tenemos que estar, en el “aquí y ahora” de cada momento que vivimos. Que vivimos en modo pasado y futuro, aislándonos en nuestro ruido mental, recordando temas del pasado que nos han secuestrado emocionalmente o recordando temas que no se nos pueden olvidar para dentro de una hora, un día o una semana.
Nos alejamos de momentos en potencia, no estamos conectados con el momento, vivimos en la “superficie” de la vida. Un café con un amigo, un abrazo sentido, una conversación, un atardecer, un paseo, una tarea de nuestro trabajo, una actividad o la práctica deportiva… se está sin estar, es como estar en varios escenarios y al final esto cansa y mucho porque además uno ve y siente que no rinde, que da menos de lo que podría dar y no disfruta. Y para poner la puntilla esta manera de vivir la transmitimos por imitación a los más pequeños de la casa así que la plaga está asegurada si no nos ponemos manos a la obra.
La sociedad en la que vivimos empuja a vivir en modo “acelerado”. Siendo capaces de hacer muchas cosas, pero con una atención permanentemente dispersa y alejada de nuestro “yo” y este es el problema. Es estar a todo y en nada. Lo que ha sido adaptativo en situaciones puntuales para el mundo personal, social o laboral se ha fijado y se ha hecho hábito 24 horas y esto es desadaptativo. Y entonces el cuerpo comienza a “hablar” y aparece el estrés, ansiedad de tanto miedo al futuro, depresión de tanto pasado, problemas gastrointestinales, musculares, trastornos del sueño, dolores de cabeza, espalda… que impiden vivir, viviendo, es decir se malvive.
Desarrollar este tipo de atención focalizada disuelve los hábitos rumiativos y de preocupación relacionados con la depresión y la ansiedad. En definitiva a disminuir el agobio permanente de ese ir y venir de la mente en un mundo que nos desconcentra permanentemente… si queremos.
Mindfulness o atención plena aclara la mente y eso se refleja en todo, se disfruta más lo que se hace, con equilibrio aprendiendo a responder y no a reaccionar lo que implica gestión emocional necesaria en todos los ámbitos en los que nos relacionemos, sin excepción.
Ya sea en el mundo personal, laboral, sentimental, social, deportivo o en la educación acercar a pie de calle la práctica de mindfulness es lanzar un “salvavidas” a la tormenta emocional en el mar en el que viva cada uno.
Ahora ya no puedes decir ¿Mind… qué?
Jon Kabat-Zinn en Zaragoza. Aquí
Os dejo la entrada a La eSalud que queremos. En la que hemos participado un grupo de #psicologosgenerosos y tratar el tema de las redes sociales y nuestra profesión.
Os dejo el nuevo artículo junto a Patricia Ramírez para El Portal del Hombre.
Puedes participar con el #EneroRESPETO






