Yolanda Cuevas Ayneto

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Psicología del Deporte

Vale no lo castigo sin deporte, entonces ¿qué hago?

Le dejo hacer lo que quiera, ¿paso? Así reaccionan algunos padres y madres al tratar el tema relacionado con el “castigo sin su deporte”. Las razones, suspender o bajar de notas académicas y en ocasiones mal comportamiento. En el 2013 escribí un artículo relacionado con el tema te animo a que lo leas antes de seguir con este (aquí). Muchos entrenadores, de diferentes categorías y clubes, a los que les doy las gracias, se aferran enviándolo a los padres bien por e-mail, o por los famosos grupos de whatsapp o colgándolo en el tablón de anuncios. Su objetivo, ver si con su lectura entienden que no es la solución. Esto demuestra:
1. Que el castigo o la amenaza del “te quedas sin fútbol” es un recurso habitual, que además de general en el panorama deportivo, se da en chavales de diferentes edades y deportes.
2. Que no hay conciencia de la importancia de la práctica deportiva en el presente y futuro de los jóvenes para su desarrollo a diferentes niveles.
3. Que las faltas de asistencia de los chavales condiciona el trabajo de los entrenadores en los entrenamientos, competiciones y en las decisiones de convocatoria para los fines de semana.
4. Que entrenadores, padres y estudios están llamados al entendimiento por el bien de los chavales a nivel físico, psicológico y social y con ello prevenir y evitar el absentismo o abandono del deporte.
5. Que se relaciona deporte con algo lúdico, que es así, pero se olvida que es un hábito saludable que hay que educar para la vida como lavarse los dientes.
Lo fácil es dar donde más duele, siempre se ha dicho, pero contraproducente porque nos encontramos que castigar quitando el deporte, tiene otras consecuencias perjudiciales para su desarrollo. Además aunque en ocasiones sirva de algo a corto plazo, no sirve a largo plazo. Castigar sin deporte no ayuda a adquirir los valores de la responsabilidad, el sacrificio y el compromiso en los estudios. Se necesitan otras herramientas tiempo, paciencia y flexibilidad. Y recordemos que hay que tomar el deporte como el comer, el dormir o el beber, una necesidad básica para el desarrollo.
Si se admite que este tipo de castigos es fruto de la rabia e impotencia del momento y que una vez pasada la “tormenta” lo que surge es el arrepentimiento, tomamos conciencia de que no es la mejor manera de educar. No se educa desde la rabia e impotencia. Si castigas tiene que ser desde un estado emocional reflexivo y que no sea la rabia quien ponga el castigo. Así evitas arrepentirte y ganar credibilidad.
En la mayoría de los casos se da por hecho que si se suspende es porque el deporte quita tiempo.
Cuando desde mi profesión estoy con pre y adolescentes ninguno quiere suspender, lo pasan mal, no quieren dejar el deporte o que les obliguen a dejarlo, se sienten presionados, amenazados, no saben lo que quieren, no saben expresarlo, nadie les entiende, y surgen sentimientos de venganza… así comienza la espiral de malos rollos en casa. Los padres resumen, “es que pasa de todo, es un egoísta, ¡a ver qué haces con él!”.
Por eso creo que la comunicación una vez más es la base de todo. Hay que dejar de dar por hecho las cosas, hacer resúmenes sin conocer el punto de vista del hijo y usar el comodín del deporte para justificar lo que se cree que ocurre. Hay que saber las razones por las que suspende y corregir lo que no funciona.
El momento, el lugar, las palabras y las formas son fundamentales para conocer de primera mano los motivos por los que el chaval no supera sus objetivos académicos y no echarle la culpa al deporte. Unas veces lo ocasionan el cambio de colegios e institutos, la relación con profesores, la metodología, otras “sus problemas” relacionados con amigos, el que se enamoran, cambios a todos los niveles, el que no se saben concentrar, no estar atentos en clase etc… y como podéis deducir ninguno “se cura” castigando sin deporte.
Detrás de un suspenso puede haber muchas causas que desconocemos y enseñar a gestionar el tiempo es más productivo que decir “es que no te sabes organizar” o ”el tiempo no te cunde”… Es cierto que en ocasiones dicen “es que no me dio tiempo”, esta frase esconde el dejar cierta obligación para la víspera. Esto ocurre haga o no deporte como se sabe.
Así que una de las tareas más importantes como padres es ayudar a gestionar el tiempo desde niños, y alentar al estudio con paciencia, flexibilidad y diálogo.
Os propongo a los entrenadores.
1. Motivar al estudio y transmitir que es algo necesario. Vuestra condición de entrenador os da más poder de influencia del que creéis y podéis usarlo para un bien fuera del campo, piscina, cancha o pista.
2. Preocuparos por lo que hacen, lo que les gusta, las asignaturas que les cuesta, sus exámenes, hablad en equipo y de forma individual, que vean que tienen vuestro apoyo.
3. Fomentar la competencia sana con sus estudios, premiando sus avances y no la nota en sí. Juntos podéis crear los premios relacionados con la práctica deportiva.
4. Ante situaciones graves “no paséis” no sois su profesor, ni su padre o madre pero quizá suene la tecla, y no por casualidad, que necesitan porque en ese momento están receptivos.
5. El inicio de la temporada es un buen momento para transmitir a los padres el valor que le dais a los estudios. Es importante que sepan lo que pretendéis, sobre todo con los que piensan que “os metéis donde no os llaman”.

deporte libros

Os propongo a los padres y madres:
1. Inteligencia emocional para saber comunicaros. Dialoga con tu hijo para llegar a un entendimiento. Escúchalo, no le juzgues, busca soluciones y alternativas pero juntos. Amenazar y gritar no son las herramientas de un “juego limpio” nunca.
2. Valora sus logros académicos pero de forma especial su esfuerzo, porque aumenta la autoestima, el concepto de sí mismo y la confianza en su capacidad de estudio. No hay nada peor que no sentirse capaz de algo o que vean que no eres capaz. Valorar el esfuerzo ayuda a resistir y vencer las dificultades y previene el abandono.
3. No le compares, ni con su amigo, ni con su primo, ni con su vecino. Cada uno es único, no es lo que necesita y eso no motiva aunque lo digas pensando que así le “picas” y cambiará. Lo único que interpreta es que no es el hijo que esperáis y eso presiona. Un 6 haciendo deporte tiene más valor que un 8 sin hacer deporte, piénsalo así.
4. Aprende a motivarle en su estudio, cada persona necesita una fórmula, conocer la de tu hijo es el reto. A veces con buenas intenciones se dicen cosas que desalientan, frustran y desmotivan. “Si no estudias no serás nadie en la vida”, “Quien te va a querer”, “Que pretendes ¿ser un mantenido?, “Así vas por mal camino”…
5. Menos “céntrate y organízate” y más ayúdale a hacerlo. Juntos podéis diseñar el espacio, el horario y plan de estudio personal y realista. Hacerlo unilateralmente no promueve el compromiso. Es importante fomentarlo desde niños para que sea un hábito.
6. Apoya, supervisa y haz un seguimiento. Ofrece tu ayuda pero espera a que la pidan. Orienta pero no le hagas los deberes para tener mejor nota. Conociendo sus dificultades podrás ayudarle. Muestra interés pero sin controlar hasta que vayan “soltándose” poco a poco.
7. Fomenta el estudio empezando por lo que más le gusta, seguido por lo más difícil, y acabando por lo más fácil teniendo en cuenta las dificultades. Rétale a sus propios objetivos, a destacar y compartir lo que supone conseguirlos
8. Ofrécele técnicas de concentración, control respiratorio y estrategias que ayudan a que se concentren. Decirle “estate atento en clase que no quiero ver más notas en tu agenda” no les da la herramienta para hacerlo. Quieren y no pueden, necesitan el cómo.
9. No satures de extraescolares, tan malo es no hacer nada y tener exceso de sofá, televisión o videojuegos como tener cada día actividades, pintura, música, baloncesto, baile moderno, fútbol, inglés… compensa las actividades deportivas con las demás. Tu ansia porque haga de todo ante tanta oferta no permite el disfrute y en ocasiones lo viven como una carga.
10. No minimices las preocupaciones de tus hijos, en ocasiones el “eso no es nada”, “eso es una tontería” con el ánimo de que no sufran es doblemente contraproducente. Por un lado no se sienten comprendidos y por otro no se educa con y en inteligencia emocional, dando espacio a emociones sentimientos y ayudando a gestionarlos.
Hay mucho por hacer por parte de todos antes que fomentar el castigo con el deporte o promover el futuro abandono.
Si tienes más ideas compártelas y estaremos todos a una.

Os dejo un enlace con unas pautas para #CopaSamsung Aquí

 

Artículos de interés:

Los niños que duermen bien y hacen deporte de forma moderada rinden mejor en la escuela.

El deporte antes que las matemáticas.

Caminar o montar en bicicleta aumenta el tamaño del cerebro y mejora la función cognitiva.

Hacer ejercicio después de estudiar mejora el aprendizaje.

Vídeo de interés de Marcet football

Castigado

 

balon

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Ciclo: Educar en el deporte es educar para la vida

El lunes 30 de abril 2015 comienza desde el Instituto Aragonés de Psicología Deportiva, junto a Patricia Ramírez Loeffler,  un ciclo de charlas para todos los que participan en el deporte de los más jóvenes. Una iniciativa con mucha ilusión apoyada por el Gobierno de Aragón e Ibercaja Obra Social.

¡Os esperamos!

Aquí Gobiernos Aragón

Aquí Ibercaja Obra Social

Aquí Félix Brocate explica la iniciativa.

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Artículos Psicología y Salud

¿Conoces el Mindfulness…? “¿Mind qué?”

Esta es una de las respuestas cuando psicólogos o profesionales relacionados con la salud realizamos a pacientes o conocidos.
A pesar de llevar en la tierra más de 2.500 años, provenir del mundo budista de Oriente, llamarse meditación, el famoso “Ohmmm” y la postura de levitación no ha facilitado su entendimiento por estos mundos de acá. El desconocimiento, una cultura tan diferente o ser “cerrado de mente” han hecho el resto. Para ello han tenido que surgir en Occidente estudios científicos que demostraran lo que en Oriente llevan miles de años beneficiándose.

A partir de entonces todo empieza a cambiar.
Jon Kabat-Zinn, referente a nivel mundial, ha sido el fundador y director de la Clínica para Reducción del Estrés y del Centro para la Atención Plena (Mindfulness) en la Medicina, el Cuidado de Salud, y la Sociedad en la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts. Ser médico en nuestra cultura abre más puertas a la razón que ser monje. Ha sido la persona que acercó a Occidente la práctica y la introdujo al modelo médico. Su trabajo de desarrollo e investigación desde 1979 ha permitido comprobar sus beneficios en el ámbito más clínico relacionado con el dolor crónico y estrés. Pero esas investigaciones crecen como la espuma y refuerzan su potencial aunque no todo es mindfulness.
Mindfulness traducido al español como atención plena permite desarrollar la atención y la conciencia fomentando un efecto dominó que promueve cambios en otras áreas de nuestra propia vida y en relación con los demás.
La práctica consiste en prestar atención a lo que vemos, oímos, hacemos, pensamos, sentimos, a nuestras emociones, a todo los que nos rodea en el momento presente, de una forma especial, conscientemente, con intención y sin juzgar. Casi nada…Esta práctica es muy productiva porque te enseña a estar y ser. La atención es un músculo que se puede entrenar, y mindfulness sería un tipo de pesas.
Te permite relacionarte directamente con lo que te ocurre y conocerte de otro modo empezando por las emociones, el inicio de nuestra vida y de lo que parte todo. Cuando fuimos bebés las emociones permitieron comunicarnos con nuestra madre que satisfizo nuestras necesidades y seguir creciendo. Y ahora estamos en un mundo en el que…¿Cuántas veces has ido a buscar el coche a un parking y no recordabas la planta o la parcela?, te suena eso de ¿dónde habré dejado las llaves? siempre igual y alguien diciéndote ¡un día te dejarás la cabeza!, ¿Se te ha pasado tu parada cuando ibas en el metro o bus?, o ¿Lo esperabas y no te enteraste de su llegada?, ¿Has echado el doble de sal a la verdura que ibas a cocer?, ¿Has dudado si habías desconectado la plancha, la vitrocerámica, cerrado el coche, o la puerta de casa?, ¿Estás en la ducha y no sabes si es la segunda o tercera vez que te enjabonas el pelo?…y más que seguro que se te ocurren y quizá hasta te estás riendo por sentirte identificado pero en el fondo no es para reírse, tampoco diré para llorar pero sí para tomar conciencia y ver qué hacer. (anímate si quieres compartirlas)
¿Qué demuestra esta lista de preguntas?
A priori no las consideramos más que simples despistes que nos fastidian momentos de nuestro día a día pero demuestran que no estamos donde tenemos que estar, en el “aquí y ahora” de cada momento que vivimos. Que vivimos en modo pasado y futuro, aislándonos en nuestro ruido mental, recordando temas del pasado que nos han secuestrado emocionalmente o recordando temas que no se nos pueden olvidar para dentro de una hora, un día o una semana.

Nos alejamos de momentos en potencia, no estamos conectados con el momento, vivimos en la “superficie” de la vida. Un café con un amigo, un abrazo sentido, una conversación, un atardecer, un paseo, una tarea de nuestro trabajo, una actividad o la práctica deportiva… se está sin estar, es como estar en varios escenarios y al final esto cansa y mucho porque además uno ve y siente que no rinde, que da menos de lo que podría dar y no disfruta. Y para poner la puntilla esta manera de vivir la transmitimos por imitación a los más pequeños de la casa así que la plaga está asegurada si no nos ponemos manos a la obra.
La sociedad en la que vivimos empuja a vivir en modo “acelerado”. Siendo capaces de hacer muchas cosas, pero con una atención permanentemente dispersa y alejada de nuestro “yo” y este es el problema. Es estar a todo y en nada. Lo que ha sido adaptativo en situaciones puntuales para el mundo personal, social o laboral se ha fijado y se ha hecho hábito 24 horas y esto es desadaptativo. Y entonces el cuerpo comienza a “hablar” y aparece el estrés, ansiedad de tanto miedo al futuro, depresión de tanto pasado, problemas gastrointestinales, musculares, trastornos del sueño, dolores de cabeza, espalda… que impiden vivir, viviendo, es decir se malvive.
Desarrollar este tipo de atención focalizada disuelve los hábitos rumiativos y de preocupación relacionados con la depresión y la ansiedad. En definitiva a disminuir el agobio permanente de ese ir y venir de la mente en un mundo que nos desconcentra permanentemente… si queremos.

Mindfulness o atención plena aclara la mente y eso se refleja en todo, se disfruta más lo que se hace, con equilibrio aprendiendo a responder y no a reaccionar lo que implica gestión emocional necesaria en todos los ámbitos en los que nos relacionemos, sin excepción.
Ya sea en el mundo personal, laboral, sentimental, social, deportivo o en la educación acercar a pie de calle la práctica de mindfulness es lanzar un “salvavidas” a la tormenta emocional en el mar en el que viva cada uno.
Ahora ya no puedes decir ¿Mind… qué?

 

Jon Kabat-Zinn en Zaragoza. Aquí

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Cuentos y Metáforas

Ganador-Perdedor

El ganador dice: “vamos a verlo”
El perdedor dice: “quién sabe”

Cuando el ganador se equivoca dice: “me equivoqué”
Cuando el perdedor se equivoca dice: “la culpa no fue mía”

El ganador confía en la buena suerte, aun cuando no haya sido tan buena. Es optimista.
El perdedor lamenta su mala suerte, aun cuando no haya sido tan mala.

El ganador sabe cómo y cuándo debe decir “sí” y “no”.
El perdedor dice: “sí, pero…” y “tal vez no sea”. No identifica ni los tiempos ni las razones.

El ganador trabaja más que el perdedor y tiene más tiempo.
El perdedor siempre está más ocupado de la cuenta cuando tiene que hacer lo que es necesario hacer.

El ganador se enfrenta con los problemas.
El perdedor esquiva los problemas.

El ganador asume sus compromisos.
El perdedor hace promesas.

Al ganador le entristece no poder hacer más.
El perdedor pide disculpas, pero vuelve a hacer lo mismo en la siguiente ocasión.

El ganador dice: “soy bueno, pero no tanto como debería ser”
El perdedor dice: “no soy tan malo como muchos otro”

El ganador escucha.
El perdedor no espera su turno para hablar.

El ganador prefiere ser admirado que ser amado; todavía más, prefiere las dos cosas.
El perdedor prefiere ser amado a ser admirado.

El ganador sabe lo que es bastante fuerte como para ser amable con los demás.
El perdedor no se muestra amable con los demás; sino débil, y con frecuencia cansado.

El ganador respeta a sus superiores y procura aprender algo de ellos.
El perdedor acumula resentimientos contra sus superiores e incluso monta intrigas contra ellos.

El ganador da explicaciones.
El perdedor intenta justificarse.

El ganador se sienta responsabilizado por hacer siempre algo más.
El perdedor dice pronto: “no trabajo más”

El ganador dice: “debe haber otro modo mejor de hacer esto”
El perdedor dice: “esto siempre se ha hecho así”

El ganador sabe controlarse.
El perdedor sólo tiene dos velocidades: la histérica y la letárgica.

Dr. Whitt N. Schultz.

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Charlas y formación

Escuela para padres.

Un año más he participado gracias a Fapar en su Escuela de padres.

Acercar la adolescencia antes de que sus hijos lleguen, aprender a resolver conflictos desde la infancia y reflexionar sobre las conductas alimentarias y los trastornos que existen han sido las temáticas de este curso 2014-2015.

Una vez más agradecer la confianza de los centros, los agradecimientos y palabras sinceras que me llegan por mail.

Centros:

Benjamín Jarnés

Hermanos Marx

Eugenio López

Gascón y Marín

Virgen de Rosario

Parque Roma

 

Acompañaros es un gran reto.

Disfrutad de vuestros hijos y focalizaros en lo bueno para sumar energías en este viaje.

La teoría ya la habéis aprobado ahora falta la práctica diaria.

fapar

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Psicología del Deporte

Un día en…

El jueves 18 de febrero tuve el placer de asistir al evento organizado por Chelsea FC Foundation en Reebok Sport Club en España. Una mesa redonda en la que el mundo del periodismo, entrenadores y psicología representados por Juan Castro, Juan Carlos Rivero, Manu Sarabia, Paco Jémez trataron el tema  “El Balón como medio educativo” junto a Andrew Bonich, Director General de Chelsea FC Foundation Soccer Schools y Carmen Arias.

En este evento se presentó la iniciativa de escuela de padres que se iniciará en marzo en la que mi compañera Patricia Ramírez y yo desarrollaremos.

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Aprender a vivir en la diferencia.

Os dejo el nuevo artículo Aprender a vivir en la diferencia junto a mi compañera Patricia Ramírez.

Muchos padres viven como la mayor de las desgracias los resultados de las pruebas que confirman que su hijo sufre asma, alergia, intolerancia a ciertos alimentos y un largo etc. Comienzan la aventura de vivir, no con un niño que tiene unas características determinadas, de las que se tienen que responsabilizar ambas partes, sino con la idea de…

  • “Es que mi hijo es asmático.”
  • “Es que mi hijo es alérgico.”
  • “Es que mi hijo es intolerante a la lactosa.”
  • “Es que mi hijo lleva gafas.”

 

La sorpresa en muchos casos o la idea de que su hijo se escapa de la “normalidad” les lleva a buscar nuevas opiniones en otros profesionales. Convierten el problema en monotema en los debates familiares y de amigos o buscan información en internet hasta que verifican que ese es el diagnóstico y que son necesarios una serie de cambios en las rutinas. A partir de aquí empieza el proceso de aceptación y la puesta en marcha de un protocolo para cada caso.

 

Dependiendo de la personalidad del niño y su madurez aparecen en escena los padres sobreprotectores, hiperprotectores o padres “helicóptero” que sobrevuelan sobre sus hijos para intervenir en cualquier situación de forma ansiosa y poco conectados emocionalmente. Transforman a sus hijos en niños burbuja favoreciendo el aislamiento, evitando la socialización de sus hijos para evitar los miedos respecto a la enfermedad: les limitan los cumpleaños a los que asistir por miedo a que ingieran algo no permitido, meten miedo al niño que juega a fútbol por miedo a que le den un balonazo en la cara y le rompan las gafas o están todo el rato llamando a los adolescentes por teléfono para comprobar si se han pinchado la insulina

 

Los padres viven con miedo e incertidumbre en su día a día, temen que les pueda ocurrir algo, sobre todo si ellos no están presentes. Y en parte tienen razón. Sus hijos necesitan adaptarse y llevar a cabo una serie de cambios para no poner en riesgo su vida y su salud. Pero, ¿hasta dónde conviene proteger, cuáles es el límite?

 

Ya se sabe que el miedo paraliza, transforma, succiona la mente, no deja decidir con claridad, condiciona la forma de pensar y de actuar. Y ese miedo que se transmite a los hijos les impide desarrollarse con seguridad y confianza. Si traslada el miedo a sus hijos, tendránpoca iniciativa, se sentirán bloqueados, temerosos y serán hijos dependientes, en alerta permanente y con miedo desproporcionado a lo desconocido. Todo esto condiciona su desarrollo y sus relaciones con los demás, se reflejará en su trabajo, en sus relaciones personales, sociales  y sentimentales, en definitiva, en la forma en que se desenvolverán en su vida adulta.

 

Los padres están para proteger pero no para sobreproteger, están para acompañar y no para sustituir. Sobreproteger conlleva una serie de inconvenientes que tenemos que conocer. Los padres construyen día a día la imagen interior de sus hijos con el trato, el apego y lo que con su comportamiento trasladan a sus hijos. Saber cuidar sin sobreproteger forma parte de una futura autoestima, confianza y seguridad.

 

Muchos padres dicen “mientras pueda, lo haré yo, cuando falte ya lo hará él” y la vida nos demuestra que no es así porque lo que no se enseña con naturalidad y desde niño cuesta mucho más aprenderlo de adultos cuando ya tenemos una serie de hábitos y vicios adquiridos. Sobreprotegiendo estamos trampeando la vida de los pequeños.

 

¿Cómo padres os reconocéis si…?

  • Evitáis dejar comer a vuestros hijos en casa de los abuelos, amigos, o asistir a fiestas de cumpleaños si no están ellos.
  • No dejáis que vayan a dormir a casa de sus amigos, realizar intercambios escolares, o ir de campamentos.
  • Evitáis competiciones en las que se tengan que desplazar o incluso limitáis la práctica deportiva.
  • No los dejáis comer en el comedor del colegio, no vais a restaurantes y supervisáis cada movimiento.

 

La solución ante una vida con otras “características” no pasa por estos pasos. Vosotros como padre y madre no estaréis siempre a su lado para decirle lo que tiene que hacer. Tu hijo tiene que aprender a tomar decisiones, a no llevar colgada la etiqueta de “soy un alérgico, soy un celiaco” y llevar solo una vida que pueda vivir con normalidad conforme a los cuidados que necesite su trastorno o enfermedad.

 

Cada niño, según su edad y madurez, y desde el momento en el que es diagnosticado, debe ser educado en:

 

Responsabilidad: si ayudas a conocer qué le pasa, sin alarmas innecesarias, y saber qué pasos tiene que seguir en la alimentación, medicación, uso de gafas en el cole o en su deporte, le aportarás seguridad. Conociendo las consecuencias que implican si las cosas no se hacen bien fomentas la responsabilidad hacia su salud.

 

Autonomía: responsabilidad y autonomía van de la mano. Conseguir vivir con autonomía e independencia es uno de los objetivos en la vida de cualquier persona, al margen de su salud. Conocemos claros ejemplos de niños en silla de ruedas que con gran empeño y el que les transmiten sus padres consiguen vivir una vida plena y con autonomía. Educar en la dependencia no ayuda a crecer en ningún plano y menos en el emocional. No le evites situaciones ni hagas por él lo que él puede resolver solo, aunque le cueste más que a otros niños.

 

Resiliencia: esa capacidad de sobreponerse a las situaciones adversas de la vida saliendo fortalecido no es un valor que se transmita en los genes. Se educa. Transmite a tu hijo que todos tenemos una situaciones dadas, que no depende de nosotros y que la energía tiene que estar en resolverlas en lugar de lamentarnos. Entrénales más en solución de problemas y menos en el arte de las quejas.

 

Respetar: si educas en la diversidad y lo fomentas con tu ejemplo, favoreces que él lo haga con sus iguales. Tu hijo normalizará lo que tú le digas que es normal. Si te comportas desdramatizando y normalizando, él también pensará que un problema como el suyo forma parte de sus “normales”.

 

Comunicación: Ten informado a tu hijo para que sepa el porqué de lo que le dices que haga. Facilita espacios de comunicación para que entienda lo que le ocurre. Ayúdale a conocer sus causas y las consecuencias de un comportamiento no responsable en sus acciones. Que ocultes o disfraces la realidad no le ayudará a responsabilizarse.

 

Reconocimiento: Cada vez que decida no comer lo que tiene prohibido, usar su inhalador, limpiar y ponerse sus gafas etc… no lo interpretes como algo normal. Transmítele que lo ha hecho bien, que es responsable, que tiene que sentirse orgullosos y que te sientes orgulloso de él. De esta forma se fijan las conductas que queremos de forma amorosa, comunicativa y reflexiva.

 

Lo que no hay que hacer:

 

Victimizarse: “fíjate lo que nos ha pasado”, “ahora qué vamos a hacer”, “menudo plan de por vida” son frases que pueden venir a tu mente pero que no van a solucionar nada. No las uses como forma de presentarle a su nuevo profesor, o a la madre de su nuevo amigo. El victimismo no es buen compañero de vida, te debilita y te resta energía.

 

Etiquetar: supone condicionar su manera de pensar, sentir y actuar. Un niño etiquetado vivirá y se relacionará como tal. Lo usará de pretexto para justificar otros motivos y dirá que le duele la  tripa, que está cansado para recoger la habitación, o que suspende porque no ve bien…activando tu alarma y compasión.

 

Aprovecharse de un error: Si en vez de valorar el intento que hace tu hijo lo traduces como una crisis y verbalizas “es que tengo que estar yo supervisando porque si no…” solo consigues que tu hijo crezca en la inseguridad y no se sienta capaz de asumir sus responsabilidades.

 

No olvides que eres un modelo educativo a seguir y que ellos usarán tus estrategias y tus habilidades para andar por su mundo. Enseñar a vivir con lo que nos toca sin victimismo, elaborar un plan de acción, no acomodarse, ampliar nuestro margen de maniobra y salir de la zona de confort es el reto educativo como padres. Todo padre quiere que su hijo sea feliz pero no olvidemos que para ser feliz hay que superar adversidades y no esconderse.

 

No hay mayor seguridad para un niño que ver como ante la adversidad los suyos le enseñan a crecer y a superarse. Estos son los grandes legados y aprendizajes que les quedan. Educa para que tu hijo se sienta acompañado y no anulado.

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