Yolanda Cuevas Ayneto

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¿Gritamos enfurecidos al entrenador de nuestros hijos?

Aquí os dejo en PDF el artículo publicado en el Heraldo de Aragón sección escolar 26.11.2014

Agradecer a todos los que difundis, compartis y valorais este tipo de artículos en redes sociales, webs y grupos de whatsapp de padres, entrenadores y en definitiva donde vive el deporte.

Solo se mejora si uno se lo propone pero juntos somos más fuertes.

Enlace a ¿Eres de los que gritan al entrenador de sus hijos? 10.02.17

Las actividades deportivas escolares no son solo cosa de los hijos, también lo son, y en ocasiones en exceso, de los ‘sufridos’ padres. Y, si no, que se lo pregunten a esos cientos, miles, de progenitores esforzados que, sin rechistar, llevan a sus hijos de aquí para allá, llueva, nieve o truene, a interminables entrenamientos y a agotadores partidos, a lo largo y ancho de nuestra geografía, durante todo el curso. Pero este entorno que, en principio, bien puede parecer idílico, en ocasiones se torna complicado, por no decir abiertamente hostil. Sobre esta espinosa cuestión, la psicóloga Yolanda Cuevas Ayneto opina que “nuestra máxima responsabilidad, como padres, en sentar las bases educativas y en valores a través de esas actividades deportivas que practican nuestros hijos. Porque enseñar las técnicas deportivas es patrimonio exclusivo del entrenador, ¡que para eso se forma!”. Nuestra misión es, pues, animar a los chicos, sí, pero sin anteponer nuestros deseos y, por supuesto, sin insultar al árbitro o pretender saber más que el propio entrenador. La psicóloga Yolanda Cuevas analiza alguna de estas situaciones y nos ofrece pautas de comportamiento para afrontarlas y ayudar a nuestros hijos.

La elección, fundamental. Lo mejor es que nuestros hijos experimenten diferentes deportes hasta que ellos elijan. Si condicionamos sus gustos deportivos, les estamos restando oportunidades. Responsabilidad y compromiso. El deporte educa y transmite valores tan importantes como la responsabilidad y el compromiso: preparar la bolsa con ellos, aunque les cueste, hasta que puedan hacerlo solos; ser puntuales, asistir a los entrenamientos y encuentros -no se puede faltar porque nos surja otro plan el fin de semana-… Tenemos que ser conscientes de que hacer deporte implica esfuerzo y sacrificio de todos. Motivar, sí; presionar, no. En los desplazamientos debemos cuidar nuestras palabras. A veces, creemos que les estamos motivando, cuando, realmente, lo que hacemos es añadir presión a la que ya tienen. Que lo hagamos con buena voluntad, no implica que esté bien hecho. Esos: «Confiamos en ti», «seguro que lo harás genial», «te espero con la medalla», «eres el mejor»… son como piedras para la mochila deportiva de nuestros hijos. Así que, cuidado con lo que les decimos, ya que nuestras palabras se graban y dejan huellas emocionales que pueden conducirles a abandonar el deporte. En los desplazamientos también entrenamos a los hijos en valores, en normas, en objetivos, en resolución de conflictos… Así que no monopolicemos el tema de conversación y busquemos otros asuntos de interés, que desarrollen su capacidad crítica. Hay tiempo para todo. Tenemos que ayudarles a gestionar el tiempo; enseñarles a organizarse para que desarrollen un hábito. Hay que establecer un equilibrio entre estudios, deporte y amigos. Castigarles sin deporte solo generará emociones y sentimientos que nos separen y limiten nuestra relación. Conversaciones positivas con otros padres. Somos sus padres, no ojeadores deportivos; nadie nos va a evaluar después de los entrenamientos y encuentros. Lo mejor que podemos hacer es relajarnos, sentirnos afortunados porque nuestros hijos están rodeados de deporte, creciendo con él y con sus beneficios físicos, psicológicos y educativos. Debemos disfrutar del encuentro, entablar conversaciones positivas con otros padres, es decir, que no todo sea criticar al entrenador, porque esto… no ayuda. Ni gritos ni insultos. ¿Somos de esos padres que gritamos enfurecidos al entrenador, al árbitro o a nuestro propio hijo y les faltamos al respeto? Si lanzamos miradas de esas que bloquean, gestos que les desaniman; si la rabia nos supera cuando pierden, si alentamos ciertas conductas contra el adversario, si contradecimos y criticamos al entrenador… nos estamos saltando las reglas del juego como padres o madres. No estamos siendo coherentes con esa famosa frase que tanto nos gusta y repetimos: «Yo, lo que quiero es que mi hijo disfrute y haga deporte». Con estas actuaciones, en vez de educar, deseducamos. Así que, comencemos a controlar estas situaciones y a entrenar nuestra gestión emocional, por el bien de nuestros propios hijos, a nivel emocional y educativo. Así, evitaremos que nos pidan que no vayamos a verlos jugar o que… se avergüencen de nosotros. Juego limpio y diversión. Nuestra responsabilidad es educar a nuestros hijos en el juego limpio y en el disfrute del deporte como algo natural, honesto y divertido, que, seguramente, les ayudará a que se conviertan en mejores personas, aprendiendo a cumplir el reglamento, sin hacer trampas, respetando a todos; enseñándoles ganar y a perder, a ser humildes y a reconocer, siempre, el buen trabajo de los demás.

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Los buenos hábitos, los aliados en la prevención de los trastornos de la alimentación.

Nuevo artículo para la Fundación Roger Torné, junto a Patricia Ramírez Loeffler.

Las dietas poco saludables, la obesidad y el sobrepeso, y su posible derivación en  trastornos de la conducta alimentaria (TCA), son males que preocupan a todos los padres. Anorexia, bulimia e ingesta compulsiva pueden aparecer en la edad de la adolescencia y son más frecuentes en las mujeres, especialmente entre los 12 y los 24 años.

 

Los estudios demuestran que la causa es multidimensional  (factores genéticos, socioculturales y psicológicos). A pesar de que algunos factores son de difícil intervención, como  los rasgos de personalidad, sí que hay otros en los que como padres y profesionales podemos intervenir y prevenir: los patrones culturales y estéticos, el propio esquema corporal y la valoración negativa de la figura, o la práctica hábitos poco saludables. Es importante destacar que la detección precoz y las intervenciones multicomponentes mejoran el pronóstico, reduciendo el tiempo de tratamiento. En este sentido, la familia, el colegio y la sociedad son los escenarios donde la educación en patrones de alimentación, un estilo de vida saludable y la imagen corporal tienen que tratarse con máxima delicadeza.

 

¿Qué son los Trastornos de la Conducta Alimentaria?

Son un grupo de trastornos mentales que se caracterizan por una conducta alterada de la ingesta alimentaria y/o la aparición de determinados comportamientos dirigidos a controlar el peso. Provocan alteraciones físicas y psicosociales. Los más conocidos son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa.

 

En la anorexia nerviosa, la persona muestra un deseo obsesivo por estar delgada y para conseguirlo sigue una dieta restrictiva, realiza conductas purgatorias como vómitos autoinducidos y toma de diuréticos o laxantes. A estos patrones de autocontrol se une la práctica de  gran actividad física, que la ayuda en la pérdida de calorías. El niño o adolescente que presenta una distorsión de la realidad, se ve gordo/a y no tienen conciencia de enfermedad.

 

En cuanto a la personalidad, se caracterizan por tener un alto sentido de la responsabilidad, perfeccionismo, ineficacia personal, baja autoestima y bajo autoconcepto. Este perfil les permite tener mucha capacidad de autocontrol y no caer en la tentación de comer cuando se tiene hambre. Son perfectamente capaces de sufrir para estar delgados.

 

La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios de atracones de forma incontrolada, en los que la persona puede llegar a engullir grandes cantidades de alimentos. Esta ingesta le produce sentimientos de culpabilidad y pesadez, por lo que tiende a eliminar todo lo comido a través de la inducción del vómito, realizando ejercicio físico o abusando de laxantes y diuréticos.

 

En este caso no hay alteraciones de peso llamativas, y puede presentar peso bajo, normal o sobrepeso. Por ello, el trastorno pasa muchas veces desapercibido y se pide ayuda cuando se encuentra en un estado muy avanzado.

 

Se sabe que la genética, los factores personales, la familia, acontecimientos vitales y ciertas actividades físicas de alta exigencia en cuanto al peso, contribuyen a tener un mayor grado de vulnerabilidad.

 

Aunque estas enfermedades no han dejado de crecer en las últimas décadas, ni la anorexia ni la bulimia son conceptos nuevos: ya en el Corpus Hipocraticum, conjunto de enseñanzas médicas atribuidas a Hipócrates (años 460-377 aC), se hablaba de ”los efectos de un régimen debilitante y prolongado son difíciles de reparar y lo mismo sucede con los de una repleción extrema y continuada”, y Sorano (93-138 d.C) describía la amenorrea y la anorexia en la mujer, y así hasta nuestros días. La bulimia no se define oficialmente hasta los años 70 pero fue utilizada por Trevisa en 1398.

 

Sí hay que destacar, no obstante, que el incremento actual de estas enfermedades está relacionado con factores sociales. La información que recibimos de los medios de comunicación y la imagen que se proyecta de la mujer en publicidad y desfiles de modelos, provoca que el estándar de la belleza se asocie al bajo peso, y los niños y jóvenes lo relacionan con el éxito social convirtiéndolo en uno de sus objetivos. Los adolescentes y niños de primaria valoran y ven atractivas a las personas con buen tipo, “flacas” y con “tableta de chocolate” en los abdominales. Uno de las mayores motivaciones de la gente joven es la necesidad de aprobación. Y sentirte dentro o fuera del grupo depende de lo atractivo que te vean tus compañeros, la atención de chicos y chicas estará más en cuidar su aspecto físico y su peso que potenciar valores sociales y culturales.

 

¿Cuándo tienen que sospechar los padres? Como padres es aconsejable estar pendientes de estos síntomas:

  • Pérdida de peso brusca e inexplicada. Por ejemplo, no debida a una enfermedad o una dieta por sobrepeso controlada por un médico especialista en nutrición y dietética.
  • En el caso de las adolescentes, la ausencia o pérdida de menstruación con más de tres ciclos, sobre todo si se une a pérdida de peso.
  • Preocupación excesiva por perder peso aun siendo delgada.
  • Sensación de frío sin que sea coherente con el tiempo.
  • Cambio de hábitos en el vestir o en sus horarios.
  • Hiperactividad o excesivo ejercicio físico.
  • Mucho tiempo dedicado a pensar en la comida.
  • Consumo de líquidos en exceso.
  • Poca variedad en la alimentación.
  • Lentitud a la hora de comer.
  • Rituales o conductas poco apropiadas en la forma de comer, como apartar comida en el plato.
  • Cambios de peso.
  • Caries frecuentes.
  • Pertenencia a un grupo de riesgo, como el de los modelos publicitarios o la práctica de algún deporte que exija extrema delgadez, como la gimnasia rítmica.

 

¿Qué hacer si se detecta un trastorno de la alimentación?

Una vez se detecta un trastorno de la alimentación, es importante intervenir en todos los ámbitos, desde controlar los hábitos saludables alimenticios y establecer unos horarios para las comidas regulares, a trabajar la imagen corporal, las habilidades sociales, el autoconcepto, la autoestima y la asertividad, educando en la capacidad de cuestionar y en el poder de decisión sobre lo que la sociedad comercial demanda, es decir, en valores. También es importante cuidar  la comunicación y la relación en el entorno familiar evitando comentarios sobre el peso o las dietas.

 

La persona aquejada por este trastorno, así como la familia, necesitan manejar el problema en todas las áreas que afectan al adolescente: el entorno escolar, social y familiar, y contar con la ayuda externa de médicos y psicólogos.

 

¿Cómo prevenir la anorexia y la bulimia?

A nivel preventivo, es importante que los padres promuevan una alimentación saludable y unos buenos hábitos, y que sean modelo de conducta  para los hijos. En este sentido, os recomendamos:

1-Desayunar sin bollería industrial, es decir, fruta o zumo natural, leche, cereales, tostadas.

2-Educar en el hábito de beber agua, y no zumos artificiales o refrescos azucarados.

3-Fomentar las comidas en familia, relajadas, y sin televisión. Este momento es para dialogar, no para castigar ni recriminar, y, así se evita relacionar las comidas con aspectos negativos.

4-Reducir la ingesta de “comida rápida”.

5-Moderar el consumo de carnes y embutidos.

6-Reducir el consumo de sal y los alimentos salados como snacks.

7-Aumentar el pescado a cuatro raciones semanales y la fruta a cinco raciones diarias, así como reducir los dulces.

8-Tener presente qué come en el colegio para así poder organizar un menú diario equilibrado.

9-Habituarlos a 4 ó 5 comidas, cocinar sano y evitar el picoteo.

10-No utilizar los alimentos como premio o castigo.

11- Realizar las dietas siempre bajo control médico.

12-Fomentar la vida activa o la práctica del deporte para beneficiarse a nivel físico, social y psicológico de sus ventajas, no para perder peso.

13-Recordar que todos los miembros de la familia no tiene las mismas necesidades. No son las mismas necesidades nutritivas las que requiere un niño de 7 años, un adolescente, o un hijo deportista.

 

Ten en cuenta que la mayoría de las veces la anorexia se inicia por problemas de insatisfacción con el propio cuerpo, por haber sido criticado/as como “gorditas” o “gorditos”, por sentirse rechazados/as dentro del grupo, o porque en casa se hacen comentarios en los que los adolescentes interceptan que tener buen tipo es ser brillante. Por eso evita cualquier tipo de comentario con el que tus hijos puedan interpretar que se espera de ellos que sean niños delgados, guapos y con una sonrisa espectacular. Tienen que sentirse queridos independientemente de la imagen que tengan. Lo que tú crees que puede ser un comentario banal, para ellos puede ser el piloto que despierte la necesidad de adelgazar.

 

Entrena también a tus hijos para que desarrollen la inteligencia emocional desde pequeñitos y ayúdales a gestionar las emociones. Saber decir que no, sentirse a gusto con uno mismo, conocer las propias fortalezas, les hará sentirse fuertes y con una alta autoestima.

  • Fomenta la buena comunicación.
  • Deja espacio para las emociones.
  • Adáptate a sus edades y a sus momentos.
  • Comparte tu tiempo de tranquilidad con ellos.
  • Permite que se expresen, no des por hecho nada, no les cortes en la conversación.
  • Respeta lo que dicen.
  • Ante las dificultades, promueve su abanico de soluciones y que sean creativos para buscarlas.
  • Valora sus esfuerzos para que se sienta capaces.
  • No hables de problemas: habla de retos, de capacidad, de ganas, de fuerza.
  • Refuerza todo su talento: su creatividad, sus habilidades y competencias, su facilidad para hacer deportes, actitudes como la paciencia. Que aprendan que todas las personas tenemos valor por nuestra forma de ser.

 

 

Recuerda que tus hábitos tienen una gran probabilidad de convertirse en los hábitos de tus hijos. Modifica tus propias conductas: así  estarás promoviendo la salud de tus hijos.

 

Patricia Ramírez

Yolanda Cuevas

AlogoYC4 bis (1)

 

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Artículos Psicología y Salud

A no mentir también se educa

Os dejamos nuestro nuevo artículo Patricia Ramírez y yo.

“¿Y cómo puede usted saber que he dicho una mentira?”
“Mi querido niño, las mentiras se descubren enseguida, porque son de dos clases: hay mentiras con patas cortas y mentiras con patas largas. La tuya es una de esas mentiras de nariz larga.” (Pinocho, 1892)
“Educar a un niño en la veracidad es educarle para la libertad” (Domínguez, 1915)

“¿Y cómo puede usted saber que he dicho una mentira?”

“Mi querido niño, las mentiras se descubren enseguida, porque son de dos clases: hay mentiras con patas cortas y mentiras con patas largas. La tuya es una de esas mentiras de nariz larga.” Pinocho, 1892

 

Como padres seguro que más de una vez habéis dicho a vuestros hijos: “si mientes te crecerá la nariz como a Pinocho”. Pseudometiras, falsas mentiras, mentiras por imitación, por presión social, mentiras sociales, mentiras de utilidad, defensiva, para llamar la atención, compensatorias, escolares, inocentes y generosas, mentiras piadosas, mentiras para proteger al amigo, reactivas para compensar su inestabilidad emocional, mentiras para proteger la intimidad, vengativas, hasta la compulsiva más frecuente en la adolescencia, engañar, hacer trampa etc…

 

Tú deseas que tu hijo no mienta pero la realidad es que tarde o temprano llega ese momento. Así que hay que estar preparados, entender y saber cómo actuar. La mentira es un mecanismo de defensa natural y fácil. En algunas ocasiones difícil de demostrar y que permite liberarse, aunque sea momentáneamente, de las consecuencias negativas que podría tener decir la verdad.

 

Una de las responsabilidades que tienes como padre es educar en el hábito de decir la verdad. Este hábito le ayuda a estar sano emocionalmente y a tener unas correctas relaciones sociales basadas en los valores. Es importante que sepas diferenciar entre las “mentiras naturales” producto de la imaginación al no ser conscientes de la diferencia entre la realidad y fantasía, y las mentiras infantiles con intención, por diferentes motivos y en diferentes edades. Mentiras para obtener un beneficio directo o indirecto. Si no se educa van a más, desarrollando cada vez más, mayores aptitudes para mentir, estudiando estrategias y desarrollando el placer por ello.

 

Se marcan los 7 años como frontera porque es el momento en el que el niño diferencia entre error involuntario y mentira intencional. La intención la adquiere con 3 años, con los primeros “por qués”.  Todo dependerá no solo de la edad sino de las características de su pensamiento y desarrollo moral  e influencia del entorno del pequeño: padres, amigos, ambiente familiar, su inteligencia, adaptación /inadaptación y personalidad. Por ejemplo, los niños que tienen hermanos mayores o que acceden a la guardería no tienen el mismo desarrollo que si es hijo único. Todos conocemos la picaresca de los hermanos. Así pues hay niños entre tres y seis años que ya mienten. El llamado “engaño táctico” es adquirido a partir de los 3 años y medio. Aparecen las pseudomentiras, el niño inventa historias, cuentos y se divierte con ello al contar lo que cree. No distingue entre imaginación, cuento, fantasía y realidad.

 

MOTIVOS POR LOS QUE TU HIJO PUEDE MENTIR:

 

-Conseguir algo que quiere, evitar algo que no quiere o librarse de un castigo. Hay niños que culpan a su amigo imaginario de que su habitación esté desordenada (mentira de defensa) para evitar quedarse sin ver los dibujos.

-Por imitar a los padres: si ve que mientes en alguna ocasión interpreta que mentir no es malo porque sus padres lo hacen. Por otro lado si a cambio ve que obtuviste un beneficio, entienden que mentir puede ayudar a conseguir cosas. Y dirás “es cierto, mentir puede ayudar”, pero todo depende de los valores con los que quieras educar a los tuyos.

-Por la propia frustración de querer y no poder o por aparentar: dice que tiene más videojuegos de los que tiene, ese es su deseo pero la realidad es otra.

-Por miedo; no olvides que los niños son inmaduros por naturaleza y el miedo les influye de tal manera que es la principal causa de sus mentiras. Tienen miedo, a tu reacción, a tu castigo, a tu tono de voz, a tu cara…

-Por exigencia de los propios padres, amigos, profesores, entrenadores: él piensa que será menos aceptado y querido si no cumple lo que las personas de referencia le exigen. Los niños no quieren defraudaros y por eso mienten. No olvides que los objetivos tienen que ser retadores pero asequibles.

-Por evitar problemas con amigos o familiares, la ansiedad, la vergüenza, el sufrimiento o la culpa, propia o ajena que supondría decir la verdad.

-Para parecer gracioso ante un grupo y así ganarse el interés o admiración del mismo.

-Por llamar la atención de las personas que les rodean, muy común con la separación de los padres o la llegada de un hermano. Un ejemplo es inventar dolores de tripa para acaparar los cuidados de sus padres.

-Por imitar a sus amigos porque ve que ellos tienen beneficios con la mentira, y cree que así conseguirá lo mismo.

-Para transformar la realidad que no les gusta y hacerse “su mundo”.

 

COMO PADRES ESTAS SON LAS PAUTAS

  • Crea un hogar en el que la comunicación sea fluida, sin adelantar situaciones que alertan consecuencias; “Cómo me entere yo de que alguna vez me mientes…”, “Cómo yo me entere de que me escondes las notas…ese día…”, “El día que me mientas…”
  • Trabaja la confianza en tu hogar, es la base para que tu hijo se sienta seguro sin ser juzgado por los errores que cometa. Con libertad de expresión y educación.
  • Se ejemplo, una vez más borra esa costumbre de “dile que no estoy” cuando alguien llama. Enseña y ayuda a distinguir entre mentir y equivocarse, a diferenciar entre los cuentos y fábulas y la realidad, ya que viven como real algo que es invención. A veces quieres protegerlo y lo engañas. El objetivo es evitar las mentiras, puedes suavizar la contestación o decir que no lo sabes si se trata de una pregunta. Sí, tranquilo los padres no tienen por qué saberlo todo. Es preferible decir “no lo sé”, “lo miro y te lo digo” a que descubra que le has mentido.

A nadie nos gusta que nos mientan, tenlo en cuenta. Así que no prometas lo que no sepas cumplir, aquí la palabra va a misa. No incites a mentir, evita la complicidad para tu beneficio tipo “dile a mamá que se nos escapó el autobús”.

  • Premia la sinceridad, que entienda que estás orgulloso porque ha dicho la verdad aunque lo fácil hubiera sido mentir. Es importante educar en los valores de la sinceridad, la honestidad y la ética, y en saber tolerar la frustración.
  • No confundas un niño creativo, con imaginación y fantasía como que miente y actúes con reprimendas y castigos porque harás desaparecer su creatividad tan necesaria hoy en día.
  • Modo alerta a todo tipo de mentiras. Si unas mentiras se perdonan y otras se castigan, estás reforzando a tu hijo intermitentemente así que seguirá haciéndolo, arriesgándose a que le castigues o a que no. Y según la edad no entenderá porque unas veces te enfadas y otras no.

 

Y SI MIENTE…

  • Unas veces se sabe por el hecho o dicho en si pero otras es por la comunicación no verbal, se pone nervioso, evita la mirada, cambia el ritmo de su parpadeo y la forma del ojo (pupila e iris), eleva el tono de voz, cambia la sonrisa, tiene reacciones desproporcionadas, la postura corporal, las manipulaciones es decir esos movimientos de frotar, rascar, masajear alguna parte del cuerpo como el pelo, la nariz, la oreja… se queda sin palabras etc… Así que es importante que aprendas a conocer y ver a tu hijo de otra forma. No pierdas el norte, seguís en vuestra tarea educativa como padres.
  • Paciencia con firmeza es la clave: dale su tiempo para que sea bajo su decisión decir la verdad, sin presiones y amenazas. No preguntes acusando porque se pondrá a la defensiva. Es de esta manera cuando tomará mayor conciencia de la situación.
  • El que chilles, te enfades, le castigues o le dejes en ridículo delante de los demás no evitará que deje de mentir, sino que le llevará a perfeccionar su técnica para que la próxima vez no lo pilles. Le habrás enseñado a cómo no debe mentir, pero no, a no mentir.
  • Enséñale que mentir es negativo: educar necesita de tu tiempo y tu comprensión. Dile que le entiendes, pero que mentir no arregla las cosas, al contrario las empeora y le hace sentir mal. Así se trabaja el sentimiento de culpa, vergüenza y el miedo a ser descubierto. Incúlcale que es preferible aprender de los errores a intentar engañar a la gente.
  • Escucha sus argumentos, te dará pistas para saber lo que piensa y poderle orientar. A veces es más importante lo que hay detrás que la propia mentira.
  • Cuida tus palabras, en vez de decirle “me estás mintiendo” dile “creo que te confundes”, “eso creo que no es así”, “creo que te estas equivocando”, “piénsalo de nuevo y en un rato me lo cuentas”
  • Por mentir no le quieres menos. Frases tipo “ahora ya no te quiero por mentir”, “si mientes no te querré” no ayudan al equilibrio emocional de tu hijo, al contrario alimentan la inseguridad y falta de autoestima.
  • No olvides que una vez más, el castigo tiene que adaptarse no sólo al hecho de mentir y su frecuencia, sino a la mentira y a la edad. Si es desmesurado se centrará en mentir más para evitar el castigo. Y no entenderás que cuanto mayor es el castigo más miente. No dramatices la situación, es importante educar con equilibro emocional.
  • No le rías una mentira, ni por la mentira en sí, ni por la gracia con que lo haga. La risa es un refuerzo muy poderoso, como los gestos no verbales (guiños, gestos con la mano…). Recuerda que no solo se refuerza con la palabra.
  • No le etiquetes como “mentiroso” porque contribuyes a lo que en psicología se llama la profecía autocumplida y se comportará como tal afianzando y no extinguiendo el acto de mentir. Mucho menos delante de sus amigos, porque  perderá su credibilidad en el grupo de iguales.
  • Cuando comience a narrarte la verdad, asiente y cuida tu expresión facial. Así le animas a continuar y no echar marcha atrás en su propósito. Ahora lo que importa es que venza a la fuerza interior que le lleva a mentir.
  • Felicítale cuando reconozca que ha mentido, dile que eso es ser valiente y que te sientes orgulloso de él. Que valoras sus intentos y que tendrá otra posibilidad para demostrarse a sí mismo que puede no mentir.
  • Analiza cómo le hace sentir mentir y que sepa cómo os hace sentir a vosotros escuchar una mentira. Ayudará a tomar más conciencia.
  • No le hagas prometer que no volverá a mentir.

 

No olvides el dicho ‘más vale prevenir que curar’ y evita que tu hijo te diga “papá, mamá tú también mientes pero yo no puedo castigarte”.

 

Una frase: “Educar a un niño en la veracidad, es educarle para la libertad” Domínguez, 1915).

 

 

Si quieres saber más:

¿Los niños pequeños mienten? Dolores Madrid (Dykinson,2005)

‘Por qué los niños mienten’ Paul Ekman (Paidos Ibérica, 1999)

 

 

 

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Artículos Psicología del Deporte

Nueva temporada, para todos y para todo

Cuando un entrenador finaliza su temporada, hace balance de todo lo que ha ocurrido en su trascurso, de lo bueno y de lo malo. Siempre se dice que al final uno se queda con lo bueno pero si lo que quieres es mejorar, avanzar y crecer tienes que tener presente tus áreas de mejora como entrenador y ponerte a ello ¡YA! Aquí entra en juego:

Tu manera de comunicar y liderazgo; es importante que te evalúes y sientas si conectaste con el grupo de personas con los que compartiste toda una temporada. Si fuiste capaz de motivar y avanzar estableciendo objetivos adecuados a la edad y circunstancias de los chavales. Y si no acabaste la temporada cuales fueron los motivos. Lo fácil es decir porque no se ganaban los partidos o no se cumplían los objetivos del club, pero detrás hay mucho más que sí depende de ti y puedes mejorar.
Si no llegas a los tuyos no podrás avanzar, saber comunicarte es una de las parcelas más importantes de la Inteligencia Emocional en el deporte en general independientemente de la categoría.

Tu capacidad de manejar situaciones adversas; si estuviste a la altura de las circunstancias, porque una temporada da para mucho. Hay niños que sus padres se separan, suspenden varias asignaturas, cambian de comportamiento, no se comprometen, se bloquean, se perdieron varios partidos seguidos y se desanimaron… ¿cómo crees que reaccionaste ante estas situaciones?, ¿te superaron?, ¿las evitaste?… Es importante que te entrenes en estas habilidades, seguramente con ayuda de profesionales de la psicología, porque en todas las temporadas puedes encontrarte con situaciones de este tipo. Hoy en día tu papel de entrenador no se limita al entreno físico, técnico y táctico.

Tu capacidad de adaptación; un año has podido llevar benjamines, otros a cadetes y otros a juveniles… ¿realmente crees que lo que funciona con una categoría funciona con todas? Tienes que ser un entrenador “camaleónico”. Hay que saberse adaptar a ellos, a sus preocupaciones etc… según la edad que tengas sabrás que si has llevado a juveniles hace 15 años no tiene nada que ver con los juveniles hoy en día. Ni mejor ni peor, son distintos, fruto de sus circunstancias y el cambio social que se ha producido.
¡Qué importante aquí ser un entrenador con Inteligencia Emocional! Hay que entrenar la capacidad de conectar emocionalmente con ellos. Cada vez la formación que se te exige es mayor, y si no toca reciclar con nuevas formaciones o lecturas. Sé que no te costará porque te apasiona lo que haces. Sacrificas tu tiempo de ocio personal y en familia, vacaciones para tu pasión, entrenar cada temporada a los chavales en tu deporte favorito, así que te animo a ello.

Tu papel de educador; ¿crees que crecieron como personas y como deportistas gracias a ti? ¿fuiste capaz de sacar lo mejor de cada uno? Recuerda si inculcaste pasión por el deporte como estilo de vida y educaste en valores, necesarios más que nunca, como el esfuerzo, la paciencia, la perseverancia, el respeto, la humildad, la responsabilidad… siendo tú mismo un claro ejemplo de ellos. Porque, aunque a veces piensas que tú estás solo para enseñar un deporte y que para educar ya están sus padres o el colegio recuerda que eres su modelo a seguir, en muchos casos su sueño. A veces te idolatran tanto que tienes sobre ellos más poder de lo que crees y te van a imitar. Seguro que recuerdas a ese entrenador que igual por él, te hiciste entrenador, o a ese que cuando hablas de él dices “me llegó”. Tú como entrenador y el deporte en sí mismo educa. Porque la educación no solo se limita a padres y profesores del colegio o instituto. Todos tenéis esa responsabilidad y el objetivo es ir en la misma dirección. Cuanto más coherente sea el cuadrado con sus cuatros esquinas entrenador, cole, padres y niño o chavales que practican deporte, más equilibrado será su desarrollo en todos los sentidos incluido el emocional. No solo serán mejores deportistas, felices sin presiones innecesarias, disfrutando de lo que hacen, sino mejores personas. No olvidemos que si uno disfruta con lo que hace se compromete más.

Tu relación con los padres; ¡ay madre! Ese primer día de entrenamiento en el que si las miradas hablaran… Tu pensando “a ver que padres me tocan” y ellos “a ver cómo es este entrenador” Te falta tiempo para preguntarle al compañero de la temporada pasada qué padres son los que te van a “amargar la temporada” Mal, ya te estás centrando en lo que no debes, cambia tu interpretación. Piensa que como cualquier padre y madre su hijo es lo más importante y que quieren al mejor entrenador que haya en el club, así que entrénate también para que cada temporada mejores en algo en las diferentes parcelas no solo físicas, técnicas o tácticas… El problema es que hay padres que no tienen estrategias y no saben a veces como tratar los temas y te lo digo por experiencia. EL ataque o las malas formas se convierten en la única forma de defender. Y en mayúsculas digo que HAY PADRES EJEMPLO A SEGUIR pero que no son noticia. Se tiende a destacar los incidentes y se generalizan conductas cuando parte de la realidad es otra. Esto no es justo para el propio chico que lo único que quiere es practicar su deporte favorito, con los suyos, tranquilo disfrutando y avanzando temporada tras temporada pero tampoco es justo para vosotros que en definitiva queréis lo mejor para ellos. Ningún entrenador quiere problemas, ni con los padres ni con los chavales. No olvidéis que el protagonista es el joven que practica deporte y no las actuaciones incorrectas de padres o entrenadores.

Los padres igual preguntarán si eres bueno, y ¿qué es ser bueno? Pues para unos será que les enseñes mucho, que metan muchos goles, canastas o superen tiempos, que no dejes a su hijo en el banquillo, otros valoraran tu trato, tu educación y la que transmites, que sepas comunicarte con los chicos y con ellos, tu seriedad, que valores los esfuerzos, que seas accesible, que no huyas de ellos, que no eches balones fuera, que te responsabilices y seas coherente con tus de tus decisiones, que seas justo, que si pones normas se cumplan pero para todos sin excepciones, que te involucres y conozcas sus notas y sus preocupaciones, que seas un modelo deportivo y de persona en definitiva que dejes huella pero de las buenas.

¡Muchas cosas! dirás ¿verdad? Pues sí, son muchas pero eres afortunado, porque ahora te espera una nueva temporada, con nuevos objetivos como persona, como entrenador, como educador, con ganas de crecer como profesional. Nuevas oportunidades para superarte en todo lo que te propongas, que no lo consiguieras la temporada pasada no significa que en esta no sea posible. Todo es cuestión de esfuerzo y perseverancia. Siempre digo que ningún entrenador comienza la temporada con el propósito de hacerlo mal. Pero como en todo una cosa es la teoría y el deseo y otra la práctica y la realidad.

Así que si algún padre o madre lee estas líneas, pensad que ellos cada temporada trabajan para que se desarrolle lo mejor posible, sobre todo por los chicos así que ponedlo fácil, buscad el momento y las formas para transmitir vuestras dudas o quejas, sed ejemplo de conducta en los entrenamientos y encuentros deportivos.
Te propongo entrenador, lo que los psicólogos “predicamos” en deporte formativo, a veces no con todo el éxito que todos quisiéramos, las reuniones periódicas con los padres de tu equipo, cortas en la que expliques normas, objetivos, compromisos y dificultades y escuches sugerencias que os ayuden a unir posturas y a trabajar unidos en el desarrollo de los chavales.
Alejarlos no es la mejor medida en el deporte formativo de los más pequeños. Como entrenador una asignatura es saber cuándo, dónde hablar para pasar al qué y cómo hablar. Esto también se entrena. Sí, es tiempo y esfuerzo añadido pero si queremos que las cosas funcionen no hay otra. En los colegios se hace y nadie duda del formato. ¿Por qué en el deporte sí? Los tiempos cambian no lo olvidemos y hay que saber adaptarse desde las direcciones deportivas.

Siempre se ha dicho que huir de los problemas no solo no es la solución sino que atrae más problemas, la huida hace de imán.
Entrenador, entrena de tal forma que los chicos deseen que llegue el día del entrenamiento no solo por el deporte en sí o por ver a sus amigos sino también por su entrenador.
Os deseo a todos los entrenadores de todos los deportes, y a sus padres que disfrutéis de ser entrenadores y de ser padres, cada uno en su papel, de chicos y chicas que practican deporte. Gracias a vosotros pueden beneficiarse física y mentalmente de lo que su práctica aporta.
Sentiros todos orgullosos de poder acompañarlos en su camino deportivo, la forma en que lo hagáis puede ser  determinante.
Trabajad unidos para que no abandonen el deporte.
¡Comienza la temporada!

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Artículos Psicología del Deporte

¿ Qué campus es mejor para mi hijo?

Llega final de curso y apresurados los padres tienen que decidir si apuntar a sus hijos a un campus de verano.

Unas veces, si la economía, lo permite para completar esas vacaciones entre padres, abuelos maternos, paternos, otras porque no se tienen a “abuelos niñeros” o  ese pueblo al que acudir en verano como hacíamos muchos cuando éramos niños y es una nueva forma de que los chavales se diviertan de otra forma, descubran nuevos deportes, conozcan a otros niños, se socialicen y en definitiva vivan nuevas experiencias.

Una vez más Mundo Fútbol Base se interesa para que ofrezca alguna pauta o dar a conocer lo que opino en relación a este tema.

Destaco el tener en cuenta las preferencias del menor, porque el niño está en edad de disfrutar. Vivir la experiencia de un campus puede hacer que descubra otros deportes que se le pueden dar bien y no lo sabía. Aprender a decidir en familia fomenta el diálogo y la comunicación.

Y no olvidemos preguntar cada día si se lo ha pasado bien, qué ha aprendido, qué le cuesta más y valorar su esfuerzo día  a día. De este modo evitar a la pregunta ¿qué tal ha ido el campus? La respuesta – Muy bien hemos tenido un partido y hemos ganado.

Hay que trabajar para derivar la atención a otras cuestiones desde niños.

Agradeciendo de antemano el interés aquí os dejo el enlace Pinchar

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Artículos Psicología y Salud

Los límites y la obediencia influyen de forma positiva en el bienestar de los hijos.

Les dejo enlazado el artículo escrito junto a Patricia Ramirez para la Fundación Roger Torné, en Inspira Online Magazine

 

Es la hora, recoge los juguetes, no te has hecho la cama, el baño así no se deja, los platos no salen solos del lavavajillas, deja las cosas como te las encuentras, los zapatos no van al zapatero si tú no los metes… “uffff el día menos pensado me cojo la maleta y no vuelvo”.

Si tienes hijos te resultarán familiares estas frases y si no puede que las hayas escuchado en tu infancia o adolescencia.

La convivencia entre personas no es fácil y por ser padres e hijos no  tiene que surgir de forma natural. Una de las responsabilidades que tenéis  como padres es la disciplina relacionada con las tareas en casa. Se trata de que entiendan los beneficios de colaborar sobre todo en la adolescencia, moldear acciones desde pequeños y que el incumplimiento tiene consecuencias, independientemente de la edad. Así que vuestro objetivo es que desde pequeños fomentéis unos hábitos que ayuden a:

  1. Favorecer la convivencia entre los miembros de la familia.
  2. Educar en los límites con cariño, porque los límites ofrecen seguridad a tus hijos, y fomentan la autonomía.
  3. Tener una mayor organización en vuestro día a día que permitirá una mayor gestión del tiempo y disfrutar de otras actividades.
  4. Educar en valores como la responsabilidad, el respeto, el sacrificio, válidos y necesarios dentro y fuera de casa. Valores que pondrán en práctica cuando vayan al parque a jugar con otros niños estén en el colegio.
  5. Aprender en el seno familiar qué es la empatía, es decir, ponerse en el lugar de la otra persona, y la asertividad, comunicar sin dañar fomentando de este modo la Inteligencia Emocional.
  6. Ofrecerles un modelo de comportamiento, una habilidad para responder de los actos que uno realiza, conociendo que existen unas reglas en la convivencia.

 

Pasos a seguir para fomentar la disciplina en casa:

 

  1. Alíate, dialoga con tu pareja antes de proponer una actuación. Recordar siempre que la unión hace la fuerza. Si no estáis unidos y firmes en el objetivo, vuestro hijo acudirá al más permisivo de los dos hasta que ceda uno.
  2. Detecta la conducta más importante que queráis modificar. No es cuestión de recuperar de golpe el tiempo perdido y sobrecargaros de cambios. Es mejor el efecto dominó, unos llevan a otros.
  3. Ofrece margen de maniobra. No todo tiene que ser YA. Ten presente siempre que la paciencia tiene que estar contigo. Las cosas no se harán siempre como las haces tú, ni en el tiempo que tú quieres. ¡Están aprendiendo! Recuérdaselo a tu pareja.
  4. Piensa y adapta a la edad de tus hijos lo que pretendes que hagan.

A cualquier edad pueden llevar la ropa al cesto de la ropa pero no tenderla. Eso sí, fomenta el trabajo en equipo entre hermanos y en la igualdad. ¡Nada de tareas de chicas y de chicos! El pequeño saca la ropa y da las pinzas para que el mayor tienda. Adapta también las tareas a sus características, iniciándoles en las más llevaderas. Así se favorece la colaboración y ya llegará el momento de aprender las tareas menos agradables. Pon sobre la mesa diferentes tareas como sacar al perro, o rellenar su bebedero y comedero, regar las macetas, poner y quitar la mesa, sacar la basura, hacer la cama…y entre hermanos también pueden pactarlo, así educas en la resolución de posibles conflictos.

  1. Reconoce y valora los intentos de tus hijos: Si se cae una prenda y se ensucia de nuevo o hay que bajar al vecino puedes hacerlo con él la primera vez. No te alarmes, es cuestión de que la lavadora vuelva a limpiar. Diles que no pasa nada y que lo importante es intentar las cosas. Y así llegará un día que lo hagan bien. Si de repente entras en cólera y empiezas a reñir y a decir que es preferible que lo hagas tú porque ganas tiempo… tiras por tierra la oportunidad de que aprendan.
  2. Tienes que aprender a transmitir las normas, se claro para que tu hijo entienda lo que le pides y cómo tiene que hacerlo. Buscar el momento y las palabras adecuadas es tener media “batalla” ganada. Ser asertivo implica hablar sin herir. No se puede implantar una norma en medio de una discusión o como consecuencia del incumplimiento de otra, o interrumpir un juego. Recuerda que  hablar con firmeza no es chillar.

Asegúrate de que habláis en el mismo idioma, la “habitación recogida” para vosotros tiene un significado y para los hijos otro. Hay que ajustar posturas y definir qué supone tener el cuarto recogido, que significa portarse bien, que es ayudar en casa, que implica ser responsable.

  1. Saber cuándo se pueden razonar, pactar y decidir las normas. Hay normas negociables y normas que no se negocian, y hay que educar en ello desde pequeños.

Las negociables dan sensación de control a los hijos, generan un mayor compromiso  y fomentan su cumplimiento porque han colaborado en su diseño.

No tengas miedo al “conflicto”: es necesario y os permite crecer como familia y como persona. Aprender a negociar es una de las asignaturas en familia que más enriquecen.

  1. Elogiar cada buena actuación de diferentes formas y en el momento. No olvides deben tomar conciencia de las ventajas que ha supuesto su colaboración. Un “gracias hijo”, un guiño, un “gracias a que tú has hecho esto ahora podemos irnos en bici”, “al haber organizado el armario caben estos juguetes”. Elogiar sinceramente, con cariño llega al corazón, fomenta el autoconcepto, el sentirse capaz y los niños sienten que sus padres valoran lo que hacen. A través del refuerzo transmites un valor muy importante en la vida, el agradecimiento. Y eso lo copian.
  2. Predicar con el ejemplo, lo que esperes de tus hijos, hazlo tú primero. Implicarse y esforzarse no depende del estado de ánimo. Tú tienes que ser el que inicie, proponga, se implique, para que ellos copien lo que vean. No se les puede pedir que ordenen si tú no tienes ordenadas tus cosas.
  3. En caso de incumplimiento pregunta antes qué le ocurrió para no cumplir con lo que se pactó y no te adelantes con suposiciones. Para evitar olvidos tras la organización semanal y los acuerdos, es recomendable elaborar un cuadro en el que quede plasmado qué hace cada miembro de la familia.
  4. No castigues en un momento de enfado. Seguramente será desmesurado, te arrepentirás, y levantarás el castigo. Ni tampoco le digas que ya verás a ver qué medida tomas y luego dejes de hacerlo.

 

 

No ayudan:

 

  1. Los sermones, que lo único que motivan es a desconectar.
  2. Los insultos, que minan la autoestima y los promueven en su grupo de iguales.

3.”La ley del hielo”, es decir dejarles de hablar. Fomenta la distancia por falta de comunicación y los sentimientos de culpa.

  1. Castigos físicos, que fomentan la agresividad y sentimientos de venganza. Se les educa en un modelo de resolución de problemas basado en la agresividad.
  2. Sanciones desmesuradas que fomentan la rabia y la baja motivación al cambio.
  3. Perder la calma o transmitir sentimientos de venganza: “te acordarás de esta…”
  4. Ridiculizarlo delante de sus amigos, vecinos y familiares: “Hay que hacerle la cama como a los niños pequeños…”
  5. Compararlo con conductas positivas de sus hermanos. “Se te podía pegar algo de tú hermano”.
  6. Amenazarle, porque se sabe que son pocas las amenazas que se cumplen. “A este paso olvídate de tú regalo de comunión”, “te quedarás sin salir dos meses como sigas así”.
  7. Premios materiales, porque no ayudan a interiorizar el por qué tiene la responsabilidad de hacerlo, solo lo hacen por conseguir ese juguete, esa propina…

 

 

Esperamos que esta lectura os ayude en vuestra labor de padres y sobre todo a disfrutar de los hijos.

 

 

 

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El deporte está por encima de razas y religiones

Os dejo mi artículo para Mundo Fútbol Base en el que se tratan aspectos y valores tan importantes en el deporte como el respeto a la diversidad, la tolerancia, la igualdad en el deporte y la convivencia, que hay que inculcar a los más pequeños.

Pincha aquí

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Yo era el capitán de mi equipo

En un equipo todos juegan un papel importante y decisivo que determina el trascurso de la temporada. Pero si hay una figura relevante es el capitán del equipo. Supone ser el alma, ser el líder. Ser capitán exige a nivel psicológico y emocional unas cualidades que no todos los jugadores de un equipo tienen. Puede ser el jugador más veterano, el líder nato o el más relevante deportivamente pero es el “elegido”. Lo que conlleva una gran responsabilidad.
Es un papel que todo capitán vive y siente con orgullo que recordará siempre.
Ser capitán nunca pasa desapercibido en la vida de un deportista.
Para ser un buen capitán:
1. Tienes que ser el ejemplo a seguir, el referente en conducta y actitud: No puedes fomentar en el resto lo que tú no cumples.
Sé puntual en los entrenamientos y encuentros. Entrena al máximo y atiende al entrenador en sus explicaciones. Comunica si no asistes a un entrenamiento. Las críticas a tus compañeros siempre constructivas y a la cara. Sé responsable con el material y las instalaciones del club. Da ejemplo de vida sana.
2. Tienes que ser la máquina de generar valores en tu equipo: Fomenta el respeto, la comunicación, la actitud, el esfuerzo como única forma de ganar tus retos, la valentía, saber sobreponerse ante la adversidad, el juego limpio, el espíritu de lucha y sacrificio…
De esta forma dejarás huella imborrable en tus compañeros.
3. Diriges el timón del barco: tus habilidades de comunicación son fundamentales. Comunícate durante el juego, corrige las posiciones de tus compañeros fomentando la atención en su juego individual para ayudar al juego colectivo.
4. Conoce a tus compañeros como personas: como deportistas ya los conoces: Esto te permitirá explorar su lado “psicológico”. Sabrás como hablar, motivar, entender ciertas situaciones reacciones e incluso adelantarte a ellas, apoyar y buscar soluciones junto al entrenador. Fomenta el tú a tú.
5. Educación y respeto son las únicas armas para hablar con el árbitro: evitas que el resto de compañeros se enzarcen en discusiones que suelen acabar en tarjeta. Estas actuaciones no benefician al trascurso del encuentro.
6. Transmite calma y firmeza ante una discusión entre jugadores: Demostrar control es lo que necesitan tus compañeros. Aquí más que nunca haz uso de tu Inteligencia Emocional. No permitas que se produzcan hechos de los que el equipo se va a arrepentir. Las expulsiones dejan en desventaja a los equipos.
7. Tu atención está dividida entre el campo y el entrenador: Transmite las directrices al jugador que corresponda. En estos momentos eres el puente entre vuestro entrenador y el resto del equipo.
8. Observa y analiza a tu equipo: con “gafas” objetivas, tu visión será importante para el análisis posterior del juego y así subsanar errores o reforzar buenas actuaciones.
9. Motiva y tira del carro: ante la duda, la desesperación o los fallos de tus compañeros. Alienta al que falla un tiro, al que pierde el balón, al que da un mal pase. No permitas recriminaciones entre compañeros. Mantén vivo al equipo que no bajen la guardia. No lo olvides, eres la gasolina en tu equipo.
10. Entrenador y capitán unidos en los buenos y malos momentos: Si no compartes alguna decisión nunca discutas delante de tus compañeros, los incitas a que se posicionen. Busca el momento y lugar, fomenta el diálogo y llegareis a un acuerdo porque no olvides que compartes objetivos, metas, retos y eso está por encima de un malentendido o una decisión incorrecta. Nunca lo olvides, “hablando se entiende la gente” y en el deporte también.
Disfruta y trabaja para sentirte orgulloso de ser el capitán de tu equipo.

Web publicado:

Fúbol en positivo

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Una figura fundamental: el árbitro

Os dejo mi colaboración en el artículo, Una figura fundamental: el árbitro  de Mundo Fútbol Base

Con diferentes profesionales entre ellos el Sindicato de árbitros, analizamos la importancia del papel educativo en el deporte de una figura tan necesaria como controvertida, el árbitro.

Agradezco también a Carlos Clos Gómez árbitro de Primera División, que me facilitara su opinión.

En el artículo Mundo Fútbol Base incorpora el enlace de mis 10 consejos para el árbitro de fútbol base.

 

10 pautas para ser un buen árbitro y formar a los jugadores: 

  1. No limites todo al conocimiento y aplicación del reglamento con el silbato. Entrénate y fórmate  en aspectos físicos, tácticos, técnicos. Trabajar tu auto-confianza te ayudará a actuar con decisión y rapidez. Todo contribuye a que actúes con seguridad y a ser justo.
  2. Fórmate en aspectos psicológicos y desarrolla tu inteligencia emocional. Te alejará de lo que los jugadores y el público llaman “actitudes desafiantes”. Evitarás hablar con tono y palabras amenazantes de las que puedas arrepentirte.
  3. Entrena  la comunicación no verbal,  jugará a tu favor. Aprende a controlar tus gestos y posturas, evitará que “se calienten”. El autocontrol es fundamental en este deporte.
  4. Aprovecha interrupciones para educar a los jóvenes jugadores y entrenadores en las normas y reglas del juego, y evitar el autoritarismo que no la autoridad.
  5. Aprende a gestionar los conflictos, la mayoría vienen por el intento de transgredir las normas, agresiones verbales y físicas  e intentar hacer trampas.
  6. Fomenta el buen ambiente, el disfrute de la práctica deportiva porque no está reñido con la competición.
  7. Trabaja la comunicación y el buen trabajo en equipo con el resto de compañeros.
  8. Muéstrate cercano, que los niños no te teman, primero  eres persona. Desde su primer encuentro ya contribuyes a la futura imagen del “árbitro”.
  9. Tú también puedes transmitir la pasión por el deporte que arbitras, y que no sientan los jugadores, entrenadores, público que estás al margen.
  10. Analiza, reflexiona y aprende de cada encuentro, con lo que has vivido y te han transmitido jugadores, entrenadores y compañeros. Cada partido tiene que servirte para aprender y avanzar. Y si tiene que haber fallos que sean nuevos.

niño y entrenador

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